Thursday, August 31, 2006

Un paseo


Tigre. Buenos Aires.

1 de enero del 2006. Buscaba el sitio donde se suicidó Lugones y vagué por las calles de Tigre esa mañana. Me entretuve con el paisaje y no llegué. Ahora trato de recuperar un trozo de ese momento de entrega total a la mirada.

Wednesday, August 23, 2006

Mediterráneo de Eugenio Montale

El estupendo poeta argentino Gianni Siccardi tradujo hace varios años a Eugenio Montale para el Centro Editor de América Latina. En el prólogo de la selección escribió:

"Mirada inocente, mirada pura, dirigida al objeto, las cosas, el paisaje, el mar, lo que se ha tenido siempre delante sin que uno lo viera y que de pronto es descubierto en su significación verdadera. De pronto (y siempre es de pronto) las cosas se cargan de energía y nuestra mirada, habitualmente plana, se hunde en el abismo de las significaciones. Poesía del ser, entonces, poesía que es espejo, testimonio de la lucha sin esperanzas del ser por atrapar la conciencia. Poesía sin certezas ni programa".

Copio, especialmente para mi amigo el Pájaro Guarandol, la primera estancia de Mediterráneo:

Mar antiguo, me embriago con la voz
que surge de tus bocas cuando se abren
como verdes campanas
y se echan hacia atrás y se disuelven.
La casa de aquellos veranos tan lejanos
estaba junto a ti –lo sabes-
allá en la tierra donde el sol abrasa
y nublan el aire los mosquitos.
Hoy como entonces me paralizo en tu presencia,
mar, pero ya no me creo
digno de la solemne advertencia
de tu respiración. Me dijiste ante todo
que el pequeño latido de mi corazón
era sólo un momento en el tuyo;
que llevaba en el fondo tu temeraria ley:
ser amplio y diferente, pero también
constante
para vaciarme de toda suciedad
como haces tú cuando arrojas a las playas
entre estrellas de mar, junto a corchos y
algas,
los inútiles escombros de tu abismo.


(Versión de Gianni Siccardi)

Saturday, August 19, 2006

Lorca y las hadas


Lorca.

Para volver a Lorca, hoy, setenta años después del crimen de Granada:

"El año de 1917 tuve la suerte de ver a un hada en la habitación de un niño pequeño, primo mío. Fue una centésima de segundo, pero la vi. Es decir, la vi... como se ven las cosas puras, situadas al margen de la circulación de la sangre, con el rabillo del ojo, como el gran poeta Juan Ramón Jiménez vio a las sirenas, a su vuelta de América; las vio que se acababan de hundir. Esta hada estaba encaramada en la cortina, relumbrante como si estuviera vestida como un traje de ojo de perdiz, pero me es imposible recordar su tamaño ni su gesto. Nada más fácil para mí que inventármela, pero sería un engaño poético de primer orden, nunca una creación poética, y yo no quiero engañar a nadie. No hablo con humor ni con ironía; hablo con la fe arraigada que solamente tienen el poeta, el niño y el tonto puro. Al hablar incidentalmente de las hadas cumplí con mi deber de propagandista del sentido poético, hoy casi perdido por culpa de los literatos y los intelectuales, que han esgrimido contra él las armas humanas y poderosas de la ironía y el análisis".

Lorca. Las nanas infantiles.

Wednesday, August 16, 2006

Cleva en clave natal


Cleva Solís

Nació Cleva Solís un 14 de agosto. Dijo ella que eso ocurrió en 1926. Así que hace tres días hubiera cumplido 80 años.

Fue Cleva la otra gran poetisa del grupo “Orígenes”. La primera, enorme, infinita, es, como se sabe, Fina García Marruz.

Cleva en clave anagramática:

Cleva Solís: Sois clavel

Sunday, August 06, 2006

Recordando a Lezama Lima


Trocadero 162

Para llegar al 162 de Trocadero
(Permiso para un leve sobresalto).

Me tocó llevar a un lezamiano que tenía pendiente desde hace mucho el ceremonial de la visita. Fue una tarde de febrero, después de un almuerzo en La Zaragozana. Pasamos por el Parque Central y caminamos una parte del mítico Paseo del Prado. “Estamos haciendo su ruta”, pensamos, metidos ya en el ritual viajero de los lectores fetichistas.

