Sunday, April 27, 2008

Esquina de la 17


En la vieja esquina de la 17 estoy con mis amigos
y suena majestuoso el cuatro de Escalona.

Seguramente no recuerde otra cosa de esa noche,
pero un resplandor de la memoria
me devuelve ahora un repentino rostro. Y eso me basta
para temblar de nuevo,
para sentir feliz que me enamoro solo.

Saturday, April 19, 2008

Paz bajo tu clara sombra


Era el 20 de abril de 1998. Recuerdo que yo estaba en Caracas desde la noche anterior y no vi ni oí noticia alguna. Me había levantado muy temprano. Mientras desayunaba cerca del hotel donde estaba alojado, Cuchi me llamó por teléfono para decírmelo: ayer murió Octavio Paz. Fue un seco disparo, sin duda, pero un disparo que esperaba desde hacía meses. Salí de la cafetería, tomé un taxi y me fui para una reunión de trabajo. Poco antes de llegar a la misma sonó de nuevo el celular. Era Teresa Casique, desde El Universal. Me dijo: "Freddy, ¿ya sabes por qué te estoy llamando?". "Claro", le respondí. Y agregué: "Esta vez sí podré escribir el artículo que me pediste sobre Paz". Me advirtió que lo necesitaba para el miércoles a más tardar. Y me comprometí con ella a entregárselo en el término de la distancia.

Llegué a Barquisimeto en horas de la tarde y encendí el televisor para ver el canal mexicano ECO, seguro de que estarían transmitiendo los actos en homenaje al gran escritor fallecido. En efecto. Entrevistas, ceremonia en el Palacio de Bellas Artes, discursos del presidente Zedillo, de Gonzalo Rojas y de Enrique Krauze, videos de viejos programas de Paz, y más y más entrevistas con escritores del mundo entero. Por la noche comencé a escribir y no me salió nada. Decidí esperar hasta el día siguiente y me pasó igual. Permanecí casi toda la mañana frente a la página en blanco, sin avanzar más allá de un párrafo que escribí y borré muchas veces. La ominosa imagen de Jack Nicholson en El Resplandor me asedió en algún momento. Y así estaba, estéril y angustiado, hasta que Cuchi se me acercó, me dio un breve masaje y me dijo: "Déjate llevar por la emoción y no trates de escribir nada brillante". Dicho y hecho. Podría decir ahora que no escribí el artículo sino que derramé palabras en la máquina. Las frases fluyeron y concluí en poco tiempo un texto que aún me satisface. Teresa y Patricia lo publicaron esa misma semana en Verbigracia. Al verlo impreso, sentí que comenzaba a pagar una deuda intelectual contraída en mi adolescencia con alguien que me había enseñado en sus libros a leer literatura. La deuda es tan grande que sé que no podré saldarla nunca, pero seguiré insistiendo, sin prisa y con deleite, aunque en el intento la hipoteca se vea incrementada.

Hoy, al cumplirse 10 años de la muerte de Octavio Paz, padre y maestro mágico, quiero recordarlo leyendo en voz alta unos versos que su hija Laura Helena Paz Garro escribió el 16 de enero de 1998 cuando ya la enfermedad de su padre ("la intrusa") se había hecho irreversible:

Quisiera ser la ranita verde y húmeda

que cantara bajo la ventana

la canción de los bosques en primavera,

su humedad,

para hacerte sentir ligero y fuerte,

nadando en un agua pura

que te llevara

a la tierra fértil

de la salud,

a la alegría de curarte;

abolir el sufrimiento de tu enfermedad

en un estanque donde floten los nenúfares

y la barca perezosa bajo el sol de Alicia;

la esperanza extrema del florecer de las rosas

un descanso profundo y líquido olvidando

todo mal.

El amor que fue tu música

verás surgir errante en tu cuarto:

una ninfa espíritu del agua,

de túnica verdosa

sacudiendo sus largos cabellos claros y mojados

sobre tu frente

y desapareciendo en la luz de la tarde.

