Friday, August 31, 2007

José Francisco Sucre, in memoriam

Antes de irme de viaje a Río y a Buenos Aires leí en El Nacional el obituario de José Francisco Sucre. En ese momento yo iba hacia Caracas. Recordé sus libros y me propuse buscarlos en mi biblioteca cuando regresara. Eso hice la semana pasada y releí con gusto algunas de sus páginas, especialmente las de Búsquedas y símbolos (M.E. Colección Vigilia, Caracas, 1967) y las de El marxismo en la actualidad (Edit. Doña Bárbara, Caracas, 1966).
Creo que Sucre fue un ensayista valioso, pero inmerecidamente poco conocido y estimado. En una época se le vislumbró otro destino. Oí decir que en sus tiempos de joven fue la mayor promesa intelectual de Venezuela. Por lo menos, así lo afirmaban algunos adecos de entonces como Manuel Alfredo Rodríguez, en gozoso ejercicio de la vieja manía de anticiparse a las consagraciones.
Me interesó cómo trata Sucre el tema de la naturaleza en la poesía de Juan Liscano y, en general, todos los ensayos literarios de Búsquedas y símbolos, densos y llenos de inteligentes sugerencias, de imágenes leídas, sentidas y pensadas.
Su pensamiento liberal y su condición de militante de la socialdemocracia están dignamente expresados en El marxismo en la actualidad, un libro antimarxista, lúcido, bien escrito y propiciador de un buen debate. No recuerdo con precisión, pero me parece que Carlos Rangel lo omitió (o lo ignoró) como antecedente importante de sus trabajos. ¿Le pareció demasiado socialdemócrata?
Con José Francisco Sucre (“Quico” Sucre, le decían sus amigos) se fue otro representante del grupo literario Cantaclaro. Sobrevivió sólo por unos meses a su paisano Jesús Sanoja Hernández. Juntos acompañaron a Liscano, al poeta Muñoz, a Jesús Zambrano y a Miguel García Mackle en la legendaria e incautada revista Cantaclaro. ¿Estuvo también allí su hermano Guillermo, poeta y crítico de obra fundadora y perdurable?.
Volveré sobre Búsquedas y símbolos, porque creo que es en la literatura donde se conserva mejor la pluma reflexiva y clara de José Francisco Sucre, que en paz descanse.

Tuesday, August 28, 2007

Umbral

Francisco Umbral

No recuerdo cuándo dejé de leerlo, pero sí la época en que descubrí su prosa de articulista fascinante. Fue en la Barcelona del 74 (o 75). Al enterarme de que murió esta mañana, mi memoria se trasladó de inmediato al momento en que lo descubrí en las páginas de un periódico llamado Mundo Diario, del que me hice comprador sabatino sólo para leerlo a él. Su humor y su chispeante irreverencia me habían capturado. Procuré contagiar de "umbralismo" a otras personas y creo haberlo conseguido con mi amiga Inés, del consulado. Poco después moriría Franco y la historia sería otra, por fortuna. Con el Diario de un snob Francisco Umbral se convertiría en uno los columnistas más clamorosamente celebrados de la transición y del destape. Además de prosista inteligentísimo y brillante, autor de numerosas novelas y de ensayos de enorme éxito, Umbral se fue tornando también en un "personaje" un tanto fatuo que nunca tuvo mi adhesión. Así, fui alejándome de sus páginas, pero jamás perdí el amable gusto de sus primeros libros y de los muchísimos artículos espléndidos que salieron de su pluma en los setenta. Menciono un título que conservo desde mis tiempos barceloneses: Museo nacional del mal gusto, una delicia de sarcasmo sangrante y corrosivo que guardo en mi biblioteca como un pequeño tesoro. Y una confesión final: aunque no sea una preferencia muy compartida y compartible, la Leyenda del César Visionario es uno de los libros sobre Franco que más me ha gustado.

Gracias, Francisco Umbral, por tantas horas de deleite. Y que descanses en la infinita paz que ganaste esta mañana.

Saturday, August 25, 2007

Olivia

Flores de olivo

Casi al amanecer,
Olivia.

Bienvenida.

Toda nuestra alegría y un cálido abrazo para sus padres Maito y Martín.

