Saturday, September 19, 2009

La caravana pasa

DISCURSO DEL RECTOR EN EL ACTO DE LA QUINTA GRADUACION DE LA UNEY

Celebra nuevamente la UNEY un acto de graduación. Ya nos va pareciendo sencilla y rutinaria esta ceremonia de la culminación académica. Pero como muchas de las apariencias, también ésta es engañosa y parcial. Sobre todo parcial, porque responde sólo a la perspectiva de quienes estamos de este lado del auditorio. Para la mayoría de los presentes es un acto inédito, que habrá de recordarse, además, como un momento único en la vida. Y pensando bien el asunto, también para nosotros es un acto diferente a los anteriores. Lo es, no sólo por el hecho de que lo realizamos en el año de nuestro décimo aniversario, y ello le confiere cierto carácter simbólico que a todos nos imanta, sino también porque cada acto de graduación es especial, como distinto es el tiempo en que ocurre… No olvidemos las viejas enseñanzas de la física… Pero más que eso, su rasgo específico lo otorga la emoción particular con que cada uno de nosotros lo vive. Y las emociones no están en los libretos ni en las actas, ni son repetibles, aunque sean inolvidables. Sé que vivo este momento de una manera nueva y podría auxiliarme con el talismán de un viejo dicho para recordar que este es el quinto acto de graduación que realizamos y que, desde luego, “no hay quinto malo”, lo que podríamos tomar como una fortuna para ustedes, graduandos, marcada en las cartas de la sabiduría popular. Sin embargo, todos sabemos que los destinos sólo pueden forjarse con nuestro esfuerzo, aunque la ayuda de los astros o de los dioses nunca sea enteramente descartable.

Coincide esta graduación con un momento importante para la educación venezolana. Hace apenas un mes entró en vigencia una nueva Ley Orgánica de Educación, cuyo contenido comporta, entre otras cosas, un vigoroso impulso a la integralidad del conocimiento, a la creación intelectual y artística, al deporte y a la recreación, al conocimiento y preservación de nuestra memoria histórica, a la flexibilidad de las estructuras académicas, a la indispensable participación ciudadana en las instituciones educativas y a la interculturalidad como un camino idóneo para la verdadera democracia. Como ven, buena parte de esos principios y objetivos se los ha venido planteando la UNEY como institución innovadora dentro del ámbito universitario de Venezuela. Por ese motivo, hemos recibido esta novísima Ley con beneplácito y regocijo y no sólo con adhesión y acuerdo. Sabemos, sí, que el camino para su aplicación no es fácil, como tampoco lo ha sido para nosotros la apertura hacia horizontes distintos, creativos e incluyentes. Editar algo nuevo, auténticamente nuevo (no la reedición de viejos modelos o estructuras) siempre va acompañado de algún dolor, por la sencilla razón de que editar es parir. Y en eso estamos nosotros y está el país.

Se ha dicho que la nueva Ley pretende politizar las aulas. Al respecto me limito a recordar lo que escribió hace más de cincuenta años el gran humanista trujillano Mario Briceño Iragorry: “Si hubiera deseos de hacer una república encuadrada dentro de los severos lineamientos del orden y de la libertad, se crearían en las universidades una, dos, tres cátedras destinadas a hablar y a discutir de Política. A discutir y a hablar de Política con mayúscula. Justamente lo que la juventud ha necesitado y continúa necesitando es que se le hable magistralmente de sus deberes y de sus derechos políticos”. Por cierto, hace pocos días me enteré de que por un decreto regional a la Biblioteca del Estado Trujillo le arrebataron el nombre de “Mario Briceño Iragorry”, por motivos impresentables en cualquier escenario que se considere serio y que piadosamente voy a omitir ahora. Pienso que una de las razones de ese atropello contra el patrimonio cultural de Venezuela es, precisamente, la falta de formación política. Todavía carecemos de ella, a pesar de los recientes esfuerzos de superación. Sin duda, los valores que encarna el nombre de Mario Briceño Iragorry no pueden ser borrados por nadie, menos aún por el infeliz decreto de algún gobernador ignorante o mal asesorado. Pero el hecho es escandalosamente sintomático y revela la inmensa necesidad de comenzar a aplicar la novísima Ley Orgánica de Educación para la formación, no sólo de mejores ciudadanos, sino también de mejores dirigentes.

