Sunday, July 06, 2008

Sobre Ludovico Silva

Ludovico Silva



1. Sabemos que es imposible condensar la vida de Ludovico Silva en unas pocas líneas, pero nos gustaría conocer sus impresiones sobre este importante pensador e intelectual venezolano. ¿Cómo era Ludovico, no sólo como filósofo, sino además como amigo y camarada?
A comienzos de los 70 me acerqué con timidez a Ludovico Silva. Yo venía leyéndolo con interés y fidelidad desde 1966 en sus artículos de El Nacional, pero fue la lectura de La plusvalía ideológica, el mismo año de su publicación (1970), lo que me convirtió definitivamente en un entusiasta admirador suyo. Con ese fervor por su obra me le acerqué un día para pedirle que aceptase una invitación para hablar del “carácter ideológico del Derecho” en unas jornadas que organizábamos algunos estudiantes de la Facultad de Derecho de la UCV. Ludovico aceptó de inmediato. Ese primer acercamiento me reveló de una vez la serena calidez de su trato, la amabilidad de su presencia, que ratificamos el día de su intervención. No sólo llegó a tiempo, sino que me entregó la copia del texto que escribió para nosotros en esa ocasión memorable. Aún conservo esa copia (con tres correcciones suyas, hechas a puño y letra) que fue un llamado a que iniciáramos entre nosotros la crítica radical de la ley como instrumento de represión, como instrumento al servicio de los dueños del capital. Nos exhortó a que dejáramos de considerar al derecho como “teoría pura” kelseniana y nos percatáramos de su carácter de aparato ideológico práctico y cotidiano. A partir de ese momento inicié con él un vínculo amistoso que permitió nuevas participaciones suyas en actividades de la Facultad, así como el generoso disfrute por mi parte de sus opiniones acerca de autores y libros sobre los cuales le indagaba. Dejé de verlo porque me fui a España en el 73 para hacer estudios de postgrado. Antes de hacerlo lo visité para recibir de él un paquete de libros y dos cartas donde, para mi sorpresa, le agradecía a sus destinatarios la eventualidad de cualquier favor que pudiese requerir de ellos el cartero ad hoc que las llevaba. Ese gesto, absolutamente iniciativa suya, me demostró que su amistad no era sólo una efusión y que su camaradería no era sólo un abrazo. Ludovico me enseñó que para él, ser compañero era un acto de fe y de confianza.

2- ¿Por qué es tan limitada la bibliografía publicada sobre Ludovico Silva?, ¿será que los venezolanos todavía no hemos entendido el valor que tiene su obra?
Aparte del descuido intelectual, yo creo que cierta tendencia a estar al día y a tratar a los autores como si fuesen marcas que van y vienen como productos de moda, nos conduce a la inmensa omisión de no haber estudiado con profundidad la extraordinaria obra de Ludovico Silva. Creo que también en esta desidia juega un rol importante la mala costumbre de no valorar los aportes al pensamiento de nuestros escritores. Impera todavía cierta propensión a subestimar lo nuestro. Si a ese complejo de algunos se le agrega la mezquindad de otros, podemos dibujar el cuadro de una patología causante de que los jóvenes desconozcan la valiosa creación literaria y filosófica del autor de esa maravilla que es El estilo literario de Marx, una conjunción de poesía y pensamiento escrita de modo magistral para deleite de quienes apreciamos no sólo lo que se dice sino también la forma en que se dice.

3. ¿Qué opinión le merecen los aportes de Ludovico al marxismo?En primer lugar, originales, en el sentido de que provienen de su propia lectura, de su lectura heterodoxa y directa de Marx, independientemente de las inevitables y lógicas coincidencias con autores que también hicieron lo mismo: ir a las fuentes. En segundo lugar, fecundantes, provocadores y oportunos. Descorrer el velo del marxismo teológico de pesadas burocracias comunistas y desmontar el marxismo de los caletreros de manuales, fue sin duda un aporte a la libertad de reflexión y, sobre todo, a la ampliación de un panorama que estaba dominado por la repetición de dogmas en algunos casos o por la traición a unos ideales en otros. Comprobar el verdadero carácter del concepto de “ideología” en Marx no es de poca monta. Fue, entre otras cosas, enmendarle la plana al propio Lenin. Eso (y más) hizo Ludovico en español y en Venezuela.