El Eros de la lejanía nos iba acercando poco a poco. Y así llegamos. No hubo, entonces, más palabras celebratorias. La casa del análogo estaba cerrada esa tarde. “Ah, que tú escapes en el instante/ en el que ya habías alcanzado tu definición mejor”. No. No dijimos los famosísimos versos de Lezama en esa ocasión. Tratamos de mirar por la ventana. Y nada. No había anuncio alguno sobre el horario del Museo Lezama.

Resignados, tomamos unas fotos y leímos en el inmueble de al lado un aviso que decía: “Se permuta una casa por dos apartamentos. 2do. piso”. El azar o la precisa negligencia de los funcionarios quiso que Gonzalo Ramírez conociera sólo la fachada del más legendario de los lugares lezamianos. Pudo sí acariciar las columnas salomónicas e imaginarse que Valenzuela ya tenía regadas sus doce orquestas en el Parque Central para reivindicar la hipertelia o para conjurar una vivencia oblicua tan fascinante como imposible.

Angel de la Jiribillla, ruega por nosotros.

P.D: El próximo miércoles 9 se estarán cumpliendo 30 años de la muerte de José Lezama Lima. Su obra apenas comienza.

Monday, July 31, 2006

Arvo Pärt nos redime desde Estonia


Arvo Pärt

Durante la amable penumbra última (que para mí es la primera y dura poco, como se sabe) intento escribir una página y nada que despego. Sé que falta poco para que venza el plazo cotidiano de las sombras y hoy se me ha ocurrido escuchar música, a ver si algo me sale. Busco en el archivo de mi máquina y el azar me depara una belleza no buscada. Me quedo en ella. Es Arvo Pärt y su Canto en memoria de Benjamin Britten.

Y ardamos, y callemos, y campanas. Y oigamos sin escribir, que no hace falta.

Saturday, July 22, 2006

Juan Cruz sobre el síndrome Materazzi y el periodismo


Albert Camus, futbolista y filósofo (y periodista)

Porque lo suscribiría tal cual, copio algunos párrafos del artículo de Juan Cruz que aparece hoy (22-07-06) en El País:
"El insulto no deja huella en el rostro, pero se aloja en el alma como una humedad pegajosa. Un día la humedad explota. Esa humedad aloja un bagaje genético que se sucede de tatarabuelos a nietos, y a veces se resuelve como un resplandor que deja secos a los que hacen la historia.
El otro día nos aprestábamos a conmemorar la felicidad de haber visto jugar a Zidane, y de pronto éste le pegó un cabezazo a su contrario. Y fue la de Dios. Es decir, aquel caballero había acelerado su caballo, y había disgustado a los que piensan que es mejor aguantar que reaccionar; el papel de Zidane -así se dijo- era el de aguantar.
(...)

El fondo del problema lleva hirviendo durante siglos y se aloja dentro de la capacidad de humillación que saben usar los que insultan. Materazzi usó el reloj del insulto con una precisión ladina: cuando más cansado estaba el contrario, que había fallado un cabezazo -este sí, contra el poste- y yabía sufrido una lesión que parecía dejarle fuera de combate. En esas circunstancias la genética del italiano sabía muy bien qué le podía doler más al argelino (de origen), y fue a su mismo origen, a hurgarlo, a levantar la tapia de una humillación antigua: la de afrentar a la familia. Acaso Zidane no lo sufrió, ni en su infancia, pero es posible que en su memoria más ancestral ese insulto haya sonado mucho más potente que un arañazo. Y surgió de él ese resplandor negativo, el cabezazo.

El insulto va haciendo su trabajo, hasta que cualquier contingencia convierte la reacción pospuesta en una venganza extemporánea, caliente, casi impúdica, e irracional. Luego el que ha insultado como quien pega sin ser visto señala con el dedo: `Me ha pegado, me ha pegado`. Y no sólo eso: la sociedad se escandaliza, y el que ha levantado la mano, cuando pudo haber levantado la voz, pasa a la historia como un vengativo que no ha tenido la caballerosidad suficiente como para haber aguantado sin rechistar la lluvia fina de los insultos de su contrario.

(...)

Cuando Zidane dejó el campo helado, y él mismo se fue como un héroe equivocado, mirando de reojo la copa que ya no iba a alzar en ningún caso, se quedó flotando una imagen legendaria, la del extranjero en la obra de Albert Camus, evocada aquí, para hablar de lo de Zidane por Lluís Bassets: sumido en la vergüenza, o en la humedad, del sol fastidioso de la tarde, hostigado por una riña que se le antojaba absurda, aquel hombre que olvidaría incluso el día de la muerte de su madre arremetió contra su oponente...