Thursday, August 23, 2007

Fui por Lavalle ayer

Santiago Arrieta y Mecha Ortiz

"¿Dónde están los muchachos de entonces?
Barra antigua de ayer ¿dónde está?"
(Tiempos viejos. Letra: Manuel Romero. Música: Francisco Canaro)
Comienzo a revisar los libros, discos y videos que traje de Buenos Aires. Me esperan, entre otros, Horacio González, Sergio Chejfec, Martín Caparrós, Emilio de Ipola, Abelardo Castillo, María Estela Monti, Adriana Varela, Tita Merello y hasta Isidoro Cañones. Veo ahora Los muchachos de antes no usaban gomina, película que este año cumplió 70 y cuya copia en DVD compré en una tienda de Lavalle hace unos días. Recuerdo una escena estupenda de una novela de Carlos Fuentes donde por vez primera me topé con ese viejo film. La escena ocurre en un cine de Lavalle y la novela es Cambio de piel, de donde tomo este fragmento:

"...Tomaste por Lavalle para ver las carteleras de los cines y averiguar si había nuevas o viejas películas que se te hubieran pasado. Proyectaban, sin anunciarlas, de sorpresa, viejas películas argentinas que te divertían mucho. Melodramas terribles, con muchos tangos, con mucha nostalgia de la belle époque del Centenario, con mucho folklore de los barrios portuarios. Te detuviste frente a cada cine de la treintena que hay en Lavalle; ibas vestida con un estampado de seda anaranjada y zapatos blancos de tacón alto que iban recogiendo el alquitrán y una bolsa de cuero comprada en Buenos Aires y viste los carteles y fotografías de un programa triple de Luis Sandrini y junto daban La Vuelta de rocha, con Mercedes Simone y Hugo del Carril y a ti te encantaba la música porteña en esa época y en el verano ibas a los restaurantes al aire libre de Maldonado, de Belgrano, del camino al Tigre, para escuchar las orquestas de Canaro o Pichuco; (...). Por fin te detuviste en las fotos de Los muchachos de antes no usaban gomina, que te apasionaba. Compraste el boleto en la taquilla y entraste a ese cine pequeño, estrecho, con butacas de madera altas e incómodas, donde el ruido de los ventiladores era más fuerte que el de la banda sonora y encontraste un lugar en las primeras filas. Ya había empezado la película y los dos pitucos del 900 andaban de farra y acababan de conocer a la hetaira máxima del Centenario, la rubia Mireya que era Mecha Ortiz y la pareja iba a bailar nada menos que la milonga El cisne (...) y tú querías sentirte relajada, opiada, a ver cómo la rubia Mireya, de gran cortesana, descendía con el destino inflexible del tango a vieja vendedora de flores en el arroyo, donde, desde luego, la descubren en el último rollo Arrieta y Parravicini, los galanes envejecidos. Veinticinco abriles que no volverán. Pensaste que el tango era una de las pocas formas contemporáneas de la tragedia y te levantaste".

Monday, August 06, 2007

Comité Jurídico

Eduardo Vío Grossi y Alejandra Voigt

Los chilenos en Río de Janeiro. El maestro y Alejandra.

Thursday, August 02, 2007

El Dionisos de Leblon



Anoche caminamos por la calle Dias Ferreira.

Porque Leblon fascinaba en todas las esquinas,

dimos paso a la poesía de la noche carioca.

Y fuimos, Cuchi, Elizabeth, Jean Michel, Eduardo, Mauricio y yo,

dominados por el parsimonioso Dionisos de Leblon...

Una sacerdotisa besó dos veces a Jean Michel

y nos despedimos, ya muy tarde,

alucinados,

redimidos

y felices.

Tuesday, July 17, 2007

El vicio académico

Goya, Los Caprichos

15-07-07: Escribiré un artículo sobre el vicio académico, frase que tomo de Cuchi. Se la escuché ayer en Salsipuedes, cuando hacía el café a las 6 de la mañana. Llamaré “vicio académico” al afán por los títulos, a ese desespero por acumular papeles que cunde casi con escándalo en los predios universitarios. En realidad, el vicio académico no es otra cosa que la manía por el capital curricular que tantas veces hemos denunciado en la UNEY.