4. Ludovico decía que la verdadera cultura de la época capitalista era una “contracultura”. ¿Cree usted que algún día podremos hacer a un lado la ideología del sistema capitalista y volver a hablar simple y llanamente de cultura?
Lo interesante del planteamiento de Ludovico en relación con el concepto de cultura es el hecho de contraponerlo al de “ideología” y atribuirle al capitalismo la capacidad fatal de convertir todo en mercancía, incluidos los valores del espíritu. Así, la “ideología” es, en rigor, “contracultura”. Hoy en día la realidad nos brinda más y mejores comprobaciones de lo que Ludovico planteó en los 70. Recordemos que de manera explícita los defensores del capital han planteado que el tema de la cultura no es un tema de la UNESCO sino de la Organización Mundial del Comercio. A confesión de parte, relevo de pruebas.

Si no revisamos con lucidez y conciencia crítica lo que significa la cultura en unos sistemas tan hábiles para colonizarnos mentalmente como son el capitalismo y los llamados "socialismos reales", no creo que esté cerca la fecha en que dejemos de producir mecánicamente “plusvalía ideológica”. Creo que el avance que comporta asumir como necesarios la interculturalidad y el reconocimiento activo de la diversidad cultural ayudará bastante a acercar ese día. Introduzco un matiz, que es, en verdad algo más que eso: culturas y no cultura.

5. A la luz de los procesos de cambio que se gestan en Latinoamérica, ¿de qué manera los conceptos marxistas de alienación, ideología, ayudarían a explicar la realidad latinoamericana y su proceso actual?

Sólo de una manera: asociándolos al tema de la cultura, en el sentido propuesto por Ludovico. Por eso, releerlo y retomar hoy el aliento crítico de sus incitaciones intelectuales, es un buen estímulo. Obras como las de Bolívar Echeverría van por ese camino que inició en Ludovico Silva inició en Venezuela. La resistencia frente al poder colonizador del capitalismo que un Papa llamó "salvaje" o ante los "socialismos reales" de cualquier siglo (incluido el del XXI) la debemos hacer en Latinoamérica desde nuestras culturas.

También la creación de una sociedad justa la haremos desde ellas, con un pensamiento que no desdeñe el diálogo fecundo, pero que no invisibilice sus orígenes.

(Las respuestas son de Biscuter. Las preguntas de Carmen Bohórquez).

Tuesday, June 24, 2008

Hoy es San Gardel

Gardel y Razzano

Enrique Cadícamo acaba de llegar a un viejo café de la Boca, en Olavarría y Almirante Brown. Apenas se asoma, ya es otro tiempo. El café no existe más, pero ahora existe para él y comienza, entonces, a repetirse una escena vivida febrilmente por allá en el año de 1911, cuando Cafieri llevó a un dúo de cantores y lo plantó en el centro del bodegón, diciendo solemne: “Este mozo es el morocho y éste Pepe, el oriental”. Lo que vendría después sería la leyenda. Pero no nos adelantemos. Cadícamo está oyendo los aplausos clamorosos, desmesurados, incansables. El dúo vuelve por fin a templar con magia sus guitarras y se hace un silencio unánime, rotundo. De pronto viene el estallido universal y el público se disputa con vehemencia el pago de la próxima ronda, como lo dicta la antigua nobleza tabernaria. Cadícamo toma nota porque ya tiene en mente una milonga. La historia hay que cantarla para que otros la vivan, dice para sí. Llega la madrugada y Cadícamo retorna a su Buenos Aires espectral del presente, sin salir del todo de la Boca. Y escribe:

“Ah, café de aquel entonces
de la calle Olavarría,
donde de noche caia
allá por el año once…

De cuando yo, en mi arrabal,
de bravo tuve cartel.
El Morocho era Gardel
y Razzano el Oriental”


(Con Martín y Maitoni caminé por la calle Olavarría y llegué hasta la esquina de Almirante Brown el 27 de diciembre del 2005. A ellos dedico este recuerdo).

Saturday, June 07, 2008

La gracia de su cercanía

Olivia. Foto de Martín Castillo Morales

Todo lo que uno aspira parece concentrado en esta foto
que Martín le tomó a su hija en Buenos Aires.

Uno aspira, en verdad, a la belleza y a la alegría inabordables.

No las esperaba, pero ellas están acá,
espléndidas, puntuales.

Esta tarde las bendigo
y disfruto contemplándolas.
En ellas curo hoy mis aflcciones.

Un rey de leyenda

Rilke


Llevo un rato leyendo y acordándome de ti que estás en México.
Me gustaría compartir contigo lo que Rilke acaba de contarme:
la leyenda del rey Carlos XII de Suecia cuando cabalgaba por Ucrania
y odiaba la primavera y los cabellos de mujer.
Era un joven rey del norte que fue vencido en Ucrania.
Se dice que cabalgaba ciego entre sus muertos
y que enceguecía a quien lo contemplara.
Era, sin duda, un rey de leyenda.
Lo invoco ahora para no dejar de recordarte en mi ceguera.