La historia terrible que siguió a esa humedad alocada del sol fue resumida por Camus en una de las más bellas descripciones literarias del desastre: `Comprendí entonces que había roto la armonía del día, el silencio excepcional de una playa en la que fui feliz`.

La cantidad de escritura que ha propiciado este acontecimiento extraño protagonizado por Zidane tiene su origien en varias extrañezas, la principal de las cuales comienza con esta pregunta: ¿Cómo pudo hacer eso Zidane? La capacidad de irritación que consiguen los irritantes es infinita, pero el irritante es luego el que levanta el dedo: `¡Que me están limitando mi libertad!`.

En los principios de los noventa, cuando Luis María Ansón y otros periodistas iniciaron una conspiración para devolver el poder a la derecha -a la que luego le reclamaron el pago de los servicios prestados-, cualquier voz en contra era señalada: `¡Están atacando nuestra libertad de expresión¡`. Se puso en boga la capacidad de insultar como una de las artes de la libertad, y el reguero de pólvora húmeda que generó esa simpleza desvegonzada siguió hasta hoy, y de nuevo arrecia.

El otro día un juez español señaló en una sentencia -contraria al periodista que los profirió, menos mal- la cantidad de insultos proferidos desde la emisora episcopal contra un medio de comunicación cuyo modo de proceder no gusta al autor de los improperios. La lista circuló en algunos medios -uno de ellos no sólo publicó esa lista, sino que se permitió añadir lo que el juez dijo que tampoco se podía decir: el número al que debían dirigirse los que quisieran anular la suscripción que tuvieran con el medio vilipendiado...-.

Ésa es una lista instructiva sobre lo que nadie debería decir del otro. Sobre ella no se ha pronunciado -cómo iba a hacerlo, no lo ha hecho nunca, no lo hará- la Asociacion de la Prensa ni ningún otro organismo encargado de velar por que los periodistas no crean que todo el monte es orégano y que insultar no sólo es mala educación sino que no es periodismo...

Estos materazzi de los medios que son capaces de decir de otros incompetente, lamentable, irresponsable, traidor infecto, repugnante, falso, calumniador, basuro, abyecto..., y no sigo copiando porque a los dedos también les repugna la pulsación del teclado, se han hecho la orla de los verdaderos depositarios de la libertad de expresión. La altura a la que han llegado es inversamente proporcional a la dignidad que desprenden.

La FIFA ha llamado a un careo a Materazzi. Aquí en el periodismo, no hay FIFA (menos mal, digo yo, Altazor, no Juan Cruz), pero hay muchos materazzi que disfrutan de la impunidad del insulto, y cuando alguien los reconviene, simplemente llevándolos al juzgado, levantan el dedo y gritan otros insultos, reproducen aquellos que se les prohíben y señalan al insultado: `¡Me quieren amordazar¡`.

Libertad de expresión, cuántos crímenes en tu nombre. Y cuánta impunidad asiste al que insulta, hiere, reconviene y ensucia"

Juan Cruz

Tuesday, July 18, 2006

A 70 años del golpe de estado contra la República


Luis Cernuda

No pasaron. Ante la poesía, no pasaron ni pasarán nunca. Que Luis Cernuda siga diciéndolo con este formidable poema de la dignidad:

1936

Recuérdalo tú y recuérdalo a otros,
cuando asqueados de la bajeza humana,
cuando iracundos de la dureza humana:
Este hombre solo, este acto solo, esta fe sola.
Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.


En 1961 y en ciudad extraña,
más de un cuarto de siglo
después. Trivial la circunstancia,
forzado tú a pública lectura,
por ella con aquel hombre conversaste:
Un antiguo soldado
en la Brigada Lincoln.

Veinticinco años hace, este hombre,
sin conocer tu tierra, para él lejana
y extraña toda, escogió ir a ella
y en ella, si la ocasión llegaba, decidió apostar su vida,
juzgando que la causa allá puesta al tablero
entonces, digna era
de luchar por la fe que su vida llenaba.

Que aquella causa aparezca perdida,
nada importa;
Que tantos otros, pretendiendo fe en ella
sólo atendieran a ellos mismos,
importa menos.
Lo que importa y nos basta es la fe de uno.

