Isaac Rosa. Ganador del Premio de Novela "Rómulo Gallegos" 2005.Los patéticos artículos de Gustavo Guerrero y Christopher Domínguez Michael acerca del supuestamente fallecido Premio de Novela "Rómulo Gallegos" fueron lúcidamente respondidos por Ignacio Echevarría, crítico insospechable de chavismo o de veleidades "bolivarianas".
Los cadáveres argumentales de los susodichos encontraron finalmente sepultura en las páginas literarias del diario chileno "El Mercurio". De allí viene el artículo que copio de seguidas, no sin antes preguntarle a Henry S., si ya conoció al Julio Denis de
El vano ayer:
"
Escándalos y prejuicios.
Pese al amplio crédito de que goza el Premio Rómulo Gallegos, la noticia de que este año fue concedido a El vano ayer, novela del joven sevillano Isaac Rosa, tuvo escaso eco en la prensa española. El diario "El País", que ha dado una extensa cobertura a las últimas ediciones del galardón, este año apenas dio la noticia en un breve de la agencia EFE, aparecido, para mayor escarnio, en la sección de "Gente" (9 de julio). Ello no fue obstáculo para que, pocos días después (15 de julio), el mismo diario, en su sección de "Cultura" (aquella en que se hubiera esperado que fuera servida la noticia del premio), diera cabida a un largo artículo del editor y crítico venezolano Gustavo Guerrero, donde, bajo el título "Réquiem por un galardón", se denunciaba la supuesta manipulación política del Rómulo Gallegos por parte del gobierno de Chávez, y se insinuaba que la concesión del premio a Isaac Rosa era debida a sus "públicas simpatías por el régimen castrista". El artículo de Guerrero (publicado también en el diario "El Nacional" de Venezuela) recibió, por parte de Isaac Rosa, una contenida respuesta ("El País", 18 de julio) que se ocupaba, sobre todo, de subrayar la discreción y ausencia de oportunismo de sus propias convicciones políticas. Tras lo cual, el asunto quedó sobreseído definitivamente, sin que el periódico se sintiera movido a justificar la irregularidad de su conducta informativa; sin que tampoco nadie, más allá del propio Rosa, saliera al paso de la iniquidad que comportaba el artículo de Guerrero (o tal vez sí, pero no se publicó).
En la misma cuerda que Guerrero, el crítico Christopher Domínguez Michael publicó el 31 de julio, en el diario mejicano "Reforma", un artículo titulado - ¡vaya coincidencia!- "El fin de un premio literario". En él abundaba en la denuncia de la manipulación política del jurado del Rómulo Gallegos y, de paso, hacía toda suerte de presunciones acerca de las convicciones políticas de Rosa, a quien Domínguez no se privaba de dedicar algunos improperios.
Imagino que habrán proliferado los artículos del mismo tenor. Por lo que toca a los dos mencionados, estoy seguro de que cualquiera que se anime a consultarlos reparará por sí solo en su desalentadora miseria intelectual. No me entretendré, por lo tanto, en rebatir sus tendenciosos argumentos. Sería una descortesía hacerlo, sin antes ofrecer a los lectores la oportunidad de leerlos por su cuenta. Tampoco defenderé aquí la novela de Rosa, pues hace escasas semanas publicó este periódico la reseña que yo mismo escribí sobre ella al poco de su aparición, y en ella quedaba claro mi entusiasmo. Un entusiasmo dictado - valga subrayarlo aquí- no sólo por el mérito y la calidad infrecuentes de El vano ayer, sino también, y sobre todo, por el saludable indicio que entraña el hecho de que su autor, un joven de apenas treinta años, se resolviera a hurgar críticamente en la desmemoria histórica de un país cuya transición a la democracia, tenida tantas veces por modélica, conllevó un pacto de silencio en torno a las zonas más sombrías de la dilatada dictadura franquista.
Pese a las palabras despectivas que Domínguez dedica a El vano ayer, no parece que el problema resida en la calidad de la novela, sobre la que Guerrero, que al parecer sí la ha leído, no tiene más remedio que admitir que le parece "brillante". No: para los agoreros del Premio Rómulo Gallegos el problema no parece residir en que El vano ayer pueda medirse o no - que sí puede, vaya si puede- con El viaje vertical de Enrique Vila-Matas o con El desbarrancadero de Fernando Vallejo, ganadoras del premio en sus dos ediciones anteriores. Tampoco parece residir en si la de Rosa es o no es mejor novela que, por ejemplo, Mal de amores, de la escritora mejicana Ángeles Mastretta, que obtuvo el galardón en 1997. El problema, dicen ellos, es que sobre el premio Rómulo Gallegos recaen sospechas de estar siendo instrumentalizado políticamente. Eso es lo que Guerrero denuncia a voz en grito, sin empacho alguno de - a la vez- indicar aprobatoriamente que el premio fue creado para contrarrestar "la creciente influencia de Casa de las Américas y la política cultural cubana". Como si eso, en una fecha como la de 1964, en plena Guerra Fría, no volcara todo tipo de suspicacias sobre el galardón. Un galardón, por otro lado, que en su primera edición recayó en Mario Vargas Llosa, que contaba la misma edad que ahora tiene Isaac Rosa, y que luego recayó sobre Gabriel García Márquez, de quien nadie ignora sus simpatías - entonces y ahora- por Castro.