Salta con la aparición en las profundidades del estanque

de donde surgirás joven y fuerte

unido por el agua misteriosa

a la ninfa

renovando el pacto mágico

después de haber refrescado tu corazón

y con una jarra llena del mar Mediterráneo,

que es tu patria,

¡oh padre!, volverás con tus amigos a las playas

de Grecia, a tu país,

curado y cantando tu poesía

de alas invisibles.


(...)


HELENA PAZ GARRO





Sunday, April 06, 2008

Claudio Guillén y Marilyn

Marilyn Monroe en su última sesion fotográfica. Fotógrafo: Bert Stern

Marilyn Monroe

Claudio Guillén recreó con sabia limpidez su primera aproximación a la magia de las palabras. Yo recuerdo ahora su página espléndida y me imagino la escena en la que el padre de Claudio y sus amigos decían de memoria algún soneto de Bécquer y viejísimos romances. Uno de esos amigos tocaba el piano, recitaba y hacía reír a todos en la sala. Ese amigo de la familia se llamaba Federico y era, según dicen, una fiesta innombrable. Pero no fueron sus poemas los que embriagaron al niño. Fueron las novelas que la madre francesa le dejaba llevar hasta la cama, convertida en pequeña biblioteca, lo que produjo en él fascinación.

Claudio lloró a lágrima viva cuando murió Porthos y se dejó llevar por mares lejanísimos de la mano de otros narradores. Vivió la experiencia intransferible de quien lee por vez primera un cuento y se entrega a su aventura. Conoció la melancolía de los barcos, tuvo miedo en las calles de Bagdad y supo que el narrador traza la ruta de la avilantez y el incierto rumbo de los descubrimientos.

(Claudio Guillén fue profesor de literatura comparada en Princeton, California y Harvard. Nos legó una obra merecidamente admirada por muchos estudiosos. Murió hará poco más de un año en España. Por esos días Antonio Muñoz Molina escribió un bello artículo de donde tomo esta experiencia guilleneana:

Una tarde de invierno, en Nueva York, a principios de los años sesenta, entró en un bar en penumbra a tomarse algo, y vio a su lado a una mujer rubia y espléndida que bebía tristemente a solas, y a la que no se atrevió a dirigirle la palabra. Era Marilyn Monroe.”)

Un verso de Paz



Un verso de Paz.

Conmigo ha ido a muchas partes. Si enciendo mi teléfono sus seis palabras me saludan siempre.

Traté de vivirlo en cuerpos y paisajes ya remotos. Atisbé su certidumbre en la madera.

He comprobado su errancia infinita, su insaciable destino, su paso por mi cara.

En un lejano amanecer, estando contigo en Barcelona, sentí que manaba con plenitud de una pequeña fuente.

Octavio Paz atrapó el esplendor en ese verso que ha ido conmigo a muchas partes y que suelo repetirme como mantra:

Hambre de encarnación padece el tiempo.

Thursday, March 20, 2008

El ojo que ves


Olivia y Martín

Dijo Joan Brossa, maestro de Chema Madoz, que un juego de espejos permite ver el otro lado del poema. Este de Martín podrá ocultar la cara del autor, mostrar sólo su ojo único y ser todo lo velazquiano que otros alguna vez quisieron, pero nadie podrá negar que la niña es simplemente bella, que sus ojos lo descubren todo y que la vida a veces, sin estéticas al uso, nos regala maravillas.
Martín querido, ¡chapeau!

Sunday, March 09, 2008

Gotán




La foto lo dice todo.

Si estás leyendo este texto, no aspires encontrar en él nada que ya la foto no te haya dicho.

Había ido a Europa. Estaba feliz y con el moño suelto.

En un poema de Juan Gelman, esa mujer se parecía a la palabra nunca.

En realidad, esa mujer se parecía a la palabra ave.

Sunday, January 27, 2008

Villa Crespo desde el taxi

Villa Crespo. Calle Corrientes.