Por eso otra vez hoy la causa te aparece
como en aquellos días:
noble y tan digna de luchar por ella.
Y su fe, la fe aquella, él la ha mantenido
a través de los años, la derrota,
cuando todo parece traicionarla.
Mas esa fe, te dices, es lo que sólo importa.

Gracias, compañero, gracias
por el ejemplo. Gracias porque me dices
que el hombre es noble.
Nada importa que tan pocos lo sean:
Uno, uno tan sólo basta
como testigo irrefutable
de toda la nobleza humana.

Sunday, July 16, 2006

Crónica social de la zona tórrida


Cuchi en el centro

En el centro del mundo, en el centro de la zona tórrida.

A su izquierda, una de las más inteligentes periodistas y sociólogas de Ecuador: María Augusta Calle.

A su derecha, quien pudo ser (tal vez será) alcaldesa de Quito.

Afuera, el cielo que no entra en la fotografía pero que recuerdo espléndido.

¿Música? Pienso ahora no en la que sonaba en la sala, sino en Schumann. No sé por qué.

Esto pasa el 5 de julio a una hora sediciosa.

Cuchi está feliz. Venezuela esa noche ha sido su cocina.



Friday, July 14, 2006

La otra Lila


Lila Downs

La podemos oír en esta página:

http://www.liladowns.com/

Estuvo en la Frida de Salma Hayek y hoy Alejandro Calzadilla la llevó a la UNEY.

La estoy oyendo y bebo margaritas a su salud y a la de ustedes.

Thursday, July 13, 2006

Cuchi cocinando en Quito


Cuchi cocinando en Quito

Ahí está Cuchi (Cruz del Sur Morales) uno de los días en que su talento y su capacidad de trabajo hicieron que la cocina venezolana obtuviera la aprobación de los numerosos y diversos comensales del Swissôtel de Quito. El esposo de Cuchi tomó la foto y la trae hasta acá sólo para desahogar su orgullo.

Thursday, June 29, 2006

Zinedine Zidane


ZZ

Porque baila tango en el césped.

Porque es la poesía que no se rinde,
la armonía que no cesa,
la elegancia que no se inventa.

Porque admira a Francescoli.
Porque bautizó a su hijo con el nombre de Enzo.

Porque vino de Argelia, pero también de un ensayo de Camus.

Porque ayer José Luis Meléndez hizo en su honor la figura de la bailarina en la UNEY.

Porque también ayer el escritor español Benjamín Prado
escribió en El País estas palabras definitivas que comparto:

"Que a nadie se le ocurra retirar el número cinco de la camiseta del Madrid, o el diez de la de Francia. Yo propongo que se retire la zeta del diccionario de la RAE".

Saturday, June 24, 2006

Arte, cachivaches, Guy Monod


Duchamp

Para recordar un post de Guy Monod

(http://domingoenlatarde.blogspot.com/2005/09/reflexiones-de-urinario.html).

Para recordar la letal ironía de Félix de Azúa en su insuperable Diccionario.

Para recordar cachivaches tecnológicos.

Friday, June 23, 2006

Fotógrafos de Uqbar


Los heresiarcas de Uqbar

Una foto muchísimo mejor que ésta los mostró ayer en El Nacional (página B-14). En el fondo, acá Cortázar y en la de ayer, ellos mismos. Son mis fotógrafos predilectos.

La cámara en la cáma(ra) doméstica. Se me ocurre esa frase al ver ahora algunas de las fotos de su portafalio (http://www.pluneplu.com/).

Martín y María Antonia, heresiarcas de Uqbar, están en el IX salón de la FIA, abierto desde anoche en Caracas.

Monday, June 19, 2006

Marta Lynch


Marta Juana Lynch (hija de Marta Lynch)

Pregunté por Marta Lynch a los intelectuales que conocí en Buenos Aires hace seis meses. Todos coincidieron en que su mejor libro es Al vencedor (1985) y en que ella misma era su personaje más interesante. Lo primero no corresponde a la fama de sus títulos, entre los cuales destacan La alfombra roja y La señora Ordóñez. Lo segundo es unánime.

Recuerdo haber leído unas páginas de su hijo, el filósofo Enrique Lynch, donde nos comunica la imposibilidad de explicar el suicidio de su madre. Es un texto estupendo. Lynch se detiene en un detalle: la pequeña hendidura que la bala hizo sobre la madera del armario. Lo hace porque fue lo único distinto que encontró cuando al día siguiente llegó a la casa de sus padres. Se imagina, entonces, que esa hendidura permanecerá allí y que algún día el nuevo inquilino de la casa habrá de descubrirla. Libre de toda conexión luctuosa, la huella del suicidio ocurrido allí el 8 de octubre de 1985 terminará siendo el signo de algo inasible y conjetural. La distancia infranqueable entre ese signo y su remota causa es para Enrique Lynch la misma distancia que separa la interpretación del suicidio de cualquier forma de consuelo.