Parece evidente que en la impugnación, por parte de algunos, del nuevo Premio Rómulo Gallegos tiene mucho que ver la comprensible aprensión que el grosero populismo de Chávez despierta en muchos intelectuales, tanto más si se encuadran dentro del liberalismo radical al que son tan afectas las plutocracias. Pero de esta aprensión no debería desprenderse un rechazo automático de la novela ganadora. Si lo que se pone en duda es la legitimidad del jurado, como parece que es el caso, entonces la pública impugnación del premio debería haberse hecho cuando el jurado en cuestión se hizo público, dando igual, a partir de entonces, qué novela resultara ganadora. Ahora bien: ocurre que los agoreros del Premio Rómulo Gallegos tenían su favorito, y la denuncia sobreviene a partir del instante en que se confirma que su favorito no ha salido vencedor.
A partir de ese momento, el hecho de que el joven Isaac Rosa haya firmado un manifiesto contra la política estadounidense hacia Cuba, o que haya concurrido en Madrid a un encuentro público con el ministro de Cultura cubano, se convierte en indicio irrefutable de servidumbre política por parte del autor premiado y de escandalosa manipulación por parte de unas autoridades culturales, que sólo se hubieran librado de esta sospecha distinguiendo a un autor de inequívoca militancia anticastrista, o antichavista.
Que la novela premiada exhiba, además, una explícita voluntad de interpelación política, emitida desde un punto de vista inequívocamente izquierdista, no hace más que agravar las cosas. Como si, una vez probada la calidad de una novela, no pudiera contemplarse, como criterio discernidor del interés y del mérito que mueven a distinguirla, su eficacia como instrumento de refutación de la ideología dominante, aquella que impone el orden en que tan cómodamente se desenvuelven los celosos custodios de la sacrosanta autonomía de la obra literaria. El orden mismo que imparte tácitamente la instrucción de ningunear el premio y el libro.
Para los agoreros del Rómulo Gallegos la disidencia política sólo admite ser escenificada por la vía del malditismo de estirpe romántica. Aceptan con complacencia los inofensivos ademanes execratorios de un novelista como Fernando Vallejo, y aplauden con regocijo la provocación que entraña donar el dinero del Premio Rómulo Gallegos a los perros de Caracas. Cualquier cosa menos tolerar que la literatura se vea mezclada con lo que califican ellos - expertos en la materia- de sucias "servidumbres" y se arrogue el derecho a intervenir en el debate social.
Entre las marcas caracterizadoras de la narrativa contemporánea, muy en particular la que se escribe en lengua española, destaca el secuestro en ella de toda intencionalidad política. No me cabe duda de que esa es una de las razones de su generalizada inanidad. En los análisis que se hacen de ella, se suele desatender el hecho de que la expansión de la onda bombástica de la literatura latinoamericana, allá por la década de los sesenta, tuvo mucho que ver con el común horizonte de utopía que contribuyó entonces a incrementar el sesgo aventurero de un impulso literario que, lejos de eludirlas, asumía sus resonancias políticas. Pese al descrédito sufrido desde entonces por las ideologías de uno y otro signo, pienso que habría que saludar con interés, o al menos con curiosidad - antes que con escrupulosa aprensión y espíritu ofendido- , todo indicio de reincorporación de la política a la literatura, todo intento de recuperar la novela como espacio de discusión y de intervención crítica, el derecho de la literatura a contrariar y no sólo glosar o subvertir los discursos hegemónicos.
El vano ayer, de Isaac Rosa, apunta en esta dirección. Puede que haya motivos para impugnar el premio que le ha sido concedido, pero eso no conlleva la necesidad de impugnar la novela. Quienes se sienten tentados a hacerlo son los primeros que, con su escándalo público, refutan aquello que pretenden defender: la improbable, la siempre sospechosa, la difícil y acaso indeseable autonomía de la obra literaria."
Ignacio Echevarría, El Mercurio, 26 de agosto de 2005Comentarios que llegaron en la primera edición de este post que ayer fue atacado por un virus blogérico:
Maito y Martín said...
Henry S., como seria un lector de blogs? que de paso puede escribir comentarios y publicarlos juntos al texto original?
Altazor, gracias por esos dos complementos, el de Ultimo Round y el de la fecha de nacimiento, que casualidad, no lo sabiamos.Angel, muchas gracias por tu visita y comentario. Pasamos por tu blog y nos gusto, tienes un buen catalogo ahi, y buenas imagenes de Klimt, Hoper y Schiele, las fotos no nos gustaron.Saludos a todos, pasaremos por sus casas pronto.
Ahora, Altazor, muchas gracias por la dedicatoria y las lineas de Fervor de las ciudades, ojala
Barbados nos inspirara a escribir algo asi, no perdemos la esperanza. Un gran abrazo.
3:49 PM Maito y Martín said...
Olvidabamos comentar el articulo sobre el premio Romulo Gallegos, ahora con mas ganas buscaremos a Isaac Rosa. Con respecto a
El Pais (porque sobre quienes escribieron los pateticos articulos no vale la pena hablar, ya se sabe por donde van), que pasa con el? sigue siendo el mejor periodico del mundo?
3:57 PM Altazor said...
Veo que hay una especie de
virus blogérico que me envía english comments. Espero que no interfieran mucho. Ya Tecnorrante me lo había advertido. Lo de
El País es muy lamentable para mí. El autor del artículo que transcribí fue censurado en el periódico hace algún tiempo. Es más, fue echado de Babelia por escribir una reseña muy fuerte sobre un libro editado por Alfaguara, la editorial de los dueños de
El País. No soportaron su reseña.Por cierto, la novela de Isaac Rosa no fue editada por Alfaguara. Fue editada por Seix-Barral. Como todos saben, había novelas que forman parte del catálago de la editorial de Polanco (Alfaguara) concursando en el "Rómulo Gallegos". Y se hablaba de una de ellas como gran favorita.
Así las cosas, ya no es
El País el mejor periódico del mundo. Lo fue.
5:08 PM