El 8 de enero, yendo hacia Ezeiza desde Belgrano, el taxista más logorreico de Buenos Aires y sus alrededores nos paseó por Villa Crespo. Viendo las calles y las casas del barrio mi deformación literaria me llevó a recordar casi de inmediato a Adán Buenosayres, la gran novela de Leopoldo Marechal. Busqué la calle Monte Egmont, pensando en que ahora se llama Tres Arroyos y no la vi. Como la memoria suele ser caótica recordé en ese momento a mi tío Abelardo cuando cantaba El Pañuelito (“el pañuelito blanco que te ofrecí”). Rectifico. No hubo caos. La novela de Marechal comienza, precisamente, con esa canción que cantaba mi tío en los años cincuenta, recién llegado a la casa de la 17 y convertido desde entonces en un bellísimo mito familiar. Así que todo estuvo en orden. También recordé al Trianón, al Trianón de Villa Crespo, del que se habla con cierto desdén en el tango Muñeca Brava, de Cadícamo: “Sos del Trianón… del Trianón de Villa Crespo,/ milonguerita… juguete de ocasión”. No dije nada, por supuesto. Y el taxista continuó su tortuosa ruta hacia Ezeiza, así como el insufrible monólogo que demostró la firme paciencia de Cuchi, de Luisana y del suscrito.

Tuesday, January 22, 2008

Para que él se llamase Angel González


Para que él se llamase definitivamente Angel González y para que su voz se oyese unánime en toda España, fueron necesarios ochenta y dos años contados desde Oviedo y vividos con fervor -palabra sobre palabra- en el áspero mundo que le tocó habitar.

Me enteré tarde de su muerte, ocurrida el mismo dia que la de Adriano González León, pero unas horas antes. Enero seguía desangelándose.

Fue poeta de los cincuenta. Y también de las décadas que están por sucederse. Abrase cualquiera de sus libros para comprobarlo.

Sunday, January 20, 2008

Adriano González León y el Cinelandia de Valera



18-01-08: Hoy dediqué la sección literaria del programa de radio de la UNEY a Adriano González León. Adriano murió el sábado 12. El domingo pasado, recién llegado de Buenos Aires, compré la prensa en Caracas y vi la noticia de su muerte. Este año Adriano habría cumplido 77, la cifra prodigiosa. Fue González León en los sesenta uno de los mejores narradores venezolanos. En los noventa, ya Viejo, siguió siéndolo y es que nadie escribe de balde una obra maestra como País Portátil.

Como de costumbre, el azar concurrente hizo de las suyas. Resulta que en estos días busqué en mi desordenada biblioteca todos los libros de Adriano. Extrañamente los conseguí sin mayores dificultades, salvo uno: Hombre que daba sed. De ese libro tengo la primera edición, la de Jorge Alvarez, de 1967, que compré en la librería Suma al poco tiempo de su salida. Bien. Ese delgado volumen se demoró en aparecer hasta que mi memoria se iluminó y me fue guiando a la parte oculta del estante que lo alojaba. Lo saqué de allí con alegría y abrí sus páginas para leer Madán Clotilde. Al pasar sus páginas para llegar al cuento deseado, vi una hoja amarilla doblada. La saqué y abrí. Sorpresa. Era la copia de una planilla del Banco de Maracaibo: una planilla de transferencias fechada el 13 de enero de 1975. En ella mi papá me enviaba tres mil bolívares. Recordé de inmediato que para esa fecha yo estaba de visita en Venezuela. Vivía entonces en España y había venido a pasar las vacaciones de navidad y año nuevo en Barquisimeto. Estaba por retornar a Barcelona y seguramente le había pedido a mi padre dinero para pagar el pasaje comprado por mí a crédito. Me lo envió mediante esa transferencia, cuya planilla tiene su amorosa firma. Es una copia (la que le que queda al cliente), pero la firma es nítida, visible, rotunda: “J.M. Castillo D”. Pienso: Adriano murió y mi padre también. Uno el siete (mi papá) y otro el doce (Adriano). Yo llegué a Venezuela el 13 y, como ya dije, me enteré de la muerte de González León ese mismo día. La planilla de la transferencia que me hizo mi padre tiene también esa fecha.
Concluyo que las concurrencias del azar son infinitas. Sin mucho rebuscar encuentro ahora en mi memoria una conversación con Adriano de hace año y medio, en Valencia, en la que hablamos de un cine de Valera que conocí por mi papá durante un viaje inolvidable a la ciudad de Adriano: el Cinelandia. Allí vi con Balbino, el chofer de mi papá, una película mexicana: Dos gallos en palenque. Nos habíamos hospedado en el legendario Hotel Haack, cercano a la plaza.
Contemplar una montaña todos los días, antes de subir a la chevrolet azul, fue uno de los actos más hermosos de la infancia que entonces estaba por dejar. Desde esa época adoro a Valera y más la adoré cuando en el 67 descubrí a Adriano y supe que mi admirado escritor había nacido allí.