Una biografía escrita por Cristina Mucci (La señora Lynch) incluye testimonios y citas que intentan darnos una idea del personaje: la idea que la autora tiene de su biografiada. No digo que la Mucci no sea veraz, pero prefiero irme a los libros de Marta Lynch para disfrutarla y, sobre todo, para dejarme llevar por el atractivo mundo de sensualidad que ya he comenzado a atribuirle a su escritura mientras miro una foto donde Marta, coqueta, bella y seductora, se apoya en los brazos de dos amigos.

Saturday, June 10, 2006

Bioy y la comida


Bioy

Me adelanto a Biscuter y antes de que "cuelgue" este post en su blog Duelos y Quebrantos (http://wwwconuqueando.blogspot.com), decido hacerlo en esta isla:

"Resulta que doy mucha importancia a la comida. Solamente personas muy humildes, o francesas, le dan tanta importancia. Algune vez oí a un peón de campo, don Juan P. Pees, que el patrón era esto o aquello, pero (y aquí se hacía un alto, para acordar el debido énfasis al reconocimiento) que no era mezquino con la comida del trabajador. Yo he oído con mucho asombro y diversión estas declaraciones que me parecieron marcar la extraordinaria humildad de quien las hacía. Pero ahora sé más al respecto. En Francia vivo feliz (entre otras razones) porque como bien. No se entienda que como sibaríticamente; no, aunque también como así; una sensación física que nos mueve a dar complacidas palmadas en la barriga. Otra prueba de la importancia que doy a la comida es mi enojo anoche, con Silvina, porque me arregló con verduritas, ñoquis y jamon frío".

(Adolfo Bioy Casares, Descanso de Caminantes, Editorial Sudamericana, Bs.As. 2001)

Wednesday, June 07, 2006

Pepe Barroeta, in memoriam


Pepe Barroeta

1. Lo supe este mediodía. Ayer se nos fue Pepe.

Los dos amigos que me acompañaron hoy durante el almuerzo oyeron algunos versos suyos que intenté recordar.

Este post no termina aquí. Lo seguiré escribiendo mañana.

Ahora sólo pido que música de Orfeo acompañe a Pepe Barroeta.

2. Retomo el post de ayer y transcribo un artículo que escribí hace diez años sobre un excelente libro de Pepe titulado CULPAS DE JUGLAR*:

"Al afirmar que entre los libros de moral los mejores son los de poesía, Leopardi quería destacar aquellos que dejan en el alma del lector un sentimiento de nobleza tal que les impide durante media hora concebir un vil pensamiento o cometer una acción indigna. Como lector lento (y escritor idem) suelo detenerme en las páginas de algunos libros que secretamente se aferran a mis manos. No sé si son los que Leopardi estimaría como morales, pero en todo caso, por entretenerme o detenerme tanto tiempo consigo, me salvan, durante mucho más de media hora, de andar cometiendo “acciones indignas” o de “pensar vilezas”. Con el más reciente libro de José Barroeta, Culpas de juglar, me ocurrió algo de eso. El evidente carácter unitario del mismo, no fue óbice para que sus páginas se me convirtieran en pasajes de un laberinto, el laberinto personal que Pepe ha venido levantando con su obra poética desde hace muchos años y que encuentra en este libro su punto culminante. Me quedé en ese laberinto varios días, sin la angustia de no tener frente a mí la puerta de salida. En silenciosa convivencia con él, sabiendo que estaba dejando en mí más de lo que pienso, escribí, al sesgo, durante el pasado mes de mayo y a la manera de un diario, los fragmentos que siguen:

Miércoles 7: Un amigo (Andrés Mejías) me regala el libro Culpas de juglar, de Pepe Barroeta. No sé por qué siento que no me lo regala, sino que me lo devuelve. Lo abro, buscando un poema cuyo manuscrito me había mostrado hace dos años Gregory Zambrano y que, leído entonces bajo el impacto de una tragedia (la inesperada muerte de Néstor, hijo de Pepe), adquiría un notable patetismo, seguramente involuntario. Me refiero a El Huésped (segunda versión), texto que quiero leer ahora sin la impronta del doloroso hecho que se impuso en mi primera y fugaz aproximación a él y que lo convertía en un asombroso poema premonitorio. Procuraré una lectura despojada de ese sello, para encontrarme de verdad con lo que sucede en el poema y no con lo que ocurrió después de su escritura. ¿Por qué no leer la poesía sin buscarle soportes legitimadores en la realidad?

Lo leo en voz alta, por segunda vez. Andrés Mejías escucha. La imagen de Aquiles, un fantasma que aparece en el poema, se levanta de pronto y domina la escena. Recuerdo entonces a otro Aquiles, el del poema de Acosta Bello. Mientras el de Arnaldo busca cobijo en Briseida para encontrarse consigo mismo, el de Pepe Barroeta no puede escapar al fatum sentenciado por La Ilíada. Bajo el ominoso poder de Hades, sus múltiples disfraces no alcanzarán a esconderlo de la muerte, y así, al amanecer “… un cortejo de heraldos/ lanza el cuerpo de un adolescente degollado/ a un basurero/ donde reposan la Ilíada/ y los muertos de una ciudad inexistente”. Cierro el libro pensando que ese fantasma se me puede aparecer a mí en Barquisimeto… .-

Domingo 11: El tema de la muerte persiste, pero en esta ocasión el poeta está a su servicio y no al revés. Pepe ya no acude a su pueblo para constatar que “todos han muerto”. Ahora la muerte es quien lo busca y él la recibe, la atiende, la contempla. Es, en definitiva, su siervo solitario. Y ella ya no es una muerte bucólica. Pepe la lleva de viaje y se exhibe a su lado en París, bebiendo una copa de vino blanco, los dos muy solos, al mediodía.
Me quedo varado en la página 22 del libro.-

Martes 13: El libro no es un acto ritual de mea culpa. Las culpas de juglar no se exhiben con golpes en el pecho. Las culpas de juglar se lavan con la lluvia. Sólo se lavan. Se asean… .- El poeta se presenta con ellas ante su espejo y descubre, con Borges, que “detrás del rostro que nos mira no hay nadie”. Somos, en realidad, ese montón de espejos rotos, ese “espejo de otro/ quebrado por culpas de juglar”.-

Jueves 14: Siento hoy que Culpas de juglar es también un diario íntimo, un inventario con secretos, un viaje sentimental, y también un encuentro con el otoño. Los poetas también se ponen viejos… .-

Este juglar está ahora en una ciudad de montaña. De ella había salido. Viajó, conoció también la melancolía de los barcos, el frío amanecer bajo las carpas, el aturdimiento de los paisajes y de las ruinas, la amargura de las amistades interrumpidas….- Fue, como todos alguna vez, Frédéric Moreau. Pero ahora está de vuelta, con el “asno de oro” de la página 37.

Viernes 15: Fue Claudio Magris, hablando de Saba, quien escribió que la gran poesía tiene siempre la humildad de quien se sabe en deuda con los demás y con el mundo. Lo he recordado leyendo este libro donde las personas, las cosas y los elementos que rodean al poeta, y que lo trascienden, conservan un misterio indescifrable, una gracia oculta que las hace perdurar en nuestra incierta memoria. Si pensamos que en este caso no se trata de una poesía contemplativa, ese rasgo es aún más asombroso.

Domingo 17: Seguir en el misterio, ser en él Aquiles sin escudo y enfrentarse solitario al mundo. Eso es ahora suficiente para justificar el paso del juglar por estas tierras. El juglar ya no pertenece a la aventura tal o cual, sino a la vida, para gozar “del silencio del poema que llega”.

Lunes 18
: Siento que Pepe Barroeta ha hecho algo así como un ajuste de cuentas con su poesía y con buena parte de la obra que han escrito muchos compañeros suyos, de viaje y de generación. No me atrevo a hablar exactamente de “ajuste”, que por ser una expresión contable, carece de poder para aludir lo que deseo expresar: cierto distanciamiento literario y vital que no se queda sólo en el arreglo de cuentas, pero que no llega a la ruptura. En fin, a medio camino entre ambos, Pepe Barroeta es otro y el mismo. Lo son sus temas y el tono general del libro. La figura del adolescente eterno que se regodeaba en un pasado remoto o en la efusión de un instante (no en su intensidad), ha dado paso a un poeta que sabe ahora que su sombra es otra y que busca en ella una vía para ser simplemente un hombre a solas. Andar de “poeta de los sesenta” por el mundo no podía seguir siendo un pasaporte válido y, mucho más que otros, Pepe Barroeta lo supo a tiempo, como lo revela la excelente presentación que en el año 81 escribió para la antología que le publicó Fundarte en 1985.