El vicio académico cuenta con sólido apoyo reglamentario y financiero. Forma parte de una cultura que ha sustituido lo cualitativo por la academometría (palabra que no usaré, pero que por fea y contrahecha merece ser aplicada a los pobres universitarios de nuestro tiempo). Repito entonces: El vicio académico forma parte de una cultura que ha sustituido lo cualitativo por las mediciones. En las universidades de la decadencia se mide, se pesa y se suma y, sobre todo, se resta la inteligencia, la cultura, la imaginación y la poesía. Como en los versos de Heberto Padilla: ésas “no tienen aquí nada que hacer”. Proliferan los postgrados para satisfacer el vicio infatigable y no para incrementar el conocimiento. La proliferación incontrolada o, mejor dicho, controlada sólo por alcabalas burocráticas que la legitiman, lleva consigo un empobrecimiento humanístico y científico alarmante (alarmante para las pocas personas lúcidas que persisten en el medio, que las hay, todo hay que decirlo). Impera una especie de “feria de la alegría” en la oferta de cursos de cuarto nivel dirigida a reforzar el vicio académico y no a la solución de algún problema del país, menos aún, a satisfacer la genuina curiosidad cultural o científica que alguien pueda tener. No hay otro interés. Por eso, qué importa la pertinencia o la calidad de los postgrados que se ofrecen, qué importa la incultura de la mayoría de sus docentes y alumnos. Lo relevante es satisfacer el mercado y seguir alimentando la medianía de su oferta y su demanda. Así, el ramo se ve habitualmente enriquecido por universidades extranjeras que facilitan el voraz consumo de “doctorados” a distancia.

Quien no ha sido contagiado por el vicio es visto como un ser extraño y carente de aspiraciones. Al no formar parte del circuito, pasa a convertirse en un marginal académico, en una víctima del terrorismo curricular. Los casi impresentables reglamentos que sostienen el patético vicio lo excluyen de ascensos, reconocimientos y compensaciones, por más talento que demuestre en sus clases, investigaciones, escritos o diálogos cotidianos. O resiste buscando arduamente otros aires menos contaminados por el ridículo vicio o sucumbe ante la insistencia del medio, pasando a engrosar la nómina infeliz de los baldados mentales que copiosamente lo rodean. Habría que oponer una activa resistencia a ese demoledor trapiche académico, mediante alternativas sólidas, carentes de fetichismos normativos y aplicables de manera efectiva bajo el amparo de la experimentalidad y de la fuerza innovadora que conceden la conciencia y el talento críticos.

Si la exclusión que impunemente perpetra la (in)cultura curricular con las vocaciones e inteligencias de su propia casa constituye un torpe agravio a la justicia académica, más grave aún es el hecho innoble de que se prive a las universidades de incorporar como docentes o investigadores a personas valiosísimas, sólo por carecer del título exigido por las inflexibles normas de ingreso. El vicio académico se sostiene en un espíritu corporativo que frena cualquier intento de renovación, de cambio o de contacto con otros saberes y culturas. Ese espíritu coloniza a tirios y a troyanos, por más enconadas que sean sus diferencias políticas y amputa de realidad a las comarcas universitarias. Mientras los saberes populares y ancestrales dialogan en la calle, en los mustios cubículos de la academia se perpetúa el solipsismo. Hacerse de la vista gorda de lo que ocurre fuera de sus muros es una práctica constante de las universidades donde impera el vicio académico. Esa procaz manifestación de irresponsabilidad fue robustecida por el neoliberalismo y establecida como pauta por el Banco Mundial y sus compinches.

La deplorable tiranía del vicio académico nos ha llevado a profesionalizar todos los oficios y a redactar normas de carrera administrativa o "manuales de cargos" que exigen títulos y no competencias. Peor que eso: nos ha conducido a considerar como único propósito del sistema educativo, no la educación misma, sino la expedición de un papel que nos acredite para ejercer un cargo. Más que el conocimiento (el conocimiento precario y elitesco de antaño), al vicio académico le interesa la simulación del conocimiento.

Otra perversión, la gremial, lleva esto a consecuencias mayores: debes pertenecer al sindicato o al gremio para optar a una determinada función (con su sueldo completo) en tal o cual institución. Si no tienes el título y si no perteneces al colegio, no me importan tus conocimientos. Estás fuera de juego, o te pago menos. Conozco casos en los cuales la diferencia intelectual entre quien cumple con los requisitos de “formación” universitaria y quien no, es enorme. Siempre a favor del no licenciado o del no doctor. Esos casos son frecuentes. Desde luego, también son irritantes para quien se percata de una realidad absolutamente injusta en la distribución de los méritos y compensaciones económicas.