Monday, January 07, 2008

Gracias, José Manuel


Mi padre, José Manuel Castillo Díaz, murió hace unas horas en Barquisimeto. No estuve allí para velar su partida, pero algo me dice que él estuvo conmigo esta mañana.

Vivió casi 87 años. Fue padre de sus hijos y de sus hermanos.

Mereció las alegrías que tuvo, así como la paz que ahora alcanza.

Después de habernos dado tanto, hoy nos dio su alma.

Gracias, papá.

Buenos Aires, 7 de enero del 2007

Monday, December 31, 2007

Orión y la felicidad del nuevo año

La posición de Orión allá en el cielo

"A las doce la noche, por las puertas de la gloria
y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,
sale en hombros de cuatro ángeles, y en su gestatoria,
San Silvestre.

Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,
de que son diamantes Sirio, Arturo y Orión;
y el anillo de su diestra, hecho cual si fuese para
Salomón.

Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,
y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;
y colgada sobre el pecho resplandece la divina
Cruz del Sur"

(Rubén Darío, Año Nuevo).
Feliz 2008 para todos los amigos y lectores de la Isla de Robinson.

Saturday, December 29, 2007

Versión teatral de un libro de Wittgenstein

Fotografía de la casa que Wittgenstein diseñó para su hermana

Leo en el libro de un escritor porteño la increíble noticia de una obra teatral basada en las Investigaciones Filosóficas de Wittgenstein. La rareza tuvo lugar en Oxford y le correspondió dirigirla al catalán Llorenç Riber. Sucedió en algún verano de los setenta después de que su director superó la ardua selección del fondo musical, que, contra todo pronóstico, no recayó en Webern sino en Beethoven, quien suena durante todo la obra, a excepción del momento del prólogo, reservado por Riber para un aria de La Creación de Haydn. Recordarán algunos que el prólogo del libro de Wittgenstein es el famoso fragmento de San Agustín acerca de las palabras y de los objetos que ellas designan. Así que luce apropiada la elección sonora.

Quien reseña la obra se dice conocedor de algunas experiencias que por su facilidad no merecen ser tenidas como antecedentes de esta avilantez escénica. Así, recuerda haber asistido a la adaptación teatral de los Diálogos de Platón en la Universidad de Bogotá (que más obvia no puede ser), a la de las Ennéadas de Plotino y a la de El mundo como voluntad y representación de Schopenhauer. Ninguna, por supuesto, se le acerca en atrevimiento y desafío a la hazaña teatral de Llorenç Riber. Como se sabe, Investigaciones Filosóficas es uno de los textos fundamentales de la filosofía del siglo XX, escrito por un genio que pensó y repensó el lenguaje como juego. Alguien dijo una vez, a partir de Wittgenstein: el lenguaje es sólo juegos de lenguaje. Nada mejor entonces que el teatro para demostrar esa tesis.

Tal vez no sea innecesario agregar que Llorenç Riber es una invención de otro genio: el escritor argentino Juan Rodolfo Wilcock, en cuyo libro La sinagoga de los iconoclastas he podido leer esta maravilla.

Friday, December 28, 2007

La poesía de Gil de Biedma al cine

Jaime Gil de Biedma

Más que de novelas o cuentos, me gustaría que el cine se nutriera de libros de poesía. Así, he fantaseado muchas veces con una película basada en Las personas del verbo, el volumen que reúne la admirable y breve obra de Jaime Gil de Biedma. Mi fantasía incluye una condición: que la película sea dirigida por mi hija Luisana, cuyo gusto creo que se aviene con la idea (el poema filmado) y cuya imaginación y delicadeza pueden depararnos una obra bella y profunda.

Una primera escena podría mostrar a los padres de Gil de Biedma en Montjuich, con las imágenes de uno de sus mejores poemas (Barcelona ja no es bona o mi paseo solitario en primavera). Sería la primavera del año 29. Ellos bajarían del Chrysler amarillo y negro y caminarían lentamente por la avenida de los tilos. El padre examinaría las características de un vehículo mucho más caro que el suyo: un Duesemberg sport con doble parabrisas, “bello como una máquina de guerra”. La madre acariciaría su vientre, el cual alberga todavía a Jaime Gil.

No sería esa la única escena con imágenes tomadas del citado poema, si es que la directora deja que yo siga entrometiéndome en su proyecto y haciéndole sugerencias que se alejan de la idea original, por previsibles y convencionales.

La guerra, los veranos, los viajes, la enfermedad, los amigos, los bares, una sextina, la calle Pandrossou de Atenas, la Vía del Babuino en Roma, “un sótano más negro que tu reputación” en la calle Muntaner de Barcelona, las albadas, los chulos, las floristas, “un viejo país ineficiente, algo así como España entre dos guerras civiles”, la canción francesa, los compañeros de viaje y el “pequeño reino afortunado” del autor… todo eso (y más) podría estar allí, pero a través de la palabra poética y de las imágenes que sólo ella es capaz de despertar en uno. 
 

Nacho Valcárcel, quizá, prepararía la música...
 
No digo más porque no me corresponde. Luisana hará con Las personas del verbo lo que su talento artístico le indique, incluida la posibilidad estética, filosófica o personal de no hacer nada.

Wednesday, December 26, 2007

Raúl Betancourt, in memoriam

Raúl Betancourt (en realidad, Bethencourt)
La primera vez que pisé Suma todavía Raúl no era su dueño. Estaba sí Julia, la otra imagen emblemática de la legendaria librería. Creo que fue un año después cuando apareció Raúl, cuyo rostro se me haría familiar, mas no aún su trato, que comencé a disfrutar más tarde, por allá, a finales de los setenta. Desde ese entonces fuimos amigos. Siento que nos unió un afecto verdadero.
En este momento tristísimo para sus hijos y amigos, abatidos por su muerte abrupta, sólo se me ocurre agradecer a los dioses por el don de haberlo conocido.
Ahora se me viene a la memoria la imagen de su sonrisa de hombre bueno y sencillo. Que ella nos consuele a todos.

La geografía de Julien Gracq

Julien Gracq

"De pie, inclinado sobre la mesa, con las manos extendidas sobre el mapa, me quedaba a veces horas enteras sumido en una inmovilidad hipnótica de la que no me arrancaba ni el hormigueo de mis palmas entumecidas. Un leve susurro parecía ascender de aquel mapa, invadiendo la estancia cerrada y su silencio de acechanza..."

(El cuarto de los mapas, en El mar de las Sirtes)

Se fue hace tres días el gran Julien Gracq, célebre y secreto. Tenía 97 años. Abro ahora su bellísima novela El mar de las Sirtes y entro al cuarto de los mapas para buscar la lámina donde se encuentra Orsenna o donde se extienden los espacios ignotos del Farghestán.

Profesor de geografía y de historia, Julien Gracq adoraba los mapas y los relatos que suscitan. Suponía Octavio Paz que el nombre de Farghestán lo derivó Gracq de un reino ubicado en uno de los extremos de la Conchinchina, en el Asia Central, a lo largo de la ruta de la seda. Ese reino se llamaba Ferhana y fue una tierra famosa por sus caballos...

