Saturday, July 07, 2012

LEER POESIA

JUAN GRIS

Tocar con nuestras manos los versos de algunos poetas exige un especial cuidado. La poesía, como la naturaleza, no muestra sus misterios a cualquiera y, menos aún, a quienes se aproximan a ella sin el debido aseo.
Una limpidez llama a la otra.

Leopardi decía que después de leer un poema no es posible un mal pensamiento. Pienso que ese milagro sólo se obtiene si hemos llegado a la lectura sin prejuicios, sin huella de mugre alguna. Y algo más: ese estado incluye el no andar dándole vueltas explicativas a lo leído. Sólo el íntimo deleite, la conexión sensible o la inefable posesión de la palabra.

He pensado en esto tras leer un bello poema de Angel Crespo dedicado a Reverdy. De Crespo es la imagen de las manos. El las baña de sol primero y las seca en la luz de una lámpara en flor. Más tarde se atreve con los versos y accede a un lugar donde verá el reflejo del “agua que jamás se detiene” . Planta después un juan-gris en la tumba de Reverdy para que todos lo contemplemos.

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