El vicio académico es ágrafo y áfono. Y por serlo, le disgusta el buen decir y la escritura elegante. Lo suyo son las monsergas de las revistas arbitradas que sólo circulan entre los miembros de la cofradía curricular. ¿De dónde viene el vicio académico? Viene de la deshumanización de nuestras universidades. Viene de la conversión de las casas de estudios en máquinas registradoras. Sí. Pero aún no estamos apuntando a las causas, sino a los productos. Creo que el vicio académico viene de la apropiación hegemónica del conocimiento por parte de unos pocos, quienes tienen interés en degradar al máximo a la universidad pública o en hacerse de ella para vaciarla de propósitos sociales. Aunque todavía no me satisface la respuesta, sé que ella apunta hacia una pista más segura para explicar esta miseria intelectual de nuestro tiempo, que, por fortuna, cuenta con algunas nobles excepciones que habré de reconocer y citar (conozco muy bien una experiencia contrastante) para adelantarme a la mecánica y falaz acusación de que estoy “generalizando”. Expertos en sofismas primarios, los productores y detentadores de chatarra académica no soportan la confrontación, menos aún el discurso severo que devele las penurias del modelo de conocimiento que ellos defienden o que anuncie el inminente colapso de unas universidades reñidas con la autocrítica y la renovación auténticas.
De todo eso escribiré.

Sunday, July 08, 2007

Guédez, como el río, fluye inmortal

Jesús Enrique Guédez
08-07-07: El lunes pasado me enteré de la muerte de Jesús Enrique Guédez. De inmediato me percaté de que en menos de un mes se nos había ido otro de los poetas de Tabla Redonda. Recuerdo, por cierto, que en el café que está frente a la librería Suma, hará unos cuatro años, Guédez me manifestó su dolor por el distanciamiento político con Sanoja y con algún otro compañero de generación y de antiguas luchas. Su último libro, Poemas crudos, muestra el desencanto por los viejos amigos. En una especie de ubi sunt en el que se pregunta por los revolucionarios de ayer (Balada del sí o el no), Guédez retornó a la palabra política, desacreditada y olvidada por muchos exquisitos. Nos recordó -en ese y otros poemas de su descarnado libro- que no siempre vivimos en torres verbales y que la voz poética es también la voz de los testigos. El poema está dedicado a la memoria del poeta Acosta Bello, un esteta, pero también un escritor dotado de una lúcida conciencia sobre su época.
Encuentro en Poemas crudos este deslinde del poeta Guédez con uno de sus viejos camaradas:

EL VIEJO AMIGO

El viejo amigo debe estar pensando
que yo he vivido sólo de recuerdos
cuando los hechos que vivimos cerca
se convirtieron para él en historia,
ideas de los políticos utopistas del poder
que veían pioneros en los jardines
de las mansiones de los poderosos.

Yo sólo recuerdo, no se me olvidan,
aquellos ideales, la sombra de una tarde,
la imprenta de tipos móviles enterrada
cerca de la tumba de un campesino
debajo de un árbol y a la orilla del río.

Ahora que estamos pensando mi amigo
y yo en decisiones políticas de otros,
cuando ya, viejo amigo, sólo servimos para pensar
y el cuerpo no aguanta un tramo de montaña
y la vida se nos ha complicado tanto
como yedras que trepan muros.

Para mi amigo la historia es un dogma
que explica con la máquina del silogismo.
Yo sólo recuerdo y me callo o escribo
como ahora, pensando en mi amigo.

Guédez hizo la distinción entre el recuerdo del pasado y la defensa de los nobles principios. Algunos compañeros suyos de generación se enorgullecen de haber cambiado de opinión, como si Guédez no lo hubiera hecho también muchas veces. De lo que no cambió Guédez fue de ideales y de afectos. Los renovó, los enriqueció, los puso a prueba y siguió soñando y soñándolos:

Entonces, ustedes, señores
que escogieron vivir su muerte,
déjennos, por nuestros hijos y por todos los que
todavía no saben nada de esto
y no tienen por qué saberlo,
déjennos soñar la vida, es nuestra, nos la dieron
nuestros padres
una noche de amor
para que la viviéramos amando
y sigan ustedes por ahí viviendo sus muertes
que a nosotros no nos van ni nos vienen.