Gracq fue un intelectual insobornable y algo más: un clásico desde su primer libro, uno novela gótica que deslumbró a Breton.

Monday, December 24, 2007

Villancico desde la isla de Robinson


Fuego y música de Brahms,
tiempo de morir y renacer.
Navidad, Año Nuevo por venir,
la mujer, el hijo -amanecer

otra vez y despertar,
dar las gracias a Quién
y respirar amén vivir
mientras al fuego perecer.

Música, fuego animal,
respiración de mi hogar-
consumir el tiempo al par

que vivir el hoy de ayer
y el hoy del anochecer-
el hombre, el hijo, la mujer.

Ernesto Mejía Sánchez
(Nicaragua, 1923-1985. Villancico, Recolección a mediodía)

Saturday, December 22, 2007

La sagrada familia

Murillo
La familia de Murillo es una imagen emblemática para los venezolanos. Es, por supuesto, la etiqueta del vino "La Sagrada Familia".
Los versos de Paz Castillo, a propósito de esta imagen, me gustan mucho, pero no hay manera de que me los aprenda.
El mensaje navideño de la UNEY los trancribe: http://www.uney.edu.ve/universidad/mensaje_navidad_uney_2007.htm

Wednesday, December 19, 2007

El arte de Hiriart

Hugo Hiriart

Hugo Hiriart entró a mi biblioteca disertando sobre las telarañas.

Hugo Hiriart entró a mi biblioteca disertando sobre las telarañas y dejando entrever lúcidas reflexiones acerca de los sueños.

Hugo Hiriart entró a mi biblioteca disertando sobre las telarañas y dejando entrever lúcidas reflexiones acerca de los sueños, mientras silbaba su arte poética para disgusto de los críticos y de ciertas personas que suelen despreciar a cuanto autor ignoran.

Hugo Hiriart entró a mi biblioteca disertando sobre las telarañas y dejando entrever lúcidas reflexiones acerca de los sueños, mientras silbaba su arte poética para disgusto de los críticos y de ciertas personas que suelen despreciar a cuanto autor ignoran. Buscó con urgencia un estante para colocar los libros que casi se le caían de las manos. Le indiqué el lugar exacto. Los ordenó y abrió después uno de ellos. Era una novela de caballería.

Hugo Hiriart entró a mi biblioteca disertando sobre las telarañas y dejando entrever lúcidas reflexiones acerca de los sueños, mientras silbaba su arte poética para disgusto de los críticos y de ciertas personas que suelen despreciar a cuanto autor ignoran. Buscó con urgencia un estante para colocar los libros que casi se le caían de las manos. Le indiqué el lugar exacto. Los ordenó y abrió después uno de ellos. Era una novela de caballería. Leyó para mí estas palabras: “…celebra, Dama de las Palabras, en buenas imágenes, las lealtades, los amores y trabajos de quienes supieron batallar y ser gentiles”. Lo escuché con deleite toda la tarde.

Hugo Hiriart vino de Gofa en un sueño.

Hugo Hiriart no ha salido de Gofa todavía, pero ya despertó y escribe su sueño y los sueños de su sueño.

Hugo Hiriart no se siente incómodo en ninguno de los géneros. Los reinventa. He allí el secreto. Escribe una novela policial y de vez en cuando cita a Bécquer cuando da lecciones de castellano y de poesía a los lectores de otra lengua:

“¿Quién fuera parte
de la plegaria
que solitaria
dices a Dios”.


Hugo Hiriart viene del teatro y vuelve a él. Ahora, en mi biblioteca, se dispone a dirigir el matrimonio de dos monstruos: Clotario Demoniax y Lola la Gorda, “oh, tonel de la blandura…”. Son títeres que encarnan con denuedo la maldad.

Hugo Hiriart hace homenaje a Lezama. (En)cubre su devoción en el título de uno de sus libros de ensayos: “Los dientes eran el piano”.

El lector de Hugo Hiriart, con menos pudor que displicencia, se percata de que está siendo colonizado por la retórica del maestro, da por concluido este apresurado ejercicio y regresa al carnaval interminable de sus páginas.