Lo que el juglar era, está dicho desde el pathos de la distancia, en el poema Canto a mí mismo, y lo que ahora es, aparece a lo largo del libro y se concentra, de manera explícita, en el estupendo poema final, Invencionario, una verdadera despedida. A éste último corresponden estos versos memorables: “Cada día mi sombra renuncia más a mí/ cada día mis fábulas forman parte de un mundo/ imposible y en ruinas/ cada día mis espejismos y mi invencionario/ dejan de ser/ me abandonan en los límites de una ciudad rodeada/ por montañas altas/ por calles estrechas/ por gentes y por casas frías./ Presiento que ahora no pertenezco a ninguna aventura/ sino a la vida”.

Martes 19: Dejo, por los momentos, el libro. Y me pongo a recordar lugares comunes, en el sentido que los griegos daban a esa bella expresión (por cierto, Pepe Barroeta da con ella nombre a la segunda parte de Culpas de juglar). Así, recuerdo que la poesía es una forma de la melancolía (Stevens, Adagia), pero es también una forma de redención, gracias a Dios".


*José Barroeta. Centro de Actividades Literarias
José Antonio Ramos Sucre. Cumaná, 1996.

Sunday, May 28, 2006

Navío de Argos


Navío de Argos

Me voy a mudar al Navío de Argos. Sí. Está decidido. No hay nada que ahora me atraiga tanto como la búsqueda del vellocino de oro, como la aventura total de Orfeo y como la entrega lenta y silenciosa al fecundo azar de los argonautas.

Después de leer un hermosísimo libro sobre las estrellas, decidí que su autor, Edmund J. Webb, fuese el timonel de mi particular nave de los locos. El me llevará por todo el firmamento. Y yo me dejaré. Ahora leo en voz alta unas palabras suyas que son mi santo y seña:

"Sólo una vez en su vida se ha hallado el autor de este libro en un lugar situado tan al sur que le permitiera contemplar al Navío de Argos en toda su gloria sobre el meridiano, pero basta con haberla visto una sola vez para sentir que la vida no se nos ha concedido en vano".

Procuremos ver, entonces, la densa nave de Argos.
Seremos
innumerables,
atónitos,
eternos.

Saturday, May 20, 2006

¿Filosofía del Deporte?


Amigos madrileños hinchas de mi equipo
porteño. "Dale Boquita, dale"


El jueves pasado seguí en mi periplo de conferencista. Esta vez fue en San Felipe mismo. A la UNEY le tocó organizar el primer encuentro de investigadores de las instituciones de educación superior que trabajan dentro del área de la educación física y el deporte. Los responsables de la actividad incluyeron una conferencia mía sobre Filosofía del Deporte. Hice una breve introducción a la lectura comentada de un texto de Fernando Savater. La introducción, tambien comentada, fue la siguiente:

"Hacia una filosofía de las ciencias del deporte.

De una vez una aclaratoria: No voy a presentarles a ustedes una reflexión original acerca del tema, sino a proponerles la lectura de un texto que podría servirnos para vincular de una manera sencilla los dos ámbitos conceptuales indicados en el título de esta supuesta conferencia. El texto a que me refiero es la entrada “Deporte” en el Diccionario Filosófico de Fernando Savater donde encontramos una lúcida puesta en práctica de un modo de ver el deporte sin disquisiciones metafísicas ni vagos entretenimientos escolásticos.

Hace tiempo que la filosofía dejó de ser una exclusiva actividad que sólo daba alimento al estéril narcisismo de los profesores que la enseñaban en las universidades. Por fortuna tomó la calle casi de su cuenta, o de la mano de sociólogos, de escritores, de periodistas, de directores de cine, de psicólogos, de neurólogos o hasta de filósofos mismos que se percataron de la vacuidad de un oficio encerrado en cubículos cuyo único resultado era el confinamiento vitalicio de sus trabajos en las páginas de una revista de gamelote filosófico arbitrada por ellos mismos. A la estirpe de los pensadores que no le temen a la calle ni a los temas que ésta demanda, pertenece, como todos sabemos, Fernando Savater. El y otros no menos talentosos, han venido desarrollando sin plan rígido alguno (o incluso, sin plan alguno) una tendencia cada vez más sólida de filosofías de la acción, en las cuales la ética y la estética se enlazan en un mismo esfuerzo por comprender la praxis social del hombre de hoy en día.

