Saturday, April 15, 2006

Nunca adiós al rey Acosta Bello


Hace pocos días se cumplieron 10 años de la muerte de Arnaldo Acosta Bello. Recuerdo que murió al final de una semana santa. Murió un sábado, para ser exacto. Yo lo había visto en la mañana frente al quiosko de Leo, en el centro comercial Río Lama. Arnaldo estaba dentro de su pequeño vehículo leyendo el periódico. Sé que minutos más tarde se iría para Terepaima donde participaba en una toma ecológica de unos terrenos. Alli, precisamente, moriría esa tarde. Era el 6 de abril de 1996.

Hace poco le comenté a Andrés Mejías la posibilidad de publicar en Monte Avila una antología de Arnaldo. Es cuestión de hablarlo con su hijo Federico. Que yo sepa, Arnaldo dejó dos libros inéditos (El hombre de arena y Santa Palabra) que podrían publicarse antes de la antología o incluirse en ella. No sé. Me gustaría saber la opinión de Rafael Cadenas. La obra de Arnaldo merece ser divulgada, revisitada y gustada de nuevo. El libro que Julio Miranda escribió sobre ella es una estupenda valoración de su calidad y de su temple. El pasado 6 no me acordé del aniversario de su muerte, pero sí lo recordé a él. Fue durante mi clase de El Valor de Educar. Mostraba el mapa del Estado Guárico y señalé a Camaguán. De inmediato dije que allí había nacido mi inolvidable amigo el poeta Arnaldo Acosta Bello.

Reviso viejos papeles y encuentro el artículo que escribí poco después de su muerte. En realidad, doy más bien con el texto que leí en Caracas en la librería de Monte Avila, con motivo del homenaje que le hizo el CONAC y de la presentación de Adiós al Rey. Claro, ese texto no es otra cosa que la reproducción del artículo que publiqué en El Impulso pocas horas después de la muerte de Arnaldo. Copio lo que leí en Caracas:

“Para quienes estuvimos cerca de Arnaldo Acosta Bello, es difícil, a escasos dos meses de su muerte, emprender una aproximación crítica a su obra o intentar un análisis más o menos académico acerca de la presencia de esa obra en la literatura venezolana. Tiempo habrá para que personas mejor dotadas que uno realicen esa necesaria lectura y le descubran al país la existencia de un tesoro con las pistas indispensables que ya nos deparó el excelente libro que Julio Miranda le dedicara a la poesía de Arnaldo Acosta Bello, mucho antes de su muerte, vale decir, cuando aún predominaba una injusta desatención a los trabajos de Arnaldo. Prefiero quedarme esta noche en la emoción y no se me ocurre para ello algo mejor que leerles el texto que escribí a las pocas horas de la muerte del amigo. Leo:

`Esta mañana recordé unos versos de Arnaldo que leí con verdadero deleite en el número dos de la revista Papeles. Fue en 1967. Un conjunto de poemas que luego integraría su libro Fuera del paraíso, sedujo de inmediato mi interés. Poco después me enteré de que no era yo el único lector entusiasta de esos poemas. Nada menos que Julio Cortázar proclamaría en carta dirigida a Ludovico Silva, que le habían gustado los mismos textos de Acosta Bello. Y no era para menos. El verso cargado de sensualidad, el brillo de las imágenes, cierto tono coloquial, un desenfado elegante, acaso un hermetismo que retaba nuestra curiosidad, algún misterio entrevisto en la primera lectura y no revelado en ninguna posterior, todo eso, me hizo repetir durante meses estos versos que, como dije, volví a recordar esta mañana frente al cuerpo de Arnaldo Acosta Bello en una funeraria de Barquisimeto:

Quien me hizo pez

hizo también el océano

y el cielo que me duplica.

Ambiguo y triste

a quién le importo si me aparto de los demás?

(...)

Arriba se cocina, se lee un libro,

pero abajo se ama y hay espacio para el gesto,

caminamos con un cuchillo a la cintura

nadie nos mira

y no pueden ver esta jalea tinta de besos

estos mordiscos feroces

y a ti dormida en mi pecho

silenciosa y siniestra como un barco encallado.

Desde esa lectura de Papeles busqué los libros del poeta. Así, logré obtener el inhallable Hechos, emblemático libro de los años sesenta, editado por el grupo Tabla Redonda, con ilustraciones de Ligia Olivieri. También di con el olvidado (por el autor, entre otros) Canto Elemental, correspondiente a su etapa de exilio mexicano en los cincuenta. Esperé con ansiedad Fuera del paraíso, finalmente aparecido en 1970 y lo convertí en mi compañero de viaje. Libro tras libro, fui haciéndome su amigo lejano, hasta que en 1980, en Mérida, tuve la suerte de conocerlo personalmente. Se inició entonces una amistad que agradezco como pocas, estrechada en los últimos años por su residencia en esta ciudad que, por cierto, ya le estaba resultando menos hostil, por haber encontrado recientemente un bello lugar para quedarse, más arriba de Las Cuibas, justo en el sitio donde ayer se paró su corazón.

No sé qué decir en estas ocasiones. Pienso que uno puede ser fácil presa de una retórica al uso, que con seguridad Arnaldo Acosta Bello no merece. No se avenían con él ciertos patetismos a los cuales solemos entregarnos cuando se trata de hablar de un amigo que ha muerto de improviso. Era poco dado a las candilejas. Prefería el bajo perfil, la buena sombra y el discurrir íntimo de una conversación con un amigo o la charla con algún desconocido en el mercado acerca de las previsibles excelencias de un róbalo que pensaba preparar para el almuerzo. Era un apasionado de los sentidos. Su obra literaria así lo revela. Allí es donde debemos comenzar a constatarlo y, por supuesto, a descubrirle sus tesoros, mediante sedientas relecturas o lecturas primeras que sus libros esperan todavía. Porque todo hay que decirlo: Arnaldo, uno de los más prolíficos de su generación, es también uno de los menos leídos. Acercarse a su libro de memorias La confusión del Rey Esmeralda será asistir con él a la estupenda recreación de una experiencia donde se dio por entero, con su espíritu de hombre libre, su talante sin dogmas y su pasión auténtica por la vida y por literatura.

Su afán de no protagonizar la habitual rutina de la actividad de un escritor (conferencias, lecturas, bautizos de libros, etc.) muy pronto iba a ser interrumpido. Había aceptado la proposición de la Dirección de Literatura del Conac de presentar su libro Adiós al Rey en algunas ciudades del país. También preparaba su primera conferencia. Se trataba de unas reflexiones sobre la soledad del hombre, a partir de la obra de Albert Camus. Para ello hacía lecturas y anotaciones.

Arnaldo Acosta Bello, como escritor que muere luchando por el poema de siempre, deja, desde luego, importante obra inédita. Dentro de ella, un libro de poemas titulado Santa Palabra, quizá sea su verdadero testamento literario. Porque me confió los originales, algunos para su publicación en una revista, me permito leerles este poema que no es otra cosa que una despedida:

SE LO QUE DIGO

El que no me ha ayudado a vivir

Tampoco me ayudará a morir.

No hay que prolongar este adiós.

Estoy cerca, iré a encontrar

Lo desconocido, pero desde antes, desde que este viaje

Comenzó, he recibido mensajes. Cada estación

Del Planeta, cada paisaje, cada camino

Y recodo los he recorrido no sé cuántas veces.

¿Podría extraviarme conociendo la ruta

Y reinsertarme en el tiempo como un borracho

En su desvarío?

¿Será la amapola la única flor

y el pentotal la única puerta detrás de la cual

se halla el Paraíso? ¡Paraíso! Hoy estuve tan cerca,

casi me dio en la cara esa rama de donde el viento

arrancó mis pestañas y aunque los ojos están

en su puesto, evito la existencia, evito mirar

hacia atrás, no sé, hay algo que no cuadra,

algo que es la abyección de lo que amaba

y no me sostiene, no puedo pisar.

Sé lo que digo, pero no digo lo que sé,

Debo llevarme algo y es eso precisamente

Lo que debo llevar

(A Manuel Caballero, a Freddy Castillo Castellanos)

Poco antes de que el cuerpo de Arnaldo Acosta Bello se alejara de Barquisimeto con rumbo definitivo hacia Caracas, un amigo suyo, Jesús Enrique Barrios, recordó unos versos de Vicente Aleixandre: `Con dignidad murió. Su sombra cruza`. Seamos dignos de esa dignidad. Seamos dignos de esa sombra que hoy nos cruza”.

Caracas, 12 de junio de 1996

Friday, April 14, 2006

Un soneto de Picón Salas

Rothko

14-04-06: Viernes Santo. Todavía no son las ocho de la mañana. Persiste la llovizna sobre la ciudad. Releo páginas de la biografía de Picón Salas escrita por Consalvi. ¡Qué feroces los católicos de entonces! Le hicieron imposible la vida a Picón Salas en la Caracas del año 36. Fanáticos, desde las páginas de La Religión (“amable y franciscano”, llamó con ironía el ensayista al diario católico) los curas franquistas la emprendieron contra la política educativa que proponía Picón Salas. Así, se enfrentaron groseramente a la calificada misión chilena que, traída por el merideño, daría nacimiento al Pedagógico. Fue tanto el encono contra ellos que los cultos chilenos llegaron a preguntarse: “¿Pero es ésta la patria de Andrés Bello?”. Entre los miembros de esa misión estaba el poeta Humberto Díaz Casanueva, quien pocos meses después habría de sentir en Europa la genuina solidaridad de su amigo Mariano Picón Salas, enviado como encargado de negocios a Checoslovaquia, después de que la campaña de los caníbales ensotanados hiciera su efecto en el gobierno. Pero la insidia católica no cesó y de ese cargo diplomático el escritor sería destituido al poco tiempo, no quedándole otro camino que regresar al generoso Chile...

Pasan las páginas (y los años) y ahora me topo de nuevo con uno de los Tres sonetos del desengaño, de Picón Salas. Lo copio:

“Señora Muerte, ya a su cita acudo./ Caballero formal, pago promesa/ y lanzo con alegre ligereza/ en la apuesta final mi último escudo.// ¿Por qué, si convidado de su mesa/ me ofrece Su Merced, trato tan rudo/ un pan de piedra en la vecina huesa,/ para el largo dormir, lecho desnudo?// Lánguida hiedra o ácida retama/ aquí la nada empieza y voy con ella,/ roto muñón o desgarrada rama.// Hundo en arena la cansada huella/ ingrávido en la lengua de la llama/ volar quisiera a la lejana estrella”.





"Cada 14 de abril se le derraman dos lágrimas" (Serrat)


María Zambrano

A diferencia de la "muchacha típica" de Serrat, a la que cada 14 de abril se le derramaban dos lágrimas, María Zambrano siguió celebrando la primavera republicana. Hoy recuerdo nuevamente su bellísimo artículo sobre "aquel 14 de abril". Lo copio:

¡Salud y República!

Aquel 14 de abril

MARÍA ZAMBRANO

Fue tan hermoso como inesperado: salió el día en estado naciente; es decir, nació. Solamente por eso, aunque hubiera nacido otra cosa –hermosa, se entiende–, también ella tendría un inmenso valor.

En el himno de Homero, Afrodita se hace merecedora de ese mismo epíteto: “La Naciente”. Así es llamada. Y de Afrodita fue aquel día, un día naciente, donde todo nació: hasta el día, hasta las nubes, hasta la gente.

Pasaban guardias civiles llevados a hombros por el pueblo, por las gentes del pueblo de Madrid, y ellos eran felices. Los rateros se declararon en huelga; no hubo un solo hurto, por pequeño que fuera. Las personas entraban en los bares, donde pedían y pagaban; nadie intentó tomarse ni siquiera un café sin pagar. Las joyerías estaban intactas, con sus alhajas resplandecientes; nadie pensó en romper los cristales, nadie pensó en romper nada.

Creo yo que era la claridad del día. Pero si esa claridad del día se dio precisamente el 14 de abril, y si lo que nació de ese día naciente fue la República, no puede ser por azar. Fue, pues, un nacimiento y no una proclamación . Y de ese día naciente recuerdo en especial un episodio.

Las gentes sólo pensábamos –es muy cursi, lo sé, pero es verdad– en amarnos, en abrazarnos sin conocernos. Llorábamos de alegría, unos y otros, en la Puerta del Sol. Yo estaba allí cuando llegó Miguel Maura, cuando entró en el Ministerio de Gobernación. El edificio se había ido llenando de gentes, como convocadas por una especie de corona de nubes que se había ido formando en el cielo.

Era una hermosísima corona, tan hermosa que, una vez vista y contemplada, hace imposible aceptar ninguna otra corona. Se hizo sola, con esas nubes de abril que son un poco hinchadas, pero contenidamente; un poco rosadas, pero contenidamente.

Era algo tenue e indeleble a la par, algo inolvidable siendo tan leve, tan sostenido que no se sabe qué esfera celeste tenía que ser, y, de no ser celeste, lo más cerca que en este planeta puede haber de celeste.

Florecieron las banderas republicanas, florecieron no se sabía desde qué campo de amapolas o de tomillo. Hasta había perfume a campo, a campo de España. Y, entonces, todo fue muy sencillo: Miguel Maura avanzó con la bandera republicana en los brazos. La llevaba tiernamente, como se lleva un depósito sagrado, un ser querido. La desplegó y dijo simplemente: “Queda proclamada la República”. Fue un momento de puro éxtasis.

Unas horas más tarde, no muchas, mi hermana Araceli, junto con su marido, con mi padre y conmigo, fuimos a Telégrafos. Entraron los hombres para poner algunos telegramas, y nos quedamos mi hermana y yo, solas, en la plaza donde no había nadie, debajo, por azar, de un reverbero blanco de luz, de una blancura incandescente, de una blancura que yo nunca más he vuelto a ver.

Llegó un grupo de hombres, de indígenas, de gente de aquí, salida, como salía todo en aquel momento, de una tierra feliz, de una tierra que estuviese comenzando a salir de la maldición bíblica, si es que de verdad nos han dicho aquello de “parirás con dolor”. Parecía que ya la tierra no tendría que parir nunca más con dolor, sino con gloria, y que todo sería amor, unión entre el cielo y la tierra. Y llegaron aquellos hombres pequeñitos, españoles, indígenas. Vinieron hacia nosotras, hacia mi hermana y hacia mí, con esa timidez que tienen todos los seres que nacen como es debido y, al mismo tiempo, llenos de confianza.

Éramos señoritas. Íbamos vestidas de señoritas. Mi hermana todavía podía pasar, pues llevaba un abrigo rojo, que ella no se encargó para la ocasión. Pero yo iba de azul celeste, color nada revolucionario. Y se acercaron casi como de puntillas, y, mirándonos, nos dijeron: “¡Viva la República!” Y nosotras, con alegría, y dándoles más espacio de cordialidad y de entendimiento, contestamos. Entonces volvieron a decirlo cada vez con mayor júbilo, al ver que nosotras participábamos y nos uníamos a ellos a pesar, creo yo que pensarían, de ser dos señoritas.

Uno de aquellos hombres, que llevaba una camisa blanca, se destacó. Sería por azar, pero estaba colocado debajo del reverbero blanco; así que la blancura de su camisa era ultraterrena y, al mismo tiempo, terrestre, porque todo era así, nada era abstracto, nada era irreal, todo era concreto, real, vivo, la mismísima realidad, la felicidad.

Artículo publicado en “Diario 16” el 14 de abril de 1985, unos meses después de su regreso definitivo del exilio

Thursday, April 13, 2006

¡Que no nos cierren el Británico!


Bar Británico

El Parque Lezama y sus fantasmas, la calle Brasil y los suyos, San Telmo completo y todos los lectores de Ernesto Sábato hemos salido en su defensa.

Martín y María Antonia quieren seguir bebiendo submarinos en sus antiguas mesas.

No hay derecho a que nos priven de los mitos.

Nos vemos esta tarde en la mesa que está frente a la B.

Wednesday, April 12, 2006

Vistos por Lavista


Paz y Borges. Paulina Lavista

Estaban en México. No sé si Paulina Lavista ya había retratado a Borges en Teotihuacan. Tal vez. Dicen que Borges estaba de muy buen humor por esos días. La foto de Teotihuacan es insuperable, pero ésta me gusta mucho por la mano de Paz que habla, que recita y que le dice a Borges a qué sabe la chía. Me gusta también por la presencia oracular del ciego y porque están los dos: el álgebra y el fuego, el arco y la lira.

Sunday, April 09, 2006

Anotaciones para la comprensión de Venezuela


Mariano Picón Salas

Una referencia de Carrera Damas me impone la búsqueda del “Mariño” de Caracciolo. Una página de Consalvi me lleva a otra de Augusto Mijares sobre los gendarmes. Una frase de Mijares me conduce a Antonio Arráiz. Y una de éste a Enrique Bernardo Núñez. Paso de los ensayos a la narrativa y de ésta a la poesía. Así, de Armas Alfonzo voy a Ramón Palomares y la poesía termina llevándome al mágico lugar de los geógrafos donde encuentro un mapa iluminado por Marco Aurelio Vila. Y ahí me detengo por ahora...

...y hago anotaciones desde Lara, desde el soberbio soneto de Luis Beltrán Guerrero (Por suave loma y calva serranía/ implorando bautismos celestiales:/ Crisma de brisas, yodo, hielo y sales:/ copa de espinas, bastos de agonía.// Madera la cruz, cirio del día/ velando los occiduos funerales,/ sebastián de los santos vegetales/ cuyo martirio mismo es alegría.// Nunca fuera tu amor decepcionado/ porque así la conoces y la quieres:/ pobre, dura y reseca, allí plantado;// ni el dolor del cilicio exasperado,/ al hombro las saetas, y no hieres,/ cardo benigno del terrón soleado”; desde el río Morere, que se seca, si el verano es dilatado, según dijo Oviedo y Baños y repitió Luis Alberto Crespo en su inolvidable primer libro.

Desde el Turbio de Lope de Aguirre, y bajo los cielos de Guachirongo que son ahora los cielos de José Luis Ochoa, escribo.

Escribo desde El Tocuyo, desde el siglo XVI y desde algún verso de Alcides Losada grabado en la ciudad de piedra. Y la palabra de Alcides me lleva al Valle de las Damas y me topo allí con la poesía de José Parra y con alguna descripción de Federman.

Entre los dioses vegetales del Yaracuy leo a Jiménez Sierra cuyos versos había traído en mi mapire de la Casa de las Letras desde Atarigua, la sumergida.

Escribo ahora desde la geografía espiritual de Felipe Massiani.

Escribo desde la geografía trashumante de la copla popular: “Yaracuy es tierra buena/ pero no para vivir./ Barquisimeto y Carora, para dentrar y salir”.

Escribo desde Puerto Cabello, pero antes lo había hecho desde El Cambur, pueblo de mujeres de vida alegre que gravitan espectrales en unos versos memorables de Alejandro Oliveros (“Al puerto se llega, por tierra, desde/ Valencia, después de hacer pie en El Cambur,/ sitio de mujeres de vida alegre,/ y en El Palito, donde el océano rompe/ contra una negra piedra que, se dice,/ viene a ser morada de monstruos”.

Cuando escribo desde Puerto Cabello lo hago al pie de una página del Cumboto de Díaz Sánchez. Una pareja de cantantes españoles y su hija me saludan en el Hotel Cumboto.

Escribo después desde Valera, desde mi Valera remota de los sesenta. Estoy frente al hotel Haak. Veo una montaña. Balbino abre la puerta de la camioneta. Sigo viendo la montaña pero no tengo ni idea de que estoy viviendo un poema y haciendo de Valera una imagen imborrable.

Escribo interminablemente desde Cumaná. ¡Ay Cumaná quién te viera!. Te veo en la poesía de tus grandes, en la de Ramos Sucre y en la de Andrés Eloy. Te veo ver a Armando Zuloaga Blanco cayendo en tu calle larga. Te veo en los recuerdos de Arnaldo Acosta Bello, en las fabulaciones perdurables de Benito Yrady y en la narrativa universal del oriente que nos legó Alfredo Armas Alfonzo, fundador indiscutido del Unare.

Escribo desde Angostura. Desde las letras de Guillermo Sucre y de Luis García Morales, mientras los pájaros de Sanoja Hernández cantan febriles por toda la selva de Canaima.

Escribo desde Caracas. Son las siete de la mañana. Estoy en el apartamento de Luisana, en los Palos Grandes. Me asomo al balcón y desde un verso de Aquiles Nazoa digo: “Buenos días, señor Avila, ¿leyó la prensa ya?”.

(...)

Sunday, March 26, 2006

A la biblioteca la llaman universo

¿Por qué esta manía de convertirlo todo en literatura? ¿Por qué todo lo asocio con algún libro? ¿Por qué no hay topónimo que no me traslade a algún verso o a alguna página o a algún personaje o a algún autor? ¿Por qué este modo de andar por el mundo como si explorara siempre una biblioteca infinita?

Esta tarde Cuchi me dijo en un mensaje de teléfono que estaba almorzando en la laguna de Uchire y yo le respondí de inmediato: “Armas Alfonzo”.

Qué le voy a hacer. Así me tocó.

Habito impunemente en la región más literaria del aire.

Y valga el intertexto.

Thursday, March 16, 2006

Ayala centenario


Francisco Ayala

El escritor cuenta hasta cien, apaga las velas y sigue contando.

Lúcido y amable en la Real Academia, Ayala persiste.

Sunday, March 12, 2006

Jorge Eduardo Eielson


Jorge Eduardo Eielson (1924-2006)

Busco los poemas sobre el cuerpo que Eielson reunió en un libro inolvidable. Quiero leerle uno a mis alumnos para ilustrar unas clases donde el cuerpo y la melancolía se han ido enlazando lenta y misteriosamente. Encuentro en el libro del peruano varios ejemplos, impecables, apropiados. Mientros los copio, una puerta se abre sin fin en la memoria y saltan hacia mí, de no sé dónde, nubes de Magritte, las cuatro estrellas de la Cruz del Sur, pájaros de Braque y una botella de vino, en medio de la lluvia.

P.D: Lo anterior es una nota de mi diario, escrita hace más de tres años. La rescato hoy para despedir al poeta y artista peruano Jorge Eduardo Eielson, fallecido el pasado 8 en Milán. En la anotación me refería al libro Noche oscura del cuerpo.

Thursday, March 02, 2006

Rolando Escardó esta mañana


Rolando Escardó

02-03-06:

Sigo acá. Por la ventana entran los ruidos cotidianos. Son las cinco de la mañana. Un carro lejano, el rodar de un pipote de basura, una puerta, un ladrido distante. Llevo varios años en esto.

Me gustaría pintar con colores de Rothko los sonidos (alguien lo estará haciendo), pero yo no puedo. Me limito a registrar vagamente esas presencias, a tomar un libro en esta semioscuridad, irme hasta la cocina y leer mientras se está haciendo el café. Eso es todo.

Irá aclarando. Irán apareciendo formas y las cosas ocuparán su puesto una vez más.

Leo a Escardó. Busco en el volumen de su Obra Poética los poemas de Las Ráfagas, libro que le presté hace muchos años a una amiga y que debe conservarlo todavía. Leo, pues, Las Ráfagas y encuentro a Escardó más afligido que nunca, pero hay un orgullo de solitario que lo redime.

Leo –y el nombre me lleva a una inmediata asociación- estos versos: “Yo te veo –Ave María-/ en todas esas muertes/ en todas esas vidas/ y el llanto de las horas/ que fluyen en mi corazón”.

La mañana entra con Escardó, intensa. Entra con el mar de La Habana en su bahia, con su mar violeta y sus viejos trovadores tristes.

Sunday, February 26, 2006

El viaje del petróleo en la poesía venezolana

Ernesto León.
Atardecer. Campo petrolero


“y mi pobre País pico de pájaro buchón que se lo lleva”
 
Alvaro Montero
(Bajo qué señal comenzó el fuego)

Dedico a Guy Monod, en cuya memoria viven imágenes petroleras que vamos a leer un día.


La poesía y el país. La poesía en el país. El país en la poesía. La poesía en su país. El país en su poesía. El país de la poesía. La poesía del país... Y así, podríamos continuar ad nauseam las permutaciones de la frase hasta encontrar la señal que nos indique algún camino para mi intervención de esta tarde en Barinas. No sé muy bien en qué consistirá ésta. Sólo tengo una idea: optar por convocar las imágenes que el nombre de la mesa (“Releer a Venezuela”) me sugiere y dejarme llevar por ellas. Pido disculpas por el caos que, seguramente, ello supone, caos que trataré de compensar con la brevedad de estas palabras, por lo menos.

Lo primero que llega a mi memoria es la imagen de unos apamates llenos de petróleo, como emblema terrible de la violencia que la ocupación petrolera fue dejando por el oriente del país y por otros de sus puntos cardinales.Yo encontré esos apamates en un libro de poemas. Debo a Gonzalo Ramírez, aquí presente, y a Alejandro Oliveros, el descubrimiento de ese libro insólito de la poesía venezolana, escrito por el poeta Villarroel París, hoy olvidado como tantos buenos escritores.

Acostumbrado a que el tema petrolero se me apareciese sólo en otros géneros literarios (ensayo y narrativa, especialmente), la lectura del libro De un pueblo y sus visiones (Universidad de Carabobo, 1979), de J. M. Villarroel París, me deparó la sorpresa de otra perspectiva del tema y me ofreció un aluvión de imágenes que sólo un poeta puede ofrecer cuando se trata de mirar sombras, en este caso, las sombras de una patria. Leer el territorio del petróleo en Venezuela, a través de la memoria de un poeta, es acceder a un estadio superior del tema. Hagamos, entonces, un breve viaje de la mano del libro en el que Villaroel París recrea la errancia de su padre por los campos petroleros de nuestras tierras asoladas.


1. “Esta meseta está llena de taladros
Desde el Tejero Santa Bárbara Jusepín
Los apamates están llenos de petróleo
Muertos con una tristeza de país en ruina
Esta meseta está llena de taladros
Sembrada de hombres muertos
Un largo cementerio viene desde Caripito
Y no tiene fronteras
Es la gesta la nueva conquista entre pueblos
(...)
Esta meseta está llena de taladros balancines y mechurrios
Esta meseta esta de lleno de todo y de nada
”.

La narrativa nos había hablado de las casas muertas que la Venezuela agraria fue dejando en sus postrimerías, y también de las casas vivas que el petróleo comenzó a levantar en los inicios de su inserción tentacular en nuestras vidas. Algunas de esas casas iban a terminar totalmente derribadas o en ruinas, según soplaran los vientos del negocio. Recuerdo un relato de Earle Herrera en el que habla de las casas de un campo petrolero, quemadas por la Compañía, para que, después de su partida del país, nadie pudiese disfrutarlas.

La antropología y la sociología, la ciencia política y la literatura también nos habían descrito el mundo particular de la explotación petrolera.  Podríamos, de ese modo, releer Mene, Oficina Nro.1, Guachimanes, Sobre la misma tierra, Mancha de aceite, Venezuela: política y petróleo o Antropología del petróleo, y quizá comprobar que Díaz Sánchez, Otero Silva, Bracho Montiel, Gallegos, Uribe Piedrahita, Rómulo Betancourt y Rodolfo Quintero, respectivamente, siguen diciéndonos cosas importantes sobre el petróleo en Venezuela, pero no será suficiente. Faltará la visión del poeta, faltarán las imágenes fecundas que sólo la poesía es capaz de transmitirnos. No estarán, por ejemplo, esos apamates llenos de petróleo que disparan su terrible desamparo desde las páginas de uno de los poemas narrativos más sorprendentes de la poesía venezolana del siglo XX. O estas otras que quiero ahora compartir con ustedes:

La ciega hablaba en los corredores
Con pájaros traídos del barranco
Decía la última fiesta en Miraflores
Bailar hasta morirse vomitando
Una noche y otra por El Venado y Campo Rojo
Porque cantaba algunos tangos para sufrir
Viejas canciones de un siglo sin recuerdos
(...)
Un encuentro fugaz Diario festín de campo
Sus ojos disparados
Decían una noche sin lámparas Su carne tísica
¿y quién más que la muerte nos podía cantar?
Tarareamos este mundo de petróleo
Perdido el rostro la identidad el nombre
.

La ciega Buenaventura es una figura ominosa. Es la figura de la muerte emblemática que paseará su estela umbría por todas las estancias de este libro. No en balde es la primera muerta de este viaje, caída en la calle Maturín de Quiriquire y convertida desde ese instante en el perfil funerario del paisaje y en la voz espectral que lo recorre. Buenaventura es la muerte misma, la muerte que canta como la mabita.

2. Veníamos de un viaje en medio de la noche
Veníamos entre gentes de tantos campos perdidos y cerrados
Cuando yo abrí los ojos mis pies se habían llenado
Con todo el abandono de esos pueblos
Sellé mis compromisos con el pasado familiar
Pero es mentira aquí estoy cargando todos los
cementerios.

Villarroel París irá paso a paso revelándonos el paisaje que captó en su niñez, cuando acompañó a su padre (un obrero petrolero) por los diversos campamentos que conformaron la geografía del oro negro. Asistió al bautizo del primer taladro en el Delta, “caño San Juan cayena putrefacta/ tierra del aluvión de la malaria” donde estuvo su padre encuellador, “en lo alto de la torre, temblando como un pájaro”. Asistió al incendio de Quiriquire desde la calle Bolívar y vio con asombro antiguo el fuego que era el diablo incontrolable de los campos petroleros. Asistió al desfile de las pintadas, las cariñosas, las amorosas, las putas tristes del asfalto, aptas para el amor y también para la certera puñalada, dada o recibida, conforme lo dispusiera su destino. Acudió a la fundación de pueblos que vivieron un fugaz esplendor antes de convertirse en los fantasmas que ahora son o en los lugares sin centro en que se tornaron algunos. Presenció la caravana de hombres que también forma parte del paisaje de este libro, o mejor dicho, que es el paisaje profundo de este libro doloroso, íngrimo.

3. Si la Venezuela minera, que apostaba -ingenua o maliciosa- por el progreso, tuvo en José Tadeo Arreaza Calatrava a su poeta cimero, la Venezuela herida por el petróleo, sólo tiene ahora que descubrir el suyo en J. M. Villarroel París.

Releer a Venezuela en las páginas de sus poetas, para conocerla, reconocerla y comprenderla, es una tarea fascinante que aún no hemos hecho del todo. Algunas contienen miradas oblicuas, íntimas o secretas a paisajes y a momentos cruciales de nuestra historia. Otras son memoria pura, es decir, recuerdo y recreación, fotos fijas o ramalazos que laceraron la infancia, como éstos que recogen los versos de la espléndida poesía narrativa de Villarroel París, voz plena de intemperies y abandonos que revela el rostro de otro país y las secuelas de un sacrificio cotidianamente preterido.

4. Mi padre llegó a El Tigre por el año 40
Con muchos pueblos muertos sobre su cabeza
Errante y desmontable estallante de luz entre sus aros
Llegó a El Tigre armado de fracasos y silencios
Un pueblo Un nombre un aletazo de pájaro muriendo
Entre mechurrios y cielos rojos
Un pueblo Un garabato en la sabana de Guanipa.

El libro concluye, como era previsible, con una elegía al padre. Es, probablemente, la más sobria elegía de la poesía venezolana. Ese padre, gallero y guapo, que levantó una casa para su familia y la llamó “En Dios confío”, se yergue en los versos de su hijo como un héroe de nuestra historia no historiada y como protagonista de una jornada anónima que espera todavía a sus poetas.

Mi padre muerto era viscoso aceite de piedra
Hablaba en voz alta para espantar vientos
Y los ruidos del mar en el puerto de Irapa
(...)
Y en cada viaje nos decía:
-Aquello está triste como un velorio
Las casas se están cayendo
El viejo Tigre ha muerto
La gente allí ha muerto.

Y mi padre que en Morón peleó con cuatro árabes
Que fundó pueblos y tuvo amores en Barrancas Temblador y Pedernales
Está allí tranquilo
Envuelto en su traje gris
Estrenado este último diciembre.
Eso ero lo que quería decirles mediante este borrador. Muchas gracias.

Barinas, 24 de febrero de 2006.


Monday, February 06, 2006

Jaime Gil de Biedma y Sevilla


Jaime Gil de Biedma

He estado leyendo el libro de Miguel Dalmau sobre Gil de Biedma. Es una biografía centrada en la homosexualidad del poeta. Ahora mismo acabo de dejarlo al término de una orgía en Sevilla. Resulta que la noche anterior Gil de Biedma había recibido un papelito con una invitación redactada toda con títulos de poemas suyos. Decía así: “Aunque sea un instante, ha venido esa hora en que un cuerpo es el mejor amigo del hombre. Resolución. Peeping Tom. A través del espejo, t`introduire dans mon histoire. Recuerda tus píos deseos al empezar el año: volver a ser loca hasta la albada. Happy ending: Calle Cuna Nro....”. A esa dirección acudió el poeta. Lo atrapó un ambiente. Eran chicos y chicas comunistas de Sevilla. Jaime se enamoró de uno de los chicos y volvió a Sevilla en numerosas ocasiones.

Ahora ya comienzo a explicarme la siguiente frase de su texto autobiográfico, publicado como contratapa de Las personas del verbo: “Manila ya me aburre y en cambio me fascinó Sevilla, por primera vez descubierta en noviembre de 1976, después de haber estado en ella cuantísimas veces”.

En favor de Venus, este recuerdo de Jaime Gil.

Friday, December 30, 2005

Plaza Once

30-12-05:

Al fin me encuentro en Buenos Aires con mi destino suramericano.
Estoy en Plaza Once.

P.D: Borges,
Delia San Marco,
Macedonio,
Sobre héroes y tumbas,
Marco Denevi y su Rosaura.
Y hoy,
con dolor y rabia,
Cromañón.

Friday, December 23, 2005

Mi Buenos Aires querido

Martín, Maito y yo estamos saliendo para Buenos Aires desde hace varias horas y no terminamos de hacerlo. Lan Chile se ha encargado de retrasar la llegada de estos cronopios a la ciudad junto al rio inmóvil. Parece que una conspiración de famas se nos está interponiendo. Pero no podrán con nosotros. Esperen noticias.

P.D: Buenas salenas.

Saturday, December 17, 2005

El aleph (II)

Camino por Bond Street y me deleito, como siempre, mirando sus tiendas. Hoy me llama la atención un tweed que acabo de ver en el viejo establecimiento que le hacía los trajes a mi padre. Camino y tengo la sensación de ser invisible. Pienso ahora que ya no volveré a casarme ni a tener hijos. Sigo caminando por la calle de Londres que más me gusta. Veo guantes, veo zapatos; en una pescadería veo un salmón dentro de una barra de hielo. Y llego, casi sin darme cuenta, a la floristería y escojo los ramos para la fiesta que daré esta noche.

Ella esperaba mi regreso. Y rezaba el rosario. Temía por mí. Ahora estoy sano y salvo en la casa y veo que a ella le ha vuelto el alma al cuerpo. Cada cuenta del rosario, me dice, era el ruego de que una voluntad secreta me acompañase a lo largo de mi vida. Ahora sé que puedo ver lo oculto en lo visible y que toda dificultad, lejos de atolondrarme, esconde la fuerza de mi transfiguración. Ahora sé que puedo ver los peces en la canasta estelar de la eternidad.

No me interesa la casa y menos aún la dueña, con su insoportable coquetería de cuarentona. Así que decido, silenciosamente, no alquilar habitación alguna y con debida cortesía europea, me dispongo a salir. De pronto, la señora me lleva a conocer el jardín. Y la veo. Otro narrador podría haber dicho: arribo al momento inefable de mi relato. Yo sólo digo en este instante que me es difícil expresar con el vigor adecuado el estremecimiento que ahora sufro y el verdadero impacto de este reconocimiento imprevisto. Ella me está mirando por encima de sus anteojos negros. Y yo sé lo que me espera.

Mi propósito era llegar sigilosamente hasta Lisboa y desde ahí partir hacia América. No tenía más salida. Huía, casi por instinto. En este instante sé que no podré escaparme del destino. Era, sin duda, éste. Estoy deshecho en Port Bou. Nada en mis tinieblas tiene ahora que ver con Theodor W. Adorno. No más Horkheimer en mi vida. No más ilusiones. Ya la suerte está echada. Por fortuna, tampoco me han de matar mis enemigos. Traigo en mi bastimento una cantidad suficiente de morfina. Adiós. Envíenme flores a París.

¿Por qué me habré casado, Dios mío? Eso recuerdo que lo dijo madame Bovary. Yo ahora lo repito. Hago sufrir y sufro. No soporto, ni me soportan. Escribo aflicciones. Me atolondré. Voy a meter la cabeza en el horno de la cocina. No culpen a Ted. Culparán a Ted. No culpen a Ted. Culparán a...

Voy al centro de una ciudad venezolana que mi memoria sigue registrando. El coche está en una tranca. El calor es casi insoportable. Mi cicerone es un joven tímido, casi un niño. Yo me quejo. Pienso en el taller de narrativa en que el que estoy haciendo de maestro. Desconfío de los organizadores. Son todos jóvenes y no me ofrecen del todo seguridad. Sin embargo, estoy haciendo mi trabajo con gusto. También la ciudad, cuya discreta altura le va bien a mi salud. Ya el coche llega a la librería. Es "El azar inmóvil". El joven Valcárcel me abre la puerta.

Soy esa soledad desesperada que llama a Olga a altas horas de la noche y le pide cobijo. Me he de morir de cosas así.

Thursday, December 15, 2005

Julián Marías

Un niño está en la calle en brazos de su aya. Lugar: afueras de Valladolid. La niñera le dice que vienen unos cerdos. Como el niño jamás ha visto un cerdo le pide que lo deje en el suelo cuando ya estén cerca. Una pequeña piara marcha en dirección contraria. Pasan ahora frente al niño y éste se quita la gorra y le hace con ella un solemne saludo a los cochinos. Es el primer homenaje que realiza en su vida.

Esta escena la contó Julián Marías en uno de los tomos de sus memorias. La llamó "recuerdo grotesco". Error. Es una imagen bellísima, que ahora me sirve para saludar el adiós de Julián Marías, a los 91 años de su edad. Fue hace unas horas, según leí en El País.

Que en paz descanse quien fuera un destacado integrante de la verdadera nobleza española: la de los intelectuales dignos.

Tuesday, December 13, 2005

El aleph (I)


Arcimboldo

...

Estoy tratando de atravesar la calle. Pasan los carros, numerosos, velocísimos. Soy sordo y tengo muchos años encima. Mi biblioteca está a punto de incendiarse.

El arriero y yo estamos llegando al pueblo donde vive mi padre. Nuestro padre, quiero decir. Y lo que veo es puritita desolación. “¿Cómo es eso, este pueblo está deshabitado?”, pregunto. Y el arriero me responde: “Aquí no vive nadie y, además, nuestro padre murió hace muchos años”. Ahora no sé si yo estoy vivo.

Mi madre acaba de recibir la respuesta del señor Jung. Nada. No tengo remedio. Así que escribiré siempre desde esta dolencia infatigable. Sólo espero que al señor William Carlos Williams le gusten mis poemas.

Un hombre furioso está dándole palos a su caballo. El caballo, imperturbable, se resiste a tirar del coche. Yo veo la escena y me indigno. Salto hacia el caballo y lo acaricio y lo beso. Amo a Ariadna.

Estoy en una pequeña sala, solo. Veo el retrato sobre el piano, junto al jarrón. No me puedo contener y profiero, entonces, mi célebre declaración de amor perdido. Sí, soy yo. Soy el mismo.

Me asomo a la ventana. Hoy no tengo pacientes. Miro hacia la estación y veo a una mujer y a un chivo. Levanto el vaso y bebo hasta la última gota de whisky que me queda.

Celebran un santo o un cumpleaños. Son las cinco de la tarde. Me lo dice el sol. Hay risas en la casa y ruido de vajillas. Soy un bulto que llora ovillado sobre un sofá. Nadie me oye.

Salgo de mi casa con una maleta. Voy de viaje, pero no me dirijo a la estación. Busco un hotel y lo encuentro. Es el Hotel Roma. Me dan la habitación 49. Hago llamadas infructuosas. Al día siguiente, por la tarde, abrirán la puerta. Saldrá un ominoso gato y me encontrarán en la cama, vestido, pero descalzo. Leerán en una breve nota: "No hagan demasiado ruido".

Llueve en la ciudad y llora en mi corazón. Quiero olvidarme de mí mismo y entro, casi al azar, a una sala de conciertos. Me estoy preparando para escuchar a una pianista, cuyo nombre, que acabo de conocer, me hace gracia. Escucharé su síntesis de Leo Délibes y Camille Saint-Saens. Y me sumergiré en la locura de una noche.

Abatido, llego al pueblo y mi escudero se queja de que no me reciben con honores. Perora incontenible, como lo hiciera yo años atrás. Me parece ridículo y le digo: "déjate de esas sandeces y entremos a nuestro lugar".

...

Sunday, December 11, 2005

Egon Schiele y el origen del mundo


Egon Schiele

Lo acusaron de pedófilo. Lo acusaron de plagiario. Y el colmo: Kokoschka lo acusó de pornógrafo. Schiele, en verdad, podía llevar con orgullo cualquiera de las "rayas" que le infligían.

Y también las rejas (las soportó) , de las cuales salía, como si tal cosa, para seguir pintando impúberes canéforas que le ofrendaban el acanto lúbrico, o para hacer el amor con Valerie Neuzil, su famosa Wally (legada por Klimt) quien terminó siendo"su pareja, su camarada, su amiga, su cómplice y su criada".

Ahí está ella, Wally o como se llame, mostrándonos "el origen del mundo"...

Thursday, December 08, 2005

Para ella que se asombró ante Rothko


Rothko

Fue primero la luz de Turner. Ahora es la de Rothko.

¿Es la misma luz?

¿Podría yo escribir hoy Para ella que se asombró ante Rothko?

("Ella andaba emocionada esos días con una frase de Borges...").

No sé.

Lo cierto es que esta luz también nos libera

y diferencia de lo que siempre fuimos.

Un color sobre otro color

se ha convertido

en puerta al campo,

en mirada infinita y sin tropiezos,

en transparente página

donde podemos nuevamente

inventar desde la nada.

Tuesday, December 06, 2005

Rothko y tus ojos


Rothko

Están los dos frente al cuadro, acuciosos, penetrantes. Intentan meterse entre las dos franjas. Y lo logran. Son tus ojos.

Espero que retornes. El cello de Jacqueline Du Pré te acompañaba.

Dionisio Ridruejo, un recuerdo, un poema


Dionisio Ridruejo

Veo en la Televisión Española un documental sobre Dionisio Ridruejo. En este momento Jorge Semprún termina de decir que para el año 56 lo único que le quedaba de falangista a Ridruejo era “esa cursilería” de la frase “inasequible al desaliento”. Y añade: “Pero en Ridruejo no era cursilería porque en realidad él era inasequible al desaliento”. Ridruejo había formado parte del grupo “joseantoniano” y había escrito el himno de la Falange. Cara al sol con la camisa nueva que tú bordaste en rojo ayer. Evolucionó. Y a mediados de los cincuenta encendió la más brillante chispa contra Franco.

Termina el documental y recuerdo el día en que murió Ridruejo. Yo estaba en Barcelona. Argenis Rodríguez me dio la noticia en las Ramblas. Debíamos darle el pésame a Inés. Ambos pensamos en eso y en que España había perdido al gran presidente de la democracia que ya se aproximaba. Era el año 1975.

Terminó el documental. Busco ahora un libro de Dionisio Ridruejo. Y leo este bello poema sobre los niños. Nada más.

HOSPITALIDAD

Es necesario que haya niños. Nadie

sabe por qué y acaso ni siquiera

es conveniente. Pero por encima

de todo es necesario. Son la forma

más desasida y pura que conoce

el corazón abierto. Los amamos.

Son toda nuestra luz y el argumento

de nuestro sin por qué. Le dan salida

para no ser la leña ensimismada

de la hoguera mortal.

(...)

Dos amigos me prestan

la tarde de sus niñas. Llego a verlas

como se sale a respirar. Sus duendes

gobiernan la locura. Una es alegre

a color y la llamo

cascabel. La otra es suave y amorosa

con el hondo desmayo sensitivo

de algunas flores pálidas. Habitan

la maravilla entre la madre grávida

que sonríe y repiensa

sus queridos poetas alemanes,

y el padre que descifra y hace fáciles

las kasidas y salmos donde ellas

son aquel verso suelto que ilumina

porque era ya desde que el mundo es mundo.

Es necesario que haya niños. Nadie

sabe por qué, pero hacen falta. Nadie

está vivo sin niños.

Sunday, December 04, 2005

...y Franco se va a paseo


Franco

Copio, tal cual, una carta a Franco. La tomé de este blog:

http://elaveturuta.blogspot.com/2005/11/por-la-memoria.html

Por la memoria




Carta a Francisco Franco:

Querido hijo de puta:

30 años después de tu muerte, vivimos más tranquilos. A España, afortunadamente, no la reconocerías si levantaras la cabeza. Bueno, de hecho no la reconocería ni dios. Es cierto que todavía vivimos bajo un régimen monárquico continuista que tú mismo dejaste atado y bien atado antes de palmarla. Afortunadamente, el 23-F se quedó en agua de borrajas y hoy nos toca vivir bajo una monarquía parlamentaria insultante, pero bastante inocua. Tu principito heredero, ahora rey, se dedica (quién te lo iba a decir a tí) a ir a regatas y a otras actividades que no conviene mencionar aquí, porque eso sí, en España todavía no existe la plena libertad de expresión y me pueden cerrar el chiringo si digo tres o cuatro verdades.

Quiero hablarte también de tus herederos, que ayer y hoy salen a la calle brazo en alto a conmemorar tu persona. La verdad es que para ser herederos tuyos, los tienes bastante mal educados, ya que se pasan la vida montando pollos allá donde van. Eso sí, hay algo que te decepcionará: esos que salen a la calle son tus herederos fieles, los que no se avergüenzan de que les llamen franquistas. Hay otros, hoy agrupados en un partido denominado Partido Popular, que te han dado la espalda; o por lo menos, que te la dan en público para guardar las apariencias, aunque hay rumores de que en sus casas te tienen en los altares. Claro que esto no debería sorprenderte, siendo como es el partido de Don Manuel (sí, sí, Fraga Iribarne) a quien usted mismo no reconocería ejerciendo de demócrata y habiendo perdido (¡perdido, fíjese Ud.!) unas elecciones democráticas. Al resto de cachorrillos que escribían artículos en cierto diario de la Rioja allá por 1979 cantando sus lores - en concreto, un tal José María Aznar, de Valladolid, y otros de sus acólitos - no los conocerás. Da lo mismo: han aprendido la lección y aunque participen en el juego democrático que el contubernio rojo-masónico-judeocomunista ha logrado imponernos, yo sé que en el fondo son buenos y firmes defensores del régimen que estableciste, aunque se rumorea que uno de ellos es un poco maricón (claro que también a tí te llamaban, Queipo de Llano ni más ni menos creo que fue, "Paca la Culona"). Pero en lo demás, ahí siguen, firmes defensores de esa Iglesia a la que tanto beneficiaste y que tanto te entregó a cambio, en un régimen de terror que duró casi cuarenta años. Fíjate que ahora a los obispos les ha dado por participar en la democracia, y van hasta a manifestaciones: claro que aunque llevan playeras por si hay que salir por patas, ya no hay grises que les persigan por la calle, porque vivimos en un Estado democrático y de derecho que reconoce el derecho a la manifestación y reunión. Aunque no te preocupes: yo creo que a los rojos de Moncloa ya les está entrando el canguelo con la Iglesia y no creo que toquen mucho. Fíjate, si hasta con el tema de la educación ya están flaqueando y los colegios de monjitas ya recaudan más dinero público que los colegios públicos...

De la Guerra Civil aquí casi no se acuerda ni dios, aunque eso sí, tus fieles seguidores siguen financiando a autores (antiguos comunistas, para más señas) que ahora se dedican a defender tu figura y andan dejando las cosas claras: porque ya sabemos, Caudillo, que la guerra no la empezaste tú sublevándote contra el legítimo régimen de la República, no. Ahora ya nos han explicado que la guerra la empezaron los rojos en el 34. Eso sí te diré: ándate con ojo y mándales un recordatorio a tus cachorrillos, que anda el patio revuelto con la retirada de tus estatuas por media España. Y algunos rojos andan empeñados, mira tú por dónde, en desenterrar las fosas comunes y hacer recuento de la barbarie. Así que a ver si aleccionas a tus cachorros para que pongan España en orden, que entre el Estatuto de Cataluña y las Vascongadas, esto se nos rompe. Te entristecerá saber también que el Real Madrid ya no es lo que era, y que ahora está lleno de negros y otras gentes de mal ver, y ayer mismo perdió en el Bernabeu con el F.C. Barcelona. Claro que no te extrañe: serán cosas de Moncloa, donde hay un presidente rojo y culé. El mismo, aunque no se lo crea, que ha permitido que los bujarras se casen. Te digo yo que a España no la conoce ni la madre que la parió.

Querido hijo de puta, lo dejo ya. Hace treinta años que moriste (afortundamente, sufriendo, como parece por las imágenes de televisión). Yo nací justamente un año después (un año y dos semanas más), con lo cual me alegro de no haber tenido que compartir mundo con tu asquerosa persona. Mientras, descansa tranquilo: la política del olvido sigue funcionando a todo trapo: ni fuisteis juzgados por vuestros crímenes, ni lo seréis. Vuestra figura ya está siendo apropiadamente rehabilitada en los medios (controlados por tus cachorros), así que no te preocupes por quedar mal. Sabemos que, en el fondo, fuiste un gran benefactor.

Espero que sigas pudriéndote lentamente en tu fosa del Valle de los Caídos, construida con la sangre y el sudor de nuestros hermanos republicanos. Aunque creo que últimamente andan en convertirte la tumba en un museo. Habrá que verlo: pagar para verte...

El Ave Turuta

p.s. te dejo unos versos de Juan Paredes Manot, "Txiqui," a quien con 21 años mandaste fusilar en tu agonía de hombre acabado y patético.

Mañana, cuando yo muera
no me vengáis a llorar.
Nunca estaré bajo tierra:
¡Soy viento de libertad!

Somos Viento de libertad y los nietos de los obreros que nunca pudísteis matar, somos los hijos de la dignidad rebelde que nunca pudísteis encerrar. Los amamos y odiamos a sus verdugos.

(...)
¡No pasarán!

Saturday, December 03, 2005

El gato Valderrama


García Alix

Y la gata sigue buscando gato. Y el gato nada. El gato continúa escondido en unos versos de Baudelaire. Y se llama Theodor W. Adorno. Y se llama también Offenbach. Y está en los brazos de Augusto Monterroso, como lo podemos ver en la contraportada de un libro memorable. Y el gato es, definitivamente, el gato sensualísimo de García Ponce Juan y se va a revelar ahora en un dístico apresurado:

El gato obsceno y esperado está a punto de subirse a la cama

con el nombre felizmente tautológico de Félix Valderrama.

Para mi sobrino Fabricio


Pat Metheny

Para Fabricio Jiménez Morales, esta página que seguramente le debo a In the Flesh, conocedor como pocos del arte de Pat Metheny:

http://www.playjazzguitar.com/pat_metheny.html

Saludos a todos

Marcus Rothkovich, padre y maestro mágico


Rothko

Padre y maestro mágico de la melancolía, cromático terrestre,
que a la locura ciega y al corazón pedestre
diste tu mundo encantador.
Nietzscheano, Nietzsche tú mismo, que colores condujiste
hacia el destino sacro que amaba tu alma triste,
al son de la sangre y del dolor.

Saturday, November 26, 2005

Rothko por Sarduy


Rothko

"ROTHKO

A Andrés Sánchez Robayna

No los colores, ni la forma pura.
Memoria de la tinta. Sedimento
que decanta la luz de su pigmento,
más allá de la tela y su armadura.

Las líneas no, ni sombra ni textura,
ni la breve ilusión del movimiento;
nada más que el silencio: el sentimiento
de estar en su presencia. La Pintura

en franjas paralelas cuya bruma
cruza la tela intacta, aunque teñida
de cinabrio, de vino que se esfuma;

púrpura, bermellón, anaranjada...
El rojo de la sangre derramada
selló su exploración. También su vida"

Severo Sarduy

Tuesday, November 22, 2005

Leopoldo de Luis


Leopoldo de Luis

Pudo haber sido uno de los escritores invisibles, pero no terminó nunca de acceder a ese selecto falansterio. Se quedó en el umbral. Su Antología de la Poesía Social lo delataba. Por ella lo veían de vez en cuando. Y lo saludaban. "Salud y República", le decían los nostálgicos. Algunos acudían a su poesía para recordar que él también fue poeta social y que tuvo la elegancia de no incluirse en la antología canónica de la tendencia. Otros, para admirar su impecable uso de la métrica y su amor por Miguel Hernández, de quien hay huellas en muchos de sus versos. Leopoldo de Luis, poeta culto, no calzaba en el molde que algunos despectivamente le atribuían a los "mesetarios". Era romántico y gustaba de las sombras, aunque cantara para su gente desolada por la guerra.

Nació en Córdoba en 1918, pero se aclimató en Madrid desde muy joven. Allí murió hace tres días (20-11-05). Allí le dijo a su pareja una vez:

"...en la sombra, a tientas,
bajo la noche, ciegos,
topándonos a oscuras
mientras todo es silencio,
nos amamos y somos
casi dioses, rugiendo".


Sobre Leopoldo de Luis nadie podrá poner ahora "una capa de triste indiferencia". No se resistió nunca a que las cosas estuvieran "por la tierra peor que por el cielo". Para cumplir con su verdad escribió e incordió a muchos, pero para todos tuvo algún verso amable.


En unos de sus libros más intensos Teatro real (Adonais, 1957) nos convirtió a todos en actores en medio del caos y se preguntó angustiado:

¿Quién gobierna esta escena, quién apunta?
El director habrá tenido un fallo.
¿Nadie dirige aquí, entre bastidores?
La luz, sólo la luz sigue alumbrando.


Leopoldo de Luis se llamaba, en realidad, Leopoldo Urrutia. Su hijo, gran poeta nacido en el año 1945, es el mismísimo Jorge Urrutia, estimado y querido por la crítica más exigente de hoy en día.

Leopoldo, a ver si desde el cielo ayudas un poco al director para que ponga cierto orden sobre estas tablas en declive.

Sunday, November 20, 2005

La pasión por Rothko o la sombría mediación


Rothko

"La pasión por la pintura de Rothko, especialmente en los años de Barcelona, me ha llevado hoy a recordar el origen, el hallazgo de esa obra. Es un recuerdo nítido. Sucedió a partir de un cromo de apenas 9 x 6 cm., que conservo. Busqué con verdadero fervor aquí y allá, desde entonces, reproducciones de unas pinturas en las que iba encontrando casi siempre la emoción del principio, ese mundo de sombría mediación extática. Vi luego algunos cuadros en París y otra media docena en la Fundación Miró. Escribí un breve texto, que titulé `Sistema`, homenaje de variaciones léxicas que querían recibir un poco de la luz y el aliento de aquella pintura. En Madrid compré luego la monografía de Waldman.

Todo estaba ya, sin embargo, en aquel cromo, en aquel instante iluminador. Debió ser hacia 1971. El pintor acababa de morir, pero yo no lo supe hasta tiempo después".

(Andrés Sánchez Robayna, La inminencia, FCE, México, pp. 49-50)

¡Salud y República!

Hoy se están cumpliendo treinta años de la gran fiesta española del 75, una fiesta que parecía no llegar nunca y que cuando ya era inminente, se demoró varias semanas más, mientras las botellas de cava aguardaban impacientes su gozoso descorche.

“Y pasó un día y otro día pasó,/ y un mes pasado había/ y de la clínica no salía/ el cadáver que a ella llegó”.

Por fin, el 20 de noviembre la voz llorosa del carnicerito de Málaga anunció la buena nueva: “Franco ha muerto”.

Para hoy, una copa de Ribera del Duero y un poema de León Felipe:

"Hay dos Españas: la del soldado y la del poeta. La de la espada fratricida y la de la canción vagabunda. Hay dos Españas y una sola canción. Y ésta es la canción del poeta vagabundo:

Franco, tuya es la hacienda,
la casa,
el caballo
y la pistola.
Mía es la voz antigua de la tierra.
Tú te quedas con todo y me dejas desnudo y errante por el mundo...
Mas yo te dejo mudo... ¡mudo!
y ¿cómo vas a recoger el trigo
y a alimentar el fuego
si yo me llevo la canción?"

Wednesday, November 16, 2005

Luis Ignacio Helguera a la luz de una vela


Georges de La Tour

Con motivo del breve post que dediqué al poeta argentino Luis Franco, mi buen amigo del blog In the Flesh me sugirió la escritura de una serie referida a escritores buenos, pero más o menos invisibles, es decir, una suerte de catálogo personal de los olvidados (o no muy conocidos todavía). Me pareció estupenda la idea, pero no sé si la pueda llevar a cabo. En todo caso, hoy me he topado con una poema de Luis Ignacio Helguera (poeta mexicano autor del estupendo libro Murciélago al mediodía, Vuelta, 1997) que quiero compartir con ustedes. En el poema, como en el cuadro de Georges La Tour está la vela que necesito para hacer visibles a los invisibles.

Copio el poema:

APAGON

Se va la luz y a tientas, por el pasillo, adivinamos velas y candelabros, y volvemos a reunirnos en la sala. Un fulgor antiguo en los rostros, en las palabras, en los recuerdos. El perro se tiende bajo la mesa, como hace mil años. El tiempo en la penumbra va más despacio, como la cera al derretirse. Llamea la flama: roja, elemental. Como en un lienzo de La Tour.

(Murciélago al mediodía)

Saturday, November 12, 2005

Eros y Gene Tierney


Gene Tierney

Escena inolvidable de "El filo de la navaja". Somerset Maugahm le pregunta a Gene Tierney: "¿Te han dicho alguna vez que tu nariz es idéntica a la de Psiquis en el Museo de Nápoles?". Gene Tierney, más bella que nunca, muestra interés en la analogía y Maugham aprovecha la ocasión para acariciar con lento deleite el mito con el mito.

La cabellera


Puvis de Chavannes

La reina María Lionza
es también la diosa ambarina.

Pintada hoy por Puvis de Chavannes,
despliega su cabellera torrencial
sobre la mar serena.

Friday, November 11, 2005

Los escritores invisibles


Luis Franco

"Navegantes somos
¿pero hacia dónde vamos, Cruz del Sur, hacia dónde?"
(Luis Franco, "Insurrección del poema")

Argentino. De Catamarca. Recuerdo que Borges lo mencionó en una entrevista. Después vi su nombre y algunos de sus poemas en una antología. Pero nada más. Hombre de izquierda. Poeta de su paisaje. Invisible (o casi) para muchos. "No cuidó su fama", como Borges dijo de Bianco. Ni ha sido reivindicado aún como Juan Ele, el más aclamado poeta de la Argentina literaria de hoy en día.

P.S: Roberto Arlt (http://domingoenlatarde.blogspot.com) en 1941 escribió: "Un silencio fervoroso ha saludado la aparición de la monstruosa obra de este poeta que, como Whitman, podría decir: No soy un hombre sino una batalla. ¡Tres años de silencio en torno de un bosque de poesía! Es maravillosa la justicia de los descoloridos labios apretados..."

Wednesday, November 02, 2005

En el lago


Waterhouse. Lady Shalott.

(Para Sarduy, intentando alguno de sus modos)

Después de tomar la estampita de María Lionza
y de preguntar si se trataba de una efigie de Hedy Lamarr,
la diosa ambarina me subió a su barca
(dibujar ese momento, destacando la escandalosa belleza
de la mujer vestida de blanco).


Bogamos.
Yo iba cautivo de su levedad arcaica (sustituir después este adjetivo).
Aún no llegaba la noche.
A lo lejos, pájaros.

Cerca de la orilla nos asaltan nenúfares de Monet
(quitar Monet y dejar, simplemente, nenúfares).

La bendita circunstancia de las flores por todas partes
(esta frase es un homenaje a Piñera y podría omitirse
por estar quizá fuera de contexto
).

De cualquier lugar,
en un abrir y cerrar de ojos,
brotarán dos seres prodigiosos.
Vienen de visita a este lago,
desde una remota novela de Severo Sarduy.
Se llaman Auxilio y Socorro.
Lacustres están. Es que no fluyen.

Y me salvan.

Friday, October 28, 2005

Lartigue


Lartigue

A los seis años Lartigue se inició en la fotografía y no dejó de ejercerla hasta 1986, cuando falleció a los 92 años de edad, como todo fotógrafo grande que se respete. Sus fotos nos cuentan historias. Tal vez por eso Lartigue le gusta tanto a los narradores. Enrique Vila-Matas, por ejemplo, es uno de sus fieles. Basta ver las portadas de varios de sus libros para comprobar que el primer relato no lo aporta su escritura, sino el ojo espléndido de Jacques Henry Lartigue.

Sobre el vínculo de Lartigue con el mundo literario escribió no hace mucho Rodrigo Fresán. Nos recordó que algo parecido sucede con la relación literaria del músico Erik Satie y del pintor Edward Hopper.

Volvamos a la foto. Ella está a punto de alcanzarlos.

Thursday, October 27, 2005

Bettina Rheims


Bettina Rheims
(Claude à L`Hotel Rue des Beaux Arts)

El filósofo Michel Onfray denomina “oximoriques” a las fotografías de Bettina Rheims. Así las llama en un reciente libro (“Oxymoriques. Les photographies de Bettina Rheims, Jannink, Cahors, junio 2005).

Los lectores de Borges recordamos la súbita aparición de la palabra "oximoron" en El Aleph. Fue en el momento en que nos enteramos cómo caminaba Beatriz Viterbo: “Había en su andar –si el oximoron es tolerable- una como graciosa torpeza, un principio de éxtasis”. Desde entonces supimos (por lo menos yo) que “oximoron” es algo así como la unidad de los contrarios y nos pareció atractiva la descripción, pero no el vocablo. Hoy lo tolero un poco más. En cambio, lo “oximorónico” siempre me ha gustado, desde mucho antes de saber que lo era.

¿Es oximorónica esta foto de Bettina? No lo sé. Tal vez el secreto está en el cuello.

Sunday, October 23, 2005

El escritor en su laberinto


Borges

Fue uno de sus símbolos constantes, como el espejo y los tigres. Lo descubrió de niño, en un libro con grabados que mostraban las siete maravillas del mundo. No sé si llegó a dibujarlo, como hizo con las fieras de su temprana devoción.

Cuentan que Georgie, armado de una lupa, intentaba explorar el centro del laberinto para ver al Minotauro. Al percatarse de la esterilidad de ese afán, prefirió imaginárselo, para ventura eterna de sus futuros lectores que ahora son legión. Así, el laberinto terminó sendo una insustituible metáfora borgiana, y el Minotauro, un personaje solitario llamado Asterión, famosamente.

La metáfora alude no sólo a la perplejidad incesante, sino también al inexplicable universo, mientras que Asterión es el pobre protagonista de un profundo tedio metafísico, incapaz de ver en su presunto redentor la ominosa presencia del verdugo. ¿Acaso no seguimos siendo los hombres unos incurables y redomados asteriones que andamos a la espera del salvador de turno, dentro de un laberinto que aún no logra cerrarse a la crueldad?... Dejémoslo así, como metáfora, por decirlo a la manera de Reyes, el mexicano que Borges admiraba.

Ahora el escritor está sentado en un muro del laberinto. Su mano derecha se apoya en el báculo que hace tiempo dejó de ser indeciso, a fuerza de iluminar huecas penumbras. Sobre su rodilla izquierda descansa la otra mano, hermosa y enigmática. El viento agita sus cabellos blancos. Los ojos deambulan insomnes, uno más que otro (todo hay que decirlo). El fotógrafo alcanza, por fin, la perplejidad del instante, con columnas al fondo y escaleras abajo. Se ha hecho presente de improviso la significación solar del laberinto. Y allí está Borges, inmenso, llegando de la noche de los tiempos para escribir poco después que “este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro y en cuya red de piedra se perdieron tantas generaciones como Maria Kodama y yo nos perdimos en aquella mañana y seguimos perdidos en el tiempo, ese otro laberinto”.

He visto la foto muchas veces y he leído el poema otras tantas. Y seguiré haciéndolo. ¿Retornar al mismo sitio no es el destino que todo laberinto nos depara?

Wednesday, October 19, 2005

El niño republicano


Haro Tecglen

Me enteré por un mensaje de Martín esta tarde, cuando venía hacia Barquisimeto. Yo lo creía inmortal (es un decir). Yo lo creo todavía inmortal (otro decir).

Lo importante en este momento para mí es haber constatado que lo quería como a alguien de mi familia. Y que lo lloro. Lloro la muerte del niño republicano, de mi Haro Tecglen particular: el de la portada luctuosa y solidaria de la revista Triunfo en septiembre del 73, días después de la tragedia chilena. También, el rojo de siempre, que pensaba y escribía como hombre de izquierda, incordiando a diario a las buenas conciencias y a los legionarios de la globalización de los vacíos.

Una bandera republicana para Eduardo Haro Tecglen. Y muchas flores moradas en su tumba.

¡Salud y República!

Tuesday, October 11, 2005

Tuesday, October 04, 2005

María Zambrano (para In the Flesh)


María Zambrano en Chile

Veo un programa sobre Maria Zambrano en la televisión española. El mar de Málaga. La voz de la escritora, cristalina, hermosa. Los comentarios de los estudiosos. La calidez de la palabra.

“La palabra del corazón sale siempre acompasada”. Eso acaba de decir, acompasadamente, María Zambrano, para quien la literatura y la filosofía fueron una misma densidad poética.

María Zambrano: la filosofía como poema en prosa, voz que escribe enigmas, letra que está por descifrarse siempre.

Lezama dijo de ella:

"María es ya para mí
como una sibila
a la cual tenuamente nos acercamos,
creyendo oír el centro de la tierra
y el cielo de empíreo,
que está más allá del cielo visible.
Vivirla, sentirla llegar como una nube,
es como tomar una copa de vino
y hundirnos en su légamo".

Saturday, October 01, 2005

Performance


Beuys

¿Postvanguardia? Tal vez.

¿Neonachismo? No.

Dicen que un ex-neonachista hará lo mismo que hizo Beuys en New York, pero no habrá coyote esta vez. Habrá Tigre Garmendia.

P.D: El ex-neonachista llevará consigo el manifiesto.

Wednesday, September 21, 2005

Guy Monod


Guy Monod

Guy Monod es, sin duda alguna, el esteta mayor del neonachismo. También se dice -y yo estoy de acuerdo- que es el padre de ese gran movimiento espiritual, un movimiento que nació, creció y se desarrolla a contracorriente de la medianía del entorno. Muy a tiempo sus integrantes lograron desmarcarse de manera absoluta de la banalidad de las "generaciones bobas" anteriores, coetáneas o sucesivas a ellos. La lucidez implacable de Guy Monod mucho tiene que ver con ese logro casi milagroso.

A punto de ser "niño prodigio", Monod pudo echar mano de un talento poco común para la heterodoxia y la rebeldía calculadas y se zafó oportunamente del pavoso estereotipo que tantas cerebros ha estancado en este valle de lágrimas. Con un humor proclive a la autoburla, Monod comenzó a derrochar sus dotes en las primeras orgías del neonachismo y desde esa época no para. Por fortuna, su portentoso talento es una fuerza renovable.

Luisana Castillo, recordando sus lecturas tempranas de la poesía de Jaime Gil de Biedma, usó una frase de éste dirigida a Ferrater para decirle una tarde memorable a Guy Monod: "El exceso de tu inteligencia puede perderte. Pero no. Es precisamente lo excesivo de la misma lo que te salvará de ser sólo inteligente". La aparente paradoja de Ikako Kazabe (marca creada, por cierto, por Monod) dio en el clavo: todo en Guy Monod es desmesurado. Algebra y fuego, como diría Borges, le son connaturales. Capaz de diseñar y describir botellas de Leyden, así como de llenarlas de vino y bebérselas durante interminables madrugadas con sus compinches neonachistas. Apto para resolver teoremas tipo Fermat, pero también para anularlos poéticamente ipso facto y sin clemencia científica alguna. Todas esas cualidades de Monod han hecho que el Turco Najul, mencionando uno de los nombres de Guy, diga de él: "Es el Félix de los ingenios".

Heredero de Breton, no sólo en su devoción por México, sino también -y sobre todo- en el amor loco: sólo adora a su Nadja, rubia, inconcebible, radiante, esplendorosa.

Monod tendrá una estatua, pero no por ser el padre y pope del neonachismo, sino por héroe petrolero. Pero les aviso: el mismo Monod derribará la estatua en una fiesta neonachista que cambiará de nuevo al mundo.

Dijo Octavio Paz: "Hablar de Guy Monod con un lenguaje que no sea el de la pasión, es traicionarlo".

Guy Monod Posted by Picasa

Tuesday, September 20, 2005

Henri S. Leprince


Leprince

Alfonso Reyes dijo una vez que era preferible repetirse que autocitarse. Así que repito acá un comentario dejado en el buzón de otro blog:

HENRI SIMON LEPRINCE

No podemos fiarnos del recurso retórico de Henri S. Leprince para hablar de Henri S. Leprince. Es el viejo truco de la modestia que no tiene por qué ser falsa (en su caso no lo es).

Leprince es, probablemente, el más cálido y amable de los escritores neonachistas. Sus imágenes suelen ser precisas, pero con la precisión inefable de lo emotivo. Si bien maneja la certeza fría y brillante del ingenio, no hace descansar en éste el peso mayor de sus propósitos literarios.

Se inició en la literatura como cicerone barquisimetano de Sergio Pitol, a mediados de los noventa. Durante una semana en el legendario TIJEL (Taller Internacional de Jóvenes Escritores de Latinoamérica y España) aprendió lo suficiente como para emprender por sí mismo un camino estético original. Se propuso, entonces, no ser un escritor: se juró a sí mismo que sería una literatura y a fe que lo está logrando.

La carrera literaria de algunos de los asistentes al TIJEL (L. V., I.T, etc.) se debate actualmente entre frustraciones editoriales y arduos esfuerzos por entrar en el canon internacional de la narrativa. El silencioso outsider Leprince, en cambio, sonríe ahora desde la placidez de la blogosfera, contemplando cómo su obra crece en lo que lee, en lo que escriben él y sus amigos, en lo que sueña, en lo que imagina, en lo que deja de escribir o leer y en lo que la máquina del Turco Najul está por depararle.

Leprince mueve piezas desde Madrid con sólo pensarlas. Tiene el poder genuino del neonachismo en su guitarra.

Monday, September 19, 2005

Museo de la novela de la Eternidad neonachista


Miles Davis

No es la primera novela escrita en la blogosfera, pero sí debe ser una de las más apasionantes. Se escribe a sí misma. Nadie sabe ni intuye cómo termina, si es que termina. Nadie sabe cómo empezó, si es que empezó realmente. Es una novela plural que se va haciendo y deshaciendo. Es la novela del neonachismo. La novela que va escribiendo a sus autores.

(La foto del boxeador Miles Davis es una las imágenes más célebres del jazzismo neonachista).

Saturday, September 17, 2005

El visible color de los tigres


Borges

El inevitable Borges, ya ciego, sólo veía sombras y tigres, mientras sus manos ansiaban otra cosa. Copio:

EL ORO DE LOS TIGRES

Hasta la hora del ocaso amarillo
cuántas veces habré mirado
al poderoso tigre de Bengala
ir y venir por el predestinado camino
detrás de los barrotes de hierro,
sin sospechar que eran su cárcel.
Después vendrían otros tigres,
el tigre de fuego de Blake;
después vendrían otros oros,
el metal amoroso que era Zeus,
el anillo que cada nueve noches
engendra nueve anillos y éstos, nueve,
y no hay fin.
Con los años fueron dejándome
los otros hermosos colores
y ahora sólo me quedan
la vaga luz, la inextricable sombra
y el oro del principio.
Oh ponientes, oh tigres, oh fulgores
del mito y de la épica,
oh un oro más precioso, tu cabello
que ansían estas manos.

(Jorge Luis Borges, El oro de los tigres)

Poemas para el tigre (a Tigre Garmendia, dedico)

Un mexicano, por cuyos títulos hace poco pasó la vista de Guy Monod (no sé si lo recuerda) ha dedicado dos de sus excelentes libros de poemas a la maravillosa fiera. De uno de ellos tomo este texto:

"El tigre en celo
es como un pozo de semen,
como un brazo de río:
más de cincuenta veces en un día
copula y se descarga largamente en la hembra,
como un cielo encendido en éxtasis perpetuo,
una tormenta de erecciones.
Y la hembra que aúlla o vocaliza
con su voz de contralto,
cómica y dolorosa,
pornográfica y mártir,
espera al tigre que la ronda sin tregua
como una tea, como un astro poseído e hirsuto.
Las fieras se acarician, Rubén,
bajo las vastas selvas primitivas.
Es el gran circo del sexo
en inconsciente y arrobada
soledad acróbata.
Al alba, cuando las bestias lujuriosas duermen,
parece oler a sexo, también a carne macerada,
en dos kilómetros a la redonda
y un resplandor ligero emana de ese olimpo
en que la prole
del que podría preñar en horas a doscientas tigresas
es grandioso rescoldo y ya apaga
como un fuego de siglos,
cesa como un viento,
cede como un canto".

(Eduardo Lizalde, Caza mayor)

Friday, September 16, 2005

Tigres


El tigre blanco: preside el occidente;
le corresponde el otoño y los metales.

"En la infancia yo ejercí con fervor la adoración del tigre..."
(Borges)

El tigre de la Malasia.
El tigre de William Blake, de aterradora simetría.
El tigre de Bengala.
El tigre rayado, asiático, real.
El tigre overo.
El tigre de los camalotes del Paraná.
El tigre de la confusión amazónica.
El tigre rayado, asiático, real.
El tigre de las márgenes del Ganges.
El tigre vocativo de mi verso.
El tigre fatal, la aciaga joya.
El tigre de los símbolos.
El tercer tigre.
El otro tigre, el que no está en el verso.
Los tres tristes tigres.
Tiger Woods.
Dick Tiger.
El Tigre de Gales: Tom Jones.
El Tigrito de Venevisión (vade retro).
Los tigres de la Mesa de Guanipa: El Tigre y El Tigrito.
El Tigre de Carayaca.
Mano e`Tigre Bustamente.
El Tigre Clemençeau.
El Tigre E. Fernández (nada es perfecto, ni siquiera este catálogo).
El Tigre que no come tigre (y si lo come, lo vomita).
El Tigre que come por lo ligero.
Tío Tigre (sin Tío Conejo).
Los Tigres de Aragua.
Los Tigres del Licey.
Los Tigres de Detroit.
El Tigre del suicidio de Leopoldo Lugones.
El tigre de papel.
El tigre de Winnie Pooh.
La tigresa o todas las tigresas de vida alegre.
Los tigres del Annam (cinco, dice Borges).
Los tigres de Dalí.
El tigre de Zucarita.
El tigre del horoscopo chino.
El Tigre de Guaitó.
El Tigre Encaramao.
El Tigre de las Nieves, Tenzig Norgay.
El CyberTiger, desde donde se conecta Guy Monod.
La banda de música "Le Tigre".
El tigrito del chimó El Tigrito.
Y qué le vamos a hacer:
El Tigre Garmendia.

A cada uno de estos tigres le llegará su sábado.

Friday, September 02, 2005

Monod, Morelliano y Cuyagua

Sólo para consignar lo que creo una certeza:

Monod propuso un Tetragrámaton como pista segura para acceder al misterio del Manifiesto Neonachista. Creo que tiene razón en la idea. Morelliano, en un comentario reciente le ha hecho una ligera modificación a la propuesta monodiana. Cree que la primera letra del Nombre es la "M", siguiendo la sospecha fundada de Henry S. En verdad, la "M" es recurrente: Monod, Morelliano, Madrid, Martín, Machado, María, Marta, etc.

Faltan tres letras, pero es un comienzo firme. Estoy seguro de que Izzy Cuyagua está ya aportando pistas muy confiables.

Una arquitecta que se encuentra actualmente en Barbados va a dar datos de mucho valor. Recuérdese que en el terreno de las investigaciones difíciles los espacios laberínticos cuentan.