Paz y Bona

Octavio Paz

Bona Tibertelli de Pisis


"...he olvidado tu nombre, Melusina,

Laura, Isabel, Perséfona, María,

tienes todos los rostros y ninguno,

eres todas las horas y ninguna,

te pareces al árbol y a la nube,

eres todos los pájaros y un astro,

te pareces al filo de la espada

y a la copa de sangre del verdugo,

yedra que avanza, envuelve y desarraiga

al alma y la divide de sí misma"

(Octavio Paz, Piedra de sol)

Monday, December 17, 2007

Las imponderables hallacas de Liverpool


1. Son larenses e historiadores. Ambos provienen de las aulas tocuyanas de don Egidio Montesinos. En este momento también son diplomáticos y se encuentran muy lejos de su patria. Uno de ellos ha estado escribiendo un libro sobre la esgrima moderna. El otro ha hecho anotaciones acerca de las neurosis de hombres célebres. Esta mañana de 1891, en Liverpool, se les ve atareados en otra cosa. Es diciembre y ya casi no falta nada para el 24. Días atrás decidieron celebrar juntos la navidad y hacerlo a la manera venezolana, para mitigar fríos y distancias. Así, se trazaron la difícil tarea de hacer hallacas. Por suerte, un trinitario tiene en Londres un abasto donde se expenden productos tropicales. Allí consiguieron el maíz, que terminaron pilando arduamente en un mortero de madera. Nada los detuvo, ni la casi imposible prueba de conseguir las hojas. Se valieron de sus funciones consulares para tener acceso al único lugar que albergaba, en rigurosa calefacción, la inhallable y costosa planta: el Jardín de Aclimatación de Londres. Atravesaron un largo periplo burocrático que exigió hasta la opinión técnica de la Sociedad de Historia Natural para poder cortar cinco hojas de un plátano británicamente custodiado. La proeza está a punto de consumarse. Asaron con esmero las hojas en el fuego de la chimenea y prepararon el guiso siguiendo las indicaciones que sólo uno de ellos (el mayor) conoce bien. Para darse ánimo silbaron un valsecito tocuyano cuando se dispusieron a probar el portentoso picadillo elaborado con carne de res y de cerdo, trozos de tocino y gallina. La música les dio suerte: estaba exquisito. En este momento uno de ellos amarra la décima y última hallaca de esta hazaña culinaria. Son larenses e historiadores y ahora aventureros de la cocina. Uno de ellos tiene 33 años y se llama Lisandro Alvarado, aunque prefiera presentarse como Perico el de los Palotes. El otro tiene 30 y se le conoce ya como el doctor José Gil Fortoul.
El episodio que he referido lo contará más tarde el hijo del primero, Aníbal Lisandro Alvarado, en su valioso libro Menú-Vernaculismos (Edime, Caracas-Madrid, 1953).

2. “Pascua donde no se canta al Mesías, ¿dime si es pascua, José?”. La pregunta retórica del bellísimo aguinaldo de Otilio Galíndez puede formularse de igual manera respecto de la hallaca, porque la navidad sin ellas es inconcebible. La literatura venezolana ha sido pródiga en el registro de esa presencia. Uno de nuestros costumbristas, Nicanor Bolet Peraza, habló de las “imponderables hallacas” y llegó a afirmar que por no haberlas conocido ni cantado, los dioses del Olimpo dejaron de ser inmortales. Sin llegar a tanto, creo firmemente en las hallacas como verdadera fuente de alegría. Este año doy de nuevo gracias a Dios por contar con ellas y por traerme como siempre el sabor de la antigua mesa tocuyana que venero. En ella, las hallacas de Cruz del Sur Morales prodigarán, una vez más, la gracia de una masa fina y delicada que gustosamente contiene el alma barroca de la infancia.

P.D: FELIZ NAVIDAD. Le deseo a todos, especialmente a los lectores y lectoras de este blog (y de Duelos y Quebrantos, por supuesto) unas felices pascuas y, sobre todo, la dicha de compartirlas.