Las tretas de la justicia

30-12-06: Penúltimo día del 2006. Hoy ahorcaron a Saddam Hussein. Las infaltables imágenes de la televisión exhiben el momento en que los verdugos le colocan la soga al cuello. Saddam se rehusó a que le vendaran los ojos y no mostró ninguna señal de inquietud, ni de miedo. Mejor dicho: accedió al “patíbulo” religiosa y serenamente. Sin disculpar a Saddam de los crímenes que cometió, está claro que el juicio que se le hizo fue una farsa, pero a la insensible sociedad del espectáculo eso ni le va ni le viene. Esa sociedad se deleita con las imágenes del ahorcado que difunden sus televisoras. ¡Cómo se divertirían si Saddam hubiera dado una pequeña muestra de miedo o de debilidad!
Ignorar la injusticia que significó el proceso que condenó a muerte a Saddam es responder al mismo mecanismo que lleva a buena parte de la opinión pública a justificar la espantosa y descarada invasión a Irak, por parte de los mismos criminales que armaron hace años a Saddam Hussein. En esa ocasión les era útil para sus intereses.
Saddam Hussein debió ser juzgado por un tribunal internacional (sus delitos fueron internacionales, de lesa humanidad, que dicen) y no por una magistratura títere del gobierno norteamericano, carente por completo de sentido de justicia y absolutamente parcializada. El fascismo no avanza. Repite sus procedimientos de siempre, sus tretas circenses o esas simulaciones de “democracia” que aplauden los idiotas.
Así que termina el año con un acto que revela una vez más la podredumbre de la guerra y sus coletazos y algo peor: la inmoralidad irritante de los medios de comunicación que maneja el capitalismo. Repito: el capitalismo. ¿Se puede decir así? Dispénsenme la insolencia de esta pregunta retórica.