Sunday, June 01, 2008

Gustavo Pereira o la dignidad intelectual (y IV)

Luis Alberto Crespo y Gustavo Pereira en Santiago de Cuba

10. Gustavo y su costado indio. Descubrirse diverso bajo su piel de catire (“nibelungo” le decía Tarique). Descubrir los pómulos, las plumas, los escombros… Escribió: “Vengo de tres sombras/ pero sólo conozco/ el desprecio que marcó la calzada que me conducía a las otras dos”. De allí surgen Escrito de salvaje y Costado Indio. Al primero pertenece el poema que leyó en la memorable sesión de la Constituyente para dar respuesta rotunda y firme al discurso racista de Jorge Olavarría. Una vez concluida su lectura las comunidades indígenas allí representadas le concedieron a Gustavo la distinción enorme de su ciudadanía.

“Soy uno de los pocos indios blancos de este país”, diría después con envidiable orgullo.

11. Quienes hemos disfrutado de la conversación fascinante de Gustavo Pereira, sabemos que esa cualidad verbal le permitió ser también un incomparable profesor universitario. Asimismo, su amor por los libros, su preocupación por la historia, su curiosidad por el costado indio y por la diversidad de nuestras culturas, lo llevaron a entregarle a la academia obras de verdadera creación intelectual y no simples “trabajos de ascenso” que sólo cumplieran con un requisito reglamentario. De ese esfuerzo dan cuenta sin ningún desperdicio los tres tomos de sus Historias del paraíso.Nuestras universidades desde hace tiempo se convirtieron en monstruosas burocracias, es decir, en espacios donde se dirimen poderes, no saberes. Sus prácticas corporativas, cuyo objetivo suele ser el control de beneficios y prebendas, nada tienen que ver con las razones de la poesía. Un hombre como Gustavo Pereira puede sentirse a gusto con sus alumnos en una clase, pero no en los cubículos de la negociación curricular. Su asunción casi apostólica de la poesía lo ha protegido siempre de las candilejas del poder, incluidas las del arrogante y lastimoso poder académico.

Una carta que Arnaldo Acosta Bello hizo pública en un libro de memorias (que es también un libro sobre poesía), revela los cuidados que Gustavo Pereira siempre ha tenido frente a las amenazas del poder, sobre todo cuando éstas se ciernen sobre personas de su afecto. Amparado en Arnaldo y en su libro, que algún disgusto causó en la ULA en su momento, copio la carta de Gustavo para ilustrar cuanto vengo diciendo:

Querido Pepe, recién llego del Ecuador donde había estado un par de semanas en una aventura desigual, humanísima, y turbulenta, y me hallo tu fraterna carta por la que conozco que recibiste mi carcaj de flechas neptunianas por esa terrible vaina que te quieren echar, de nombrarte decano.// Otro tanto querían y quieren hacer conmigo acá, hermosos amigos del alma que no terminan de comprender en sus buenos deseos y en sus querencias, que nuestro corazón es de aserrín, que todo poder termina por jodernos, que toda tentación nos deslumbra al tiempo que nos pierde por la sinrazón que finalmente somos. Uno, hermano mío, no tiene remedio entre halagos. Es más, los discordia. La vieja prostituta que es la poesía, es por naturaleza infiel, pero suele vengarse de nuestras infidelidades como si no alcanzase a comprender que siendo humanos, somos también cotidiana materia antipoética. Eso que algunos llaman hacer carrera, va muy bien con los funcionarios, con los políticos y con los académicos: de ellos es el reino de las ubicuidades. ¿No nos basta a nosotros con la gloria y la terrible vanidad de querer ser justos y buenos y además hallar en la vida, en la luz, en el aire, en el farallón esplendente de un deseado cuerpo, todo el néctar que se requiere para sobrevivir y a ratos ser felices?// Yo no te veo, como yo no me veo, de toga y birrete, rostro serio de perdonavidas, acomparsando esa lastimosa farsa oficial en que han convertido la educación.// Por eso sufrí por ti antes del crimen, el terrible suplicio, que al parecer, estoicamente, otros amigos muy queridos han podido soportar. // Ojalá, pues, no ganes, y te quedes así, medianamente pobre como somos, que es bastante para abrir de mañana la ventana, para que el sol deje otra vez el lápiz y la taza, la tinta y el pantalón, y nos sorprenda el rostro grave del eclipse en que a veces nos convierten las penas.// Nada más puede decirte tu hermano, y eso lo sabes. La vida nos coloca a veces en urgencias insoslayables, las tuyas actuales no las conozco. Si aceptaste fue porque debías aceptar, lo sé. Pero ojalá no ganes, aunque presiento que ganarás por todos los votos del mundo. Y si no hay más remedio, no es tan desconocido el patíbulo para muchos de nosotros. Afectos de Gustavo”