Ayer realizamos una hermosa e interesantísima jornada de reflexión sobre uno de los aspectos más relevantes de la citada Ley, en materia de cultura: la educación intercultural y bilingüe. Nos acompañaron dos de nuestros Doctores Honoris Causa: Esteban Emilio Mosonyi y Jorge Pocaterra, así como la eminente profesora María Eugenia Villalón, de la UCV. Ponentes y participantes coincidimos en apuntar la enorme dificultad que representa iniciar el ejercicio consciente y cotidiano de una acción educativa intercultural en un país que durante siglos invisibilizó las otredades y cultivó con esmero la hegemonía de una sola visión del mundo y de la vida. Y que hizo algo peor: desde esa misma visión reductiva y empobrecedora se dedicó a destruir o a desvirtuar lo más valioso de nuestro patrimonio.

El afán por el poder e incluso, por los pequeños poderes, no tiene límites. En su desmesura corre el amok y se lleva por delante todo lo que encuentra. Y así pasó entre nosotros. Y aún sigue ocurriendo, pese a los vientos de cambios favorables que ahora soplan con más fuerza…

Les refiero la jornada de ayer porque quiero extraer de ella un ejemplo de lo que nos hemos venido proponiendo como universidad: recuperar el diálogo con todas las culturas, conociéndolas y reconociéndolas primero, no para armar un curriculum o un plan de estudios, o una carrera o un postgrado, sino para algo más trascendente: para una mejor convivencia entre los hombres y mujeres de estas tierras, sin discriminación de ningún tipo. Ello supone la ruptura con ciertos dogmatismos a los que vivimos aferrados, algunos de los cuales nos negamos a ver como tales: uno es, sin duda, el de la certeza epistémica, pretendido monopolio de nuestras “ciencias” duras o de nuestras “ciencias”, en general. Por haber sucumbido a una deplorable asimetría epistemológica, nos hemos negado a la inmensa riqueza de otros saberes y de otros conocimientos, lo que ha significado, además, ignorar otras memorias y otros tiempos, porque no sólo existe una diversidad de culturas. Existe también una diversidad de biografías y de calendarios, vividos individualmente o en comunidad, en lugares que desconocemos aunque los hayamos visitado alguna vez o los tengamos al lado o enfrente. Nosotros, pobres cultores de la tecnología, navegamos con soltura por internet, nos globalizamos en la banalidad por facebook y por twitter, pero no sabemos de dónde vino nuestro idioma (ni menos aún, a dónde se fue o se está yendo), dónde están nuestras raíces y cómo es que han sobrevivido en la selva amazónica los ríos y los hombres, si es que despertamos de nuestro sueño de consumos y reparamos en que allí hay hombres o ríos o que simplemente existe ese lugar de América, más allá de un punto señalado en el mapa virtual que consultamos en la red, cuando nos da por ser curiosos. Lastimosamente, tenemos mucho tiempo sin preguntarnos algo que valga la pena.

Sería bueno pensar un poco en lo que ayer nos decía Jorge Pocaterra: los derechos lingüísticos no se refieren sólo a los idiomas. Se refieren también a nuestra cocina, a nuestras danzas, a nuestros juegos, a nuestras creencias, a nuestros árboles, a nuestros pájaros. Pensando en esas cosas he confirmado una vez más que la universidad del futuro será intercultural o no será universidad. Sólo así podrá dejar de ser indiferente a los gravísimos problemas que confronta el cuerpo social que la alberga. Si para ello tiene que transformarse por completo, que lo haga, pues, sin temor a las barreras erigidas precisamente para que ella no cambie (reglamentos o prácticas), tal como estaba el guardián de la Casa de la Justicia para que allí no entrara nadie, según la descarnada observación de un judío de Praga llamado famosamente Franz Kafka.

Atendamos los buenos ejemplos del trabajo a contracorriente. Acá, en la UNEY, lo estamos haciendo y por eso hemos iniciado el programa Darcy Ribeiro, para dejar de ser guardianes kafkianos de las aulas y respaldarnos en una trayectoria ejemplar de la cultura latinoamericana: la de quien llegó a decir que había creado una casa de estudios universitarios novedosa como la de Brasilia y había marcado un deslinde con los anteriores modelos, por la sencilla razón de que no había sido socializado en ninguna universidad, sino en una comunidad indígena del Brasil.

Graduandos: hoy comienzan un recorrido distinto y más atractivo. Ya no tienen un horizonte único: concluir estudios y graduarse. A partir de este momento, tienen muchos horizontes, muchos caminos. Y los tienen, si saben verlos, dentro de ustedes, en toda su plenitud.

Como las experiencias que vivirán no estarán exentas de algún apremio, este viejo que ya soy recomienda la lectura de unos versos de Rubén Darío, para seguir transitando por la inevitable refriega civil de los nacidos:

Pasó una piedra que lanzó una honda;
pasó una flecha que aguzó un violento.
La piedra de la honda fue a la onda,
y la flecha del odio fuese al viento.

La virtud está en ser tranquilo y fuerte;
con el fuego interior todo se abrasa;
se triunfa del rencor y de la muerte,
y hacia Belén… ¡la caravana pasa!”



Freddy Castillo Castellanos.
San Felipe, 18 de septiembre del 2009.

Sunday, September 13, 2009

Víctor Hugo Morales

Víctor Hugo Morales

Una razón más para admirar a Víctor Hugo Morales:


Saturday, June 06, 2009

Armando Hart o ese sol del mundo moral

Armando Hart Dávalos despupes de ser investido de la condición de Profesor Honorario por parte de 15 universidades venezolanas

Quiero expresar el inmenso regocijo que significa para mí haber sido honrado con el compromiso nada fácil de hacer una breve semblanza del intelectual, político y maestro cubano Armando Hart, en la oportunidad en que le es conferida, por sus indiscutibles méritos, la distinción de Profesor Honorario de las universidades bolivarianas de Venezuela.

Hombre de la educación y de la cultura, Armando Hart es, por encima de todo, un humanista de la revolución cubana, gesta histórica de dimensiones universales que sigue ofreciéndole a todos los pueblos del mundo, elocuentes y efectivas lecciones de generosidad, de resistencia y de heroísmo. Es imposible rendir homenaje a este ilustre intelectual, sin que a la vez celebremos el socialismo de Cuba, sus luchas, sus 50 años de historia y sus logros irreversibles y certeros, así como las cruentas batallas que en la década de los cincuenta, bajo el firme liderazgo de Fidel Castro, permitieron el triunfo insurreccional del 1 de enero de 1959. Digo que es imposible hacer ese deslinde porque el nombre de Armando Hart se encuentra estampado de modo indeleble en cada una de las etapas de la Revolución: en su origen, en su defensa, en su consolidación y en su indetenible despliegue hacia el futuro.

Armando Hart nació en La Habana el 13 de junio de 1930. Así que dentro de seis días estará de cumpleaños y será ocasión para que usemos esa bella fórmula que él suele emplear para sus amigos cumpleañeros y que podríamos adelantarle esta tarde: “Somos nosotros los que debemos felicitamos porque él nació ese día”. También podríamos decirle aquellos famosos versos habaneros de Lezama, con un leve retoque: “Nacer allí es una fiesta innombrable” porque “la mar violeta añora el nacimiento de los dioses”.

En sus años de estudiante se incorpora a la actividad política, al lado de los pobres y de los rebeldes. Se gradúa de abogado en 1952 y coloca sus conocimientos jurídicos al servicio de la causa revolucionaria, como lo demostró tempranamente en la defensa del profesor García Bárcenas en el año 53. Desde entonces, sus conocimientos están al servicio exclusivo de la justicia, una palabra esencial en el ideario de nuestro eminente Profesor Honoris Causa. Podemos afirmar que su vida profesional ha sido (y es) la vida de un luchador a tiempo completo. Por esa razón todos los esbozos biográficos que sobre él se han escrito dan cuenta de una persistente y armoniosa conjunción de acción y pensamiento.

Heredero espiritual de los grandes forjadores de la eticidad cubana, Armando Hart ha sabido articular la tradición intelectual de su país con los principios filosóficos marxistas, procurando leer y auscultar la singularidad de Nuestra América. De allí su antidogmatismo, de allí su cubanidad, de allí su conocimiento entrañable de Varela, de Luz y Caballero y de Martí, por mencionar una trilogía que le es cara, como veremos en estos párrafos suyos que me permito citar:

Varela fue el primero que nos enseñó a pensar; Luz y Caballero a conocer y Martí, con base en esa tradición, a su genio y generosidad, a actuar. Pensar, conocer y actuar están en la raíz de la cultura del siglo XIX cubano. Su valor se encuentra en que es parte inseparable de la cultura latinoamericana y caribeña, que nos representamos en Simon Bolívar, José Martí y los próceres y pensadores de la América de los trabajadores, tal como la caracterizó el Apóstol cubano”.

Ver en nuestro pasado las luces que fueron encendiendo pensadores y políticos preteridos o leídos tendenciosamente por ciertas élites, es una tarea indispensable para quien esté comprometido con la educación transformadora y con un proceso revolucionario. Lo hizo y hace Armando Hart en Cuba. Su trato profundo con la obra de José Martí lo convierte en ejemplo de cómo enriquecer la construcción del socialismo con los valores de nuestra memoria cultural. En un Consejo de Ministros, en 1959, mucho antes de que en Cuba se proclamara el socialismo, Hart dijo estas palabras:

Para entender a Fidel hay que tener muy presente que está promoviendo la revolución socialista a partir de la historia de Cuba y América Latina y del pensamiento antiimperialista y universal de José Martí”.

Más tarde, en un ensayo titulado “Cómo llegamos a las ideas socialistas y por qué las defendemos”, escribirá:

La ética de José Martí, sus análisis sobre el imperialismo y el aliento llegado de la Revolución de Octubre, eran patrimonio espiritual de los jóvenes cubanos. También influían en nosotros las ideas de la Revolución Mexicana, la gesta contra la agresión yanqui de Augusto César Sandino y las luchas de los pueblos de América contra los gobiernos opresores, de igual forma nos influían los combates a favor de la República española. Esas causas estaban en lo más profundo del alma juvenil cubana. Por eso Fidel en el juicio oral efectuado por el asalto al cuartel Moncada, respondió al fiscal ante una pregunta de rutina, que José Martí había sido el autor intelectual de aquellas acciones”.

Haber insistido en el carácter particular de su acervo cultural revolucionario es uno de los aciertos del proceso cubano. Su crecimiento es vigoroso porque posee bases auténticas y fuertes y, como se sabe, sólo lo que tiene raíces propias es capaz de sostenerse. Pienso que es indiscutible reconocer en Armando Hart a uno de los adalides de esa encomiable línea maestra que los venezolanos ahora sabemos más necesaria que nunca para iluminar la ruta de cambios que hemos iniciado. Esta revolución es bolivariana, como martiana lo es la de Cuba, no sólo por filiación política, sino, sobre todo, por filiación ética. Es éste el punto al que Hart le otorga una centralidad estelar. Así, ha dicho:

En la ética y en la política culta está la clave para encontrar los nuevos caminos del socialismo. Esta es la enseñanza que nos brindan Martí y Fidel, y yo no he sido más que un modesto aprendiz de los dos más grandes políticos que ha dado Cuba: Fidel y Martí. Fue a partir de la universalidad de Martí que me hice marxista en los tiempos en que entraba definitivamente en crisis el pensamiento soviético”.

Que nuestro Profesor Honorario se autocalifique de “modesto aprendiz” es otra lección de su grandeza, pero no me voy a detener allí. Lo importante es lo que comporta ese discipulado: una reivindicación del humanismo, un llamado de atención acerca de la cultura y la educación como fuerzas motrices de los cambios. Por ser mucho más que un “aprendiz” aventajado Armando Hart puede exhibir hoy en día en su larga trayectoria los resultados de su merecidamente aclamada gestión como ministro, primero en Educación y después en Cultura. Fue el primer ministro de Educación de la Revolución y el primer ministro de Cultura de Cuba. Desde la cartera educativa dirigió el más importante y efectivo programa de alfabetización llevado a cabo en América Latina. Y algo más: reconoció en el maestro de escuela a un trabajador fundamental de la revolución, recuperando y preservando su dignidad y sus saberes, disminuidos o despreciados por quienes en otras latitudes convirtieron a la educación en una mecánica sin alma. Como ministro de Cultura tuvo a su cargo la puesta en marcha de una red de instituciones artísticas donde lo fundamental fue y es la formación integral de los talentos humanos. Le correspondió, además, arbitrar una política de amplitud para superar lo que en Cuba se conoce autocríticamente como el “quinquenio gris”, amplitud que ha tenido continuidad en la fecunda gestión de uno de sus discípulos: el escritor Abel Prieto.

La universidad venezolana tiene muchas cosas que aprender de Armando Hart. Todavía perviven, entre nosotros, casas de estudios que rinden culto al conocimiento elitesco, a la fragmentación de la ciencia y las humanidades, a la arrogancia epistémica y a la autonomía sin responsabilidad social. Todavía persiste entre nosotros un modelo anacrónico que es el caldo de cultivo perfecto para la mediocridad, para el pragmatismo y los cenáculos gremiales que sólo se ocupan del reparto de prebendas y que se niegan a pintar de pueblo a la universidad, como quería el Che Guevara. Porque estamos conscientes de que debemos crear una universidad nueva, distinta, necesaria y útil para la construcción de una nación libre, solidaria y justa, hemos encontrado en el pensamiento, en la acción y en el ejemplo de Armando Hart una fuente idónea para orientarnos en el cumplimiento de ese compromiso. Sabemos que en todo lo que hacemos hoy en día no sólo están en juego nuestras universidades o nuestras naciones. Está en juego el ser humano, especie en extinción, como dijo un día Fidel Castro.

Recordemos unas palabras de nuestro homenajeado:

Es necesario propiciar una cultura donde no existan antagonismos entre ciencia y ética, ni entre ciencia y fe en Dios. (…). Es indispensable situar la solidaridad, la capacidad humana para asociarse a favor de propósitos colectivos, en el centro de un empeño renovador orientado por el esfuerzo científico, tecnológico y profesional de todas las ramas del saber hacia los fines de promover la justicia entre los hombres, sin fronteras ni distinciones.”

Los universitarios que hoy estamos acá queremos exaltar también la limpia condición humana de Armando Hart. Me refiero al temple y la entereza de su claridad interior, de su fortaleza íntima, a prueba de adversidades. Es, sin duda, un hombre virtuoso, en el sentido viril que la etimología latina le imprime a ese vocablo. Así deberíamos ser todos. Si lo fuéramos, probablemente, la humanidad sería menos un valle de lágrimas y más un territorio de la alegría compartida.

Para las universidades que hoy nos hemos congregado, en compañía del Ministerio del Poder Popular para la Educación Superior, con el ministro Acuña y su equipo, este acto tiene un significado adicional: es la primera vez que realizamos juntos una actividad académica de esta naturaleza. Si bien hemos compartido numerosas acciones en otros ámbitos (incluido el de la academia, desde luego), no habíamos vivido antes un momento como éste, que nos fraterniza en un ejercicio común de admiración y que nos enlaza en el reconocimiento a un hombre íntegro, que a partir de hoy se convierte en Profesor Honorario de todos nosotros.

El ha citado muchas veces las precursoras frases de Luz y Caballero con las que quiero concluir mi intervención, para estamparlas en el Arbol cuya sombra protege a nuestras universidades bolivarianas:

Antes quisiera, no digo yo que se desplomaran las instituciones de los hombres –reyes y emperadores-, los astros mismos del firmamento, que ver caer del pecho humano el sentimiento de justicia, ese sol del mundo moral”.

He dicho.

Freddy Castillo Castellanos
Caracas, 03 de junio del 2009

Sunday, May 24, 2009

¡Dinos algo de izquierda, por favor!


No hace mucho un dirigente político ex-comunista hablaba con sapiencia contemporánea en un nutrido acto público. Se refería a la democracia y su eficiencia, a las posibilidades de consenso y de concertación, así como a la calidad gerencial de los demócratas auténticos. En pocas palabras, hablaba de “gobernanza” y de cómo se debía avanzar hacia espacios civilizados de concordia política, vedados hasta ahora por la “intransigencia” de doctrinas cuya “vetustez” ya nadie se atreve a poner en duda, so pena de incurrir en la más patética de las ridiculeces conceptuales. Nuestro personaje peroraba con vocablos de nuevo cuño, por supuesto, lejos de la jerga romántica que usara en su juventud y que los “renovados” ámbitos de la ciencia política tienen hoy como objeto de inclemente escarnio. El auditorio estaba gratamente impresionado por las citas precisas, por la corrección de las frases y por lo moderno y sensato de las propuestas del académico, periodista de opinión contundente y notable cantor de palinodias. Dibujaba el orador un mapa político de diálogos, donde el valor de la tolerancia pasaba a convertirse en una bellísima proclama de convivencia. Postulaba nada menos que la “democratización de la democracia”, mediante el carácter deliberativo de todas sus instancias e intersticios, clubes privados incluidos, familias incluidas, matrimonios incluidos. No faltó, por supuesto, la referencia a la teoría de la justicia de John Rawls, para tomar de inmediato una prudente distancia reflexiva con el célebre neokantiano, sin dejar de reconocer sus méritos –todo hay que decirlo-, así como los de Habermas y Rorty, a quienes aludiría más adelante, para dejarlos también arrumados en la gaveta de las tesis respetables pero superadas. El discurso del moderno dómine despertaba fascinación por su realismo, su comprensión total de la globalización, su esmerado deslinde con utopías anacrónicas y su retórica brillante que demostraba un inequívoco afán de “estar al día”, tanto en lecturas como en los más recientes avances científico-sociales. En armonía absoluta con las líneas maestras de la postpolítica, nuestro “moderno” no ocultaba su desprecio cuando se refería al “populismo” de ciertos líderes latinoamericanos que, según él, marchan a contracorriente del progreso y se empeñan en reeditar “modelos obsoletos e idearios fracasados”. Y así, trazando la ruta de una democracia donde no debe haber adversarios, sino contertulios, fue discurriendo el correctísimo tribuno y profesor de novedades, hasta que alguien del público lo interrumpió con esta frase: “¡Dinos algo de izquierda, por favor!”.

La “faltaderespeto” no era más que una “nostálgica”. Así la calificó el orador interrumpido. Era una nostálgica sincera que no había tenido la intención de incordiar al puntilloso auditorio ni menos aún al ilustre conferencista que con desdén, desde su olimpo, acababa de perdonarle la vida. Por el contrario, admiraba al destacado intelectual que había labrado su carrera política en las filas de la izquierda y que terminaba de enfatizar con verbo equilibrado las plausibles ventajas de los espacios de participación de la sociedad civil ilustrada en la solución de los conflictos, en la creación de una economía mixta y en la conducción de los procesos educativos y culturales del país.

La frase “¡Dinos algo de izquierda, por favor!” sonó como un portazo que fue a la vez “un signo de interrogación”, por decirlo con un verso de Joaquín Sabina. Abrió la brecha de algunas emociones. Si bien recibiría de seguidas el rechazo de la razón clamorosa del aséptico auditorio, hubo quienes en su interior sintieron realmente que se podía también “decir algo de izquierda” o simplemente, volver a llamar las cosas por su nombre: al adversario, adversario; al capitalismo, capitalismo; al imperialismo, imperialismo; al pan, pan y al vino, vino.

Poner al desnudo el circunloquio vacío que tanto nos gusta a los universitarios, así como la claudicación de ciertos intelectuales ante ideales que se creían sepultados por completo, fue lo que hizo esa voz femenina anónima con apenas seis palabras. Y es lo que vienen haciendo algunos políticos en América Latina, con algo más que palabras, corriendo riesgos mayores al de ser llamados “trasnochados” y “demagogos”. Uno de ellos, Hugo Chávez, tomó en sus manos una nostalgia partisana para convertirla en propuesta revolucionaria en acción, cometiendo todas las “incorrecciones políticas” indicadas como tales en los libretos de la “gobernanza” y se atrevió desde hace diez años a desafiar a una hegemonía que se percibe a sí misma como dueña del planeta.

P.D: Un artículo de Rafael Argullol refiere la anécdota de donde tomé la escena (sólo la escena) del discurso y el grito indeleble de la mujer que quería oír "algo de izquierda". Lo demás ocurre en Venezuela.

Saturday, May 16, 2009

Misteriosa Buenos Aires

Thames y Corrientes (antes Thames y Triunvirato)

Buenos Aires no se repite. Siempre se descubre en ella algo nuevo, tanto en las calles que no habíamos recorrido antes, como en los sitios habituales. Esta vez descubrí un árbol de ramas inconsolables, una esquina que es todas las esquinas, un aviso en un idioma que desconozco, un edificio escondido, una luz vespertina, una palabra remota, una escultura de Rodin, una plaza que parece bordada sobre la tierra, una revista, una magnolia, una sonrisa en Villa Crespo, un perro bostero en La Boca, una mujer que se cambiaba de ropa en la confitería, un poema de Miguel Angel Bustos, un río subterráneo, una merluza negra en el Dora, un escritor novísimo llamado Borges (el otro, el mismo) que sigue inventando la ciudad e inventándose, una escena de tango en San Telmo, una librería donde todos los libros son maravillosos, una tertulia en Belgrano, una nostalgia metafísica, un parecido con no sé qué, un loco nuevo en el Bajo, una casa espectral en Palermo, un desfile mítico en Callao, una musica callada, un sereno amanecer en La Recoleta...
Buenos Aires es el aleph.

Sunday, April 05, 2009

Adiós a Alfredo Marcano

Alfredo Marcano con sus amigos en la UNEY. A su izquierda: Pedro Gómez y el perfil asomado de Morochito Rodríguez. A su derecha: José García y Kikí Rojas. La mano sobre el hombro de Alfredo es de Delmar Paisán.

Mariano Alvarez me despertó esa mañana, tal como lo habíamos convenido. Digo Mariano y no Marianito porque el cómplice de mi madrugón de ese día de julio del 71 fue realmente el padre del gran actor homónimo. No recuerdo, por cierto, si éste se levantó igual que nosotros a ver la pelea. Seguramente no. Otras agonísticas ocupaban sus sueños. Lo cierto es que ahora me veo, frente al televisor, sufriendo con el viejo Mariano, en la quinta San Eugenio de la calle Motatán, en Colinas de Bello Monte. Nuestro campeón estaba perdiendo ostensiblemente la pelea. Y casi llorábamos. Sabíamos que para ganar en Tokio había que hacerlo por nocaut y tal como iban las cosas esa posibilidad era imposible. Pero de repente se desató una furia invulnerable y no hubo fuerza humana ni divina que la detuviera. Bruscamente se voltearon los papeles y la contundencia letal del venezolano hizo estragos en el japonés Kobayashi. Golpe a golpe. Verso a verso. El cumanés ese día era un orfebre.
La increíble recuperación de Alfredo Marcano hizo que no sólo Cumaná estallara en gritos. Todo el país festejó al unísono. Creo que nada más emocionante ha ocurrido en la historia del boxeo venezolano. Mariano y yo la vimos, sin saber aún que contemplábamos una maravilla histórica, que asistíamos a una apoteosis nacional del ring. También nosotros saltamos de nuestras sillas y nos abrazamos cuando se produjo el glorioso desenlace: Alfredo ave fénix, Alfredo Marcano resurrecto, devolviéndonos el orgullo de ser fanáticos de un deporte que poco después comenzaría a tener muy mala prensa. Ese año no, por supuesto. Como recordarán algunos, 1971 fue el “annus mirabilis” del boxeo criollo. Fue la época en que anduvimos por el mundo exhibiendo los cinturones de cuatro campeones mundiales.
No existe euforia deportiva que recuerde con mayor nitidez. Sé que muchos venezolanos vivieron igual que Mariano Alvarez Perera y yo esa límpida madrugada. Pero también, sé que hoy en día, casi nadie la conoce. Y lo que es peor: que quienes supieron de ella, ya no la recuerdan con la sensual vivacidad que merece ese inmenso momento de la patria. Así pasa en estas tristes comarcas de la desmemoria. Y pasa también con un deporte que pocos seguimos amando con fervor.
Hoy nos llega la mala nueva de que Alfredo Marcano ha muerto en Cumaná, su tierra de abolengo inigualable. Desde la UNEY, que orgullosa lo albergó unas horas, se nos ocurre citar los demoledores versos de un tango:
Hay veces que la vida te desploma/ con un gancho de izquierda justo al alma…”

Friday, January 02, 2009

Primer día del año con Borges

Quintana, entre Rodríguez Peña y Montevideo

Quintana 263. Allí Borges y Bioy inventaron a Bustos Domecq




Pueyrredón y Las Heras. En el quinto piso de ese edificio vivió Borges

02-01-09: Segundo día del año. Martín duerme todavía. Son las ocho y diez minutos en esta ciudad de Borges que hoy sigue fresca. La temperatura bajó el 31 y ayer siguió bajando un poco. Parecía primavera.

Caminé ayer por las calles solitarias de Barrio Norte. Salí de la casa y me fui por Libertad, pasé Arenales y llegué hasta las Cinco Esquinas. Mi idea era caminar por Quintana (calle que en ese sitio comparte sus esquinas, una con Libertad y otra con Juncal). Y eso hice. Encontré la cuadra donde Borges vivió en dos ocasiones. En la primera ocupó el número 222 durante más de un lustro y en la segunda la casa del número 263. En ésta estuvo dos años.

Cuando uno comienza a caminar Quintana desde las Cinco Esquinas puede leer en una placa un poema de Borges titulado Barrio Norte. Allí comienza el homenaje. Hacerlo ayer, con la calle casi vacía, fue para mí un verdadero deleite borgiano. Podía demorarme ante las puertas, tomar fotos en las esquinas o desde el centro mismo de la calle y seguir o devolverme para apreciar mejor algún detalle. Las casas que fueron de Borges ya no son las casas que allí están hoy, exactamente. Las placas indican que en ese lugar estuvo alguna vez el hogar de Jorge Luis Borges…

El aire que se respiraba ayer en esa cuadra de Quintana era el aire de sus poemas dedicados a esa zona de la ciudad, a esa cuadra en particular, en la que su padre, que había estado ciego, pudo ver una noche “las antiguas estrellas”. En la casa del 263 la placa indica que allí Bioy Casares y Borges le dieron nacimiento a Bustos Domecq. Con ese dato podemos saber, entonces, que en ese lugar vivió Borges a comienzos de los cuarenta, a partir de 1942, para ser más precisos. La casa del 222 fue ocupada por los Borges a su regreso del segundo viaje a Europa, es decir, en 1924. Allí estuvieron hasta que se mudaron a una vivienda cercana a La Recoleta. Durante su estancia en esa casa el joven Borges fue irigoyenista, con Marechal y los González Muñón y fue también fundador de la revista “Proa”, junto con Rojas Paz, Caraffa y Ricardo Güiraldes, a quien recuerda Borges en un poema, “en Quintana…mágico y muerto”.

Ayer también fui hasta la casa de Pueyrredón y Las Heras, donde Borges vivió durante diez años. Es la casa cercana a La Recoleta, que ya mencioné. La que vi ayer sí es exactamente la misma casa que Borges ocupó. Es un edificio que tiene su entrada sobre Pueyrredón 2190 y hace esquina con Las Heras. Es de esos edificios franceses o afrancesados de Buenos Aires que recuerdan el esplendor de una ciudad que a ratos da la impresión de que fue alguna vez la capital de un imperio. Allí escribió Borges esa obra maestra que es Pierre Menard, autor del Quijote. Allí escribió Historia universal de la infamia. Allí perdió a su padre. Allí comenzó su colaboración con “Sur”. Allí se hizo visitante devoto de La Recoleta. Viviendo allí sufrió el accidente de 1938, de consecuencias casi letales. Allí, desde el balcón que daba a Las Heras, vio el río con sus barquitos pintados y su corriente zaina. Allí –me digo- estuvo Borges y yo lo busco hoy en este homenaje secreto.