Leo una semblanza que de sí mismo hizo el poeta y copio estas líneas espléndidas: "Pasó su infancia en Puerto Nutrias, donde aprendió a nadar, selló su pacto con Dios y vio la primera mujer desnuda. Eso es todo. Lo demás le ha venido por obra del medrador azar"

Director de cine, poeta y luchador, Guédez era sobre todo humilde, creo que verdaderamente humilde. Ahora podemos ir a Puerto Nutrias y decir con él:
El río fluye inmortal.

Friday, June 29, 2007

Gilberto Gil magistral

Gilberto Gil en el Seminario sobre Diversidad Cultural
Gilberto Gil no sólo pronunció un brillante discurso en la apertura del Seminario Internacional sobre Diversidad Cultural que se está realizando esta semana en Brasilia, sino que al finalizar las sesiones del día miércoles, sin que estuviera previsto, salió a cantar con el grupo que amenizaba el coctel de bienvenida a los participantes del seminario.

Fue un verdadero privilegio para quienes allí estuvimos.

Muito obrigado.

Sunday, June 24, 2007

Loyola

Angel C. Loyola


El paisaje y la alegría habitan la letra de Puerto Miranda.

Sus versos contienen la anchura de los ríos, el vuelo preciso de las aves, el arpa y sus arpegios, el sonido irreverente de los barcos, las muchachas del lugar cuando buscan casamiento y también el nombre de los ríos.

Recuerdo que Arnaldo Acosta Bello me habló del río Portuguesa, al que por su anchura en esa zona, lo apodan “la Portuguesa”, como muy bien lo llama “Angelcé” en la canción que escucho ahora.

Arnaldo nació en Camaguán y conocía entrañablemente sus esteros, sus ríos y sus mujeres.

No he ido nunca al Matiyure, pero tengo en mi memoria el relato que un día me hicieron el poeta Barrios y Florencio Sánchez cuando se acercaron a sus aguas y lo navegaron.

En la canción de Loyola la garza morena está volando hacia el Matiyure y en su vuelo incesante me detengo.

P.D:


“Llegando a Puerto Miranda
encontré el consuelo mío:
muchachas, tierras y arpa
con la majestad del río.
Vi volar la garza blanca.
Junto con garzón pionío,
salió la garza morena
con el pescuezo tendío.
Volando hacia Matiyure,
verdad, mi vida querida,
con despacio y sin desvio,
con despacio y sin desvío,
así va la garza blanca,
tú lo debes comprender,
volando en el medio ´el río,
volando en el medio ´el río.
Quien te ve Puerto Miranda
te armira por tu belleza
de tus lindas corocoras
y esas garzas paletas
que se paran en las playas
tan bonitas, tan extensas.
El Ruende, brazo de Apure,
también es la Portuguesa
los que le caen a tu río,
entonces, Puerto Miranda,
en esa anchura inmensa,
en esa anchura inmensa,
en donde llegan los barcos,
verdad, mi vida querida,
sonando las chapaletas".

Wednesday, May 30, 2007

El indiscreto encanto de la diversidad


1. La biodiversidad es un tema de la diversidad cultural y viceversa. Pienso, además, que seguir manteniendo una separación entre ambos conceptos es privarnos de un conocimiento integral y amplio acerca del grave problema que hoy nos ocupa. Tal vez ese problema tiene entre sus causas la visión unidimensional de que ha sido objeto. Mirar de modo parcial a la naturaleza forma parte de los hábitos de una cultura que se ha creído (y se cree) única. Esa cultura produjo (y produce) una ciencia y una técnica que se "legitiman" a sí mismas y que desconocen otras perspectivas, otros saberes u otras maneras de asumir la vida.

2. Debemos llamar a las cosas por su nombre: la poderosa máquina destructora de recursos naturales y de culturas cosecha hoy resultados y quiere, incluso, vendernos los desechos, mientras con profesional cinismo descarga en otros sus innegables culpas. Haber convertido todo en mercancía (aire, tierra, agua, bosques, culturas) es una inexorable consecuencia de las llamadas leyes del mercado. Todo fue intervenido por su poderosa mano indolente, pero una retórica difundida por sus medios de comunicación pretende liberar de responsabilidades a esa mano e imputar a la naturaleza misma. En materia de avilantez y de descaro ningún sistema parece igualarlo. Corrijo. Los socialismos reales, en otro terreno, han llegado a aventajarlo.

3. Si la diversidad cultural fuese algo más que un enunciado, otro gallo cantaría en materia ecológica. El reconocimiento de los saberes ancestrales nos proporcionaría otro trato con la naturaleza, un trato muchísimo más amable, desde luego. Pero de ese vínculo genuino hemos sido privados permanentemente por la dictadura impasible del capital. No por azar el centro hegemónico del capitalismo se ha opuesto por igual a la ratificación del Protocolo de Kyoto que a la aprobación de la Convención de la Diversidad de la Cultura.

4. Convivir con los otros y con la naturaleza es una cultura del humanismo y es a la vez un naturalismo de lo humano. El capital desconoce esa elevada forma de vida, no porque no la piense, sino porque es incapaz de sentirla.

5. El caso del etanol en los pueblos del maíz y el de las papeleras en Gualeguaychú iluminan hoy escenarios donde la beligerancia entre lo rentable y lo habitable (o entre el negocio y la vida) representa un desafío crucial para la supervivencia. ¿Hemos hecho lo necesario para que esas controversias sean más un hecho de la cultura –como debe ser- que de la política o la economía?

6. Pienso que el tema del calentamiento del planeta es también (o sobre todo) un tema de la poesía. Tiene la palabra el camarada Valente:

Cruzo un desierto y su secreta desolación sin nombre

Saturday, April 28, 2007

...si lo hubiera narrado Víctor Hugo


Para su grandeza total, al soberbio gol maradoniano de Messi sólo le faltó la narración irrepetible de Víctor Hugo Morales. Nadie es perfecto.

En España se quiso compensar esa carencia de este modo:

AS: El Getafe sufrió a Diego Messi

"El diario reproduce la voz de Manolo Lama en la Cadena SER: La va a tocar para Leo: ahí la tiene Messi; lo marcan dos, pisa la pelota Messi. Arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, y deja el tercero ¡y va a tocar para Gudjohnsen! Siempre Messi ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta ¡Gooooool! ¡Gooooool! ¡Quiero llorar! ¡Dios santo! ¡Viva el fútbol! ¡Golaaazo! ¡Leooooo! ¡Messiiiiii! ¡Es para llorar, perdónenme! Messi, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos, barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?... Donde dice Leo y Messi antes decía Diego y Maradona. Donde dice Gudjohnsen antes era Burruchaga. Y, claro, antes era una semifinal de un Mundial, mientras que anoche todo se limitaba a una semifinal de la Copa del Rey. Pero esto no quita que el gol de Messi -el primer gol de Messi, que luego hizo otro, enorme, estelar- merezca el honor de ser recordado parafraseando al uruguayo Víctor Hugo Morales, la voz que inmortalizó el golazo de Maradona a Inglaterra en México-86".

(Fuente: EL PAIS, Madrid)

Monday, April 09, 2007

El "inhallable" Deustua


08-04-07: En mis manos la antología de poetas peruanos que hizo Reynaldo Jiménez (El libro de unos sonidos. 37 poetas del Perú. Edit. tsé tsé, Buenos Aires, 2005). La conseguí hace poco en Buenos Aires. Creo que es excelente. Gracias a ella estoy leyendo a ese gran poeta que fue Raúl Deustua, el poeta "inhallable", según el decir de Mirko Lauer y Abelardo Oquendo. Sobre Deustua escribió entusiastamente Américo Ferrari, de quien, por cierto, también hay poemas en esta antología de Jiménez.

Raúl Deustua nació en 1921, al igual que Eielson y Sologuren, otros dos grandes. En 1949 se fue del Perú y no volvió jamás. Vivió en Nueva York y de allí se trasladó a Europa, siendo Ginebra, Viena y Roma las ciudades de sus sucesivos domicilios. También estuvo un tiempo en Nairobi, según los datos biográficos que menciona Jiménez. Murió en Roma en el 2004.

Paso rápida revista por mi memoria y concluyo que no recuerdo ninguna antología de poesía hispanoamericana que lo incluya. No está en la de Pellegrini. No está en la de José Olivio Jiménez. No está en la de Cobo Borda ni en la de Julio Ortega. No figura tampoco en la de Guillermo Sucre ni en la de Rodríguez Padrón. Supongo sí que debe aparecer en todas (o casi todas) las antologías de poetas peruanos. Ya todo esto me lo confirmará Gonzalo Ramírez, quien anda tras la caza de Deustua desde hace algún tiempo.

A Deustua lo conocía sólo por la Antología General de la Literatura Peruana de Sologuren, donde aparece un poema titulado Poema que subrayé en su momento porque me pareció apretado, inolvidable, prodigioso. También por unos fragmentos de Arquitectura del poema (1955), legendario primer libro, cuyo mínimo tiraje lo hace hoy en día codiciable pieza de colección.

En la antología peruana de Reynaldo Jiménez hay un poema rimado de nuestro autor que empieza así:

Esta es mi voz de incurable permanencia
devuelta a la forma del sol que me desvía
entre viejos y roídos telares de Florencia.
Vivo oculto al ay primero, a la rueda del tranvía
que es la O de Giotto
y una exacta columna de mi ausencia.

Me quito el sombrero ante la majestad de esas imágenes y ante esa "exacta columna de mi ausencia". No digo más.

¿Qué dijo Américo Ferrari de Raúl Deustua? Dijo esto: “La esfera poética de los versos de Raúl, existente, transparente, acerada y en las fronteras de la quietud, morada del verbo calcinado, vía por donde pasa el hombre nocturno en busca del centro luminoso e inalcanzable, morada a su vez de la aventura y del sigilo: sello, símbolo y signo oculto en su propia materia (…).”

Busco la antología de Sologuren para releer Poema.

Termino de fumarme un habano Bolívar. Lleno de humo y de recuerdos gratos copio versos de Raúl Deustua y me los voy repitiendo en alta voz :

POEMA

Un poema, la ruta del milagro
nocturno, la misma metáfora, algas
de un mar cansado, palpitante apenas,
gastado por el hombre, por la técnica
violada, rota por el incesante
conocer, recordar un alba ciega.
¿Adónde me conducen esas huellas?
Unas y otras son ecos lejanísimos,
trenes cargados, vías también ciegas.

Friday, April 06, 2007

Por la Casa Amarilla y por Diego

Lázaro Alvarez en la Casa Amarilla

La más famosa narración de gol de la historia es, sin duda, la que hizo Víctor Hugo cuando Maradona dejó atrás a todos los ingleses que se encontró en el camino aquel memorable día de 1986 en México. Víctor Hugo nos legó en esa ocasión una frase que hoy en día sirve para dar nombre a revistas literarias, a clubes deportivos o filosóficos y hasta para hacer un imprevisto piropo callejero: "Barrilete cósmico, de qué planeta viniste". Cualquier interesado puede escucharla bajándola por internet cuando guste, ya que muchas páginas de la red incluyen esa pieza antológica de la narración deportiva. No obstante su valor indiscutible, tengo para mí que la mejor manifestación de grandeza en el género la tuvo el propio Víctor Hugo cinco años antes. Con esa narración inigualable, metatextual a ratos, teatral en algún punto, minuciosa, onomatopéyica, pero también verbalmente prodigiosa, he dado clases de literatura y deportes, y de literatura a secas. La transcribo de seguidas:

Domina la pelota Comizzo, media vuelta para Ramón Díaz, la marca Córdoba, la marca Krazouski, gana Córdoba, se lleva la pelota, tres hombres por el camino, un cuarto que es Passarella. ¡Qué bien, pero qué bien, qué bien Córdoba! Arranca con todo por derecha y atrás viene Maradona por el tercero. Siempre Córdoba, se frena, se demora, permite que se acomode River, viene para Maradona, la domina cara a cara, escapa, ta ta ta ta ta ta ta, que sea que sea que sea que sea, ¡gol gol gol gol gol gol! ¡gooooolll! ¡goooollll! ¡gooooollll de Boca!.

¡Maradona! ¡Diego Armando Maradona!, el mejor jugador de fútbol del mundo, tras una jugada inolvidable de Córdoba que arrancó de izquierda a derecha, puso el centro para Maradona, la paró con la punta del zapato izquierdo y cuando le salió Fillol la enganchó, después pensó: que a la derecha, que a la izquierda, qué dónde la pongo, y Maradona eligió tocarla abajo sobre el parante izquierdo del arco que da a la vieja Casa Amarilla. Y les doy tantos, pero tantos datos porque pasarán muchos y muchos años y los hinchas de Boca seguirán hablando de este gol de ¡Diego! ¡grande! ¡Armando! ¡más grande! ¡Maradona!

Víctor Hugo Morales

(Abril de 1981, bajo la lluvia, “Cacho” Córdoba y Diego dejaron boquiabiertos no sólo al "pato" Fillol y al "conejo" Tarantini, sino a toda la Bombonera. Fue el primer clásico de Maradona).

P.D: Vladimir Delgado colocará muy pronto el audio de esta obra maestra de la narración.

Sunday, April 01, 2007

Sabineana (y IV)

Fuente de las Nereidas de Lola Mora. Costanera Sur

En Buenos Aires tengo más de lo que quiero,
pero lo que quiero nadie me lo da.

Buenos Aires: sos el sueño más porteño de Madrid.

(Joaquín Sabina en el Gran Rex)

Sabineana (III)

La Barra Brava acaba de salir de La Bombonera. Domingo, 18-03-07

De González Catán, en colectivo,
a la cancha de Boca, por Laguna,
va soñando -"Hoy ganamos el partido"-
la niña de los ojos de la luna.

Los muchachos de "la doce" más violentos,
cuando la "junan" en la Bombonera,
le piden a la Virgen de los Vientos,
que le levante a Paula la pollera.

(Joaquín Sabina, Dieguitos y Mafaldas)

Primera anotación del otoño

Palermo. Martín camina.

Caminar por Buenos Aires y sentir que se recorren las calles de viejas lecturas o de ciertas voces oídas en la infancia.

Asomarse a una esquina y ver que la casa que estaba ya no existe. El año pasado había una placa que indicaba que él había nacido allí. Hoy sólo queda el anuncio brutal de la demolición.

Ir por Santa Fe y dejarse llevar por sus murmullos. No sé qué verso saldrá algún día de mi memoria para encarnar en esos pasos. Siento que seguiré caminando por Santa Fe hasta que se cumpla algún destino.

Entrar al pasaje Güemes de la mano de Cortázar y salir lamentándome por parecer ahora más fama que cronopio.

Mirar el cielo y no ver la Cruz del Sur como en La Plata, majestuosa e imponente o, mejor todavía, viva y unánime como estaba en Gualeguaychú el lunes pasado.

Sentir que en Palermo él ya no está más, salvo en una esquina de la calle que ahora lleva su nombre.

Sospechar que algo me está esperando en San Telmo y saber que no estaré allí para descubrir de qué se trata.

Pronunciar en voz baja un título de Mujica Láinez: Misteriosa Buenos Aires.

Buscar el alma de Troilo, entrada ya la noche, en algún árbol de la calle Paraná, con la certeza de que hoy me iré a dormir sin bandoneón y de que el tango predilecto de Cuchi lo compuso Pichuco.

Saber que hubo noches de bastones largos y anotar que hace unas horas recordábamos a Rodolfo Walsh.

Admirar las flores de los palos borrachos. Nada más.

Desayunar con tres medialunas de manteca, café y jugo, en el Florida Gardens y escribir que hoy, 21 de marzo de 2007, puedo saludar tímidamente a la primavera en el otoño.

Saturday, March 31, 2007

Sabineana (II)


Plaza de Mayo, tarde del 17 de marzo de 2007

Buenos Aires es como contabas.
Hoy fui a pasear

y al llegar a la Plaza de Mayo

me dio por llorar
y me puse a gritar ¿dónde estás?


(Joaquín Sabina, Con la frente marchita)

Sunday, March 25, 2007

Sabineana (I)


¡Qué poco rato dura la vida eterna
por el túnel de tus piernas
entre Córdoba y Maipú!

(Joaquín Sabina, juglar de Madrid y de Buenos Aires)