12. En noviembre de 1999 participé en una reunión en la que se buscaba un nombre para la presidencia del CONAC. El ministro Navarro lo propondría al Jefe de Estado, después de hacer las consultas pertinentes. Quienes allí estábamos coincidimos, en primer lugar, en el nombre de Gustavo Pereira, pero Gustavo rechazó la idea de una manera tajante, rotunda. No hubo forma ni manera de obtener de él algún atisbo de reconsideración. “Prefiero seguir contemplando el mar”, nos dijo. Fiel a la sabiduría de contemplar el mar desde su isla, el poeta nos estaba diciendo esa noche un somari:

Pudo ser ministro pero prefirió/ regentar sus papeles/ que se le escapaban/ Tener poder pero qué/ más poder que festejarse/ en los pechos amados?/ Enriquecerse pero qué/ otra riqueza / a la suya que se reparte sin tasa?”.

13. La dignidad del poeta interpela no sólo a los representantes de cierta izquierda tornadiza, sino también a quienes diciéndose revolucionarios de ahora, buscan solamente protagonismo y ventajas transitorias. Distante de las jerarquías, pero también de las imposturas, Gustavo Pereira es hoy un feliz ejemplo de resistencia ética.

14. Intento el somari del anagrama para concluir:

Le pregunté al somari
¿quién eres?

-Soi mar,
me respondió.

Gustavo Pereira o la dignidad intelectual (III)

Gustavo Pereira

7. A los 17 años leí en el Papel Literario unos poemas de Víctor Salazar que formaban parte de un libro titulado Cartas de la calle Victoria. Después, mucho después, supe que este poeta extraño, desterrado y espléndido, fallecido antes de cumplir 43 años, había sido un gran amigo de Gustavo Pereira y que Nicanor Salazar, su padre, había llegado a El Morro de Barcelona junto con Juan Salazar Marcano, el abuelo materno de Gustavo. Víctor había nacido en la isla de Coche y, Gustavo, como sabemos, en la de Margarita. Los unían, pues, las islas, los ancestros y la poesía. Alguna vez compartieron vivienda en la Avenida Victoria de Caracas. También compartieron tabernas y vigilias. Mi memoria siempre los asoció. El lector sorprendido que yo era en el 67 transitaba sin dificultad alguna desde un libro de Pereira que me encantaba (En plena estación) a los íngrimos poemas en prosa de Víctor Salazar. De la palabra activa y mordaz de un solidario a la palabra intemporal de un desolado.

Cuando Víctor Salazar murió Gustavo escribió una hermosísima elegía. En ella dijo:

Los poemas tal vez nos sobrevivan/ pero serán de otros como siempre quisimos.

8. Permítaseme un lugar común que en el fondo no es tal: una de las virtudes más admirables de Gustavo Pereira es su invicto sentido de la amistad. La amistad resiste con éxito distancias ideológicas y evita la violencia en las rupturas fatales que nos depara la vida. Más cultural que instintiva, la amistad es la verdadera prueba de la adhesión humana. Gustavo Pereira cree en ella como valor supremo y no le escatima tiempo ni cuidados.

Recuerdo haber tenido hace ocho años una larga conversación telefónica con el poeta. Hablábamos de dos entrañables amigos suyos entonces enfrentados. Yo había tomado partido por uno de ellos. Gustavo procuraba el punto de encuentro, el difícil lugar de la conciliación. Sus razones eran afectivas, pero eran razones y no sólo sentimientos. Al final de la conversación, el tono de Gustavo era un tono de dolor, dolor por los amigos queridos que se querellaban sin tregua. Ese día tuve la certeza de haber oído una serena lección de nobleza humana.

Para decirlo mejor me apoyo en un poema de La fiesta sigue:

“Cuando se dice la palabra amigo se dice sólo lo indispensable/ Vale decir/ Hermano/ Compañero/ Familia/ La vida que soñamos/ El mar/ Cotidianos sabores/ Una cerveza bajo el limpio cielo/ El olor a escafandra de cierto muelle/ Una calle sola por donde desandamos nuestros huesos (…) Cuando se dice amigo se dice Certidumbre/ Se dice Ternura/ Se dice Costa Blanca y Común/ como un pan/ Y se tiene una lámpara encendida en los ojos/ Y un resplandor adentro”.

9. El suplemento cultural de un diario de provincia le sirvió a Gustavo Pereira para demostrar que la generosidad intelectual puede ejercerse sin límites. Desde la redacción de “Los domingos en Antorcha”, en El Tigre, abrió cauces para la creación y orientó a jóvenes escