Sunday, August 06, 2006

Recordando a Lezama Lima


Trocadero 162

Para llegar al 162 de Trocadero
(Permiso para un leve sobresalto).

Me tocó llevar a un lezamiano que tenía pendiente desde hace mucho el ceremonial de la visita. Fue una tarde de febrero, después de un almuerzo en La Zaragozana. Pasamos por el Parque Central y caminamos una parte del mítico Paseo del Prado. “Estamos haciendo su ruta”, pensamos, metidos ya en el ritual viajero de los lectores fetichistas.

El Eros de la lejanía nos iba acercando poco a poco. Y así llegamos. No hubo, entonces, más palabras celebratorias. La casa del análogo estaba cerrada esa tarde. “Ah, que tú escapes en el instante/ en el que ya habías alcanzado tu definición mejor”. No. No dijimos los famosísimos versos de Lezama en esa ocasión. Tratamos de mirar por la ventana. Y nada. No había anuncio alguno sobre el horario del Museo Lezama.

Resignados, tomamos unas fotos y leímos en el inmueble de al lado un aviso que decía: “Se permuta una casa por dos apartamentos. 2do. piso”. El azar o la precisa negligencia de los funcionarios quiso que Gonzalo Ramírez conociera sólo la fachada del más legendario de los lugares lezamianos. Pudo sí acariciar las columnas salomónicas e imaginarse que Valenzuela ya tenía regadas sus doce orquestas en el Parque Central para reivindicar la hipertelia o para conjurar una vivencia oblicua tan fascinante como imposible.

Angel de la Jiribillla, ruega por nosotros.

P.D: El próximo miércoles 9 se estarán cumpliendo 30 años de la muerte de José Lezama Lima. Su obra apenas comienza.

1 comment:

Diana said...

¿Es posible leer Paradiso? Lo pregunto porque me ha sido difícil hacerlo. Intentaré de nuevo hasta logar el enganche.