Mi siempre recordado maestro Juan Nuño, a quien invoco permanentemente a la hora de afrontar un tema como el que estoy aludiendo en estas líneas, decía que en el pensamiento actual se podían discernir dos formas bien diferenciadas: una, la replicativa, adocenada, ceñida a modelos académicos estancados o a ideologías que se niegan al cambio, y otra, la reflexiva, caracterizada por el metapensamiento y por la pluralidad de tipos, entre los cuales sobresalen los de carácter cultural, abiertamente críticos, que Nuño ejemplificaba con los nombres de Fernando Savater, George Steiner, Jean François Revel (fallecido hace pocos días), Octavio Paz y Rubert de Ventós. Yo añadiría a esa breve lista el nombre del propio Juan Nuño.

Bien, a esa última tendencia pertenece a mi juicio lo más fecundo y beligerante del pensamiento contemporáneo. Y es allí donde podemos encontrar luces para orientarnos en este vértigo del presente, tan desprovisto de ánimo axiológico, o simplemente, de curiosidad filosófica.

Para evitar la caída en el “todo vale” o en el “ya no vale la pena pensar”, vayamos de la mano amable de quienes aún mantienen encendida la filosofía, a pesar de la Filosofía. Y en este caso, vayamos a las llamadas ciencias del deporte, o al deporte, en general, para formularnos algunas preguntas que no suelen hacerse quienes están dentro de ese mundo: ni los que se colocan los monos o las botas Addidas para correr o saltar, ni quienes emplean las técnicas más modernas y sofisticadas para entrenar a los primeros.

Una de esas preguntas tiene que ver con la vieja frase del poeta Juvenal: “mens sana in corpore sano”. ¿Las ciencias del deporte y la tecnología deportiva toman en cuenta el sentido de esa frase? Algunos la repiten y quizá no sepan que están pronunciando una proclama del hombre como unidad, que están enlazando valores y fuerza y que están armonizando, retóricamente, por lo menos, cuerpo y alma. Si lo supieran no se limitarían en la práctica a intentar la conversión del cuerpo en una máquina productora de records o a cincelar un cuerpo más allá de lo que el alma y el cuerpo permiten.

¿A dónde ha ido a parar el sentido original de la frase latina? Hagamos el ubi sunt ¿Qué se fizo la alegría espiritual y poética de Píndaro ante los triunfos del cuerpo? ¿Qué se fizieron los principios olímpicos?

Si al tratamiento excesivo que algunos (no pocos) le dan al cuerpo en la preparación de los atletas, agregamos la aparición de una tecnología que en algunos deportes ha llegado a sustituir las destrezas naturales y cultivables del ser humano, ¿no estamos en presencia de una falsificación del deporte? Se nos podría responder que estamos en presencia de otra forma de hacer deporte. Es posible. Pero no me atrevería afirmar que esa respuesta sea válida. Me gustaría sí que una reflexión ética la respaldara.

Otra pregunta válida y pertinente si miramos a nuestro alrededor y vemos cómo el espectáculo deportivo se ha convertido en un fin en sí mismo, es la siguiente: ¿El sentido de pertenencia en el deporte no está siendo peligrosamente sustituido por la identificación hipnótica, mimética y automatizada con marcas comerciales o con grandes corporaciones de capital?

Bien sabemos que en el automovilismo se destaca fundamentalmente la competición entre marcas de vehículos y no entre conductores. Y algo más que puede constatar cualquiera: La tecnología audiovisual ha convertido a los espectadores de estas carreras en cuasi manipuladores de un video-game. A un paso estamos del deporte enteramente virtual, tanto para quien lo practica como para el público que lo disfruta o que lo sufre con identificación de alienado.

Problematicemos estas preguntas y demos la palabra a Fernando Savater a quien traigo a esta sala como mi ´abogado del diablo´ particular".

Monday, May 15, 2006

Vicente Gerbasi


Gerbasi


"...he aquí a Vicente Gerbasi que trae una lechuza
desde el cerro del Avila
y una ardilla de alquimia

Y este que soy yo: blanco y anciano en mi libro"

(Juan Sánchez Peláez, Por cual causa o nostalgia)