Sunday, April 01, 2007

Primera anotación del otoño

Palermo. Martín camina.

Caminar por Buenos Aires y sentir que se recorren las calles de viejas lecturas o de ciertas voces oídas en la infancia.

Asomarse a una esquina y ver que la casa que estaba ya no existe. El año pasado había una placa que indicaba que él había nacido allí. Hoy sólo queda el anuncio brutal de la demolición.

Ir por Santa Fe y dejarse llevar por sus murmullos. No sé qué verso saldrá algún día de mi memoria para encarnar en esos pasos. Siento que seguiré caminando por Santa Fe hasta que se cumpla algún destino.

Entrar al pasaje Güemes de la mano de Cortázar y salir lamentándome por parecer ahora más fama que cronopio.

Mirar el cielo y no ver la Cruz del Sur como en La Plata, majestuosa e imponente o, mejor todavía, viva y unánime como estaba en Gualeguaychú el lunes pasado.

Sentir que en Palermo él ya no está más, salvo en una esquina de la calle que ahora lleva su nombre.

Sospechar que algo me está esperando en San Telmo y saber que no estaré allí para descubrir de qué se trata.

Pronunciar en voz baja un título de Mujica Láinez: Misteriosa Buenos Aires.

Buscar el alma de Troilo, entrada ya la noche, en algún árbol de la calle Paraná, con la certeza de que hoy me iré a dormir sin bandoneón y de que el tango predilecto de Cuchi lo compuso Pichuco.

Saber que hubo noches de bastones largos y anotar que hace unas horas recordábamos a Rodolfo Walsh.

Admirar las flores de los palos borrachos. Nada más.

Desayunar con tres medialunas de manteca, café y jugo, en el Florida Gardens y escribir que hoy, 21 de marzo de 2007, puedo saludar tímidamente a la primavera en el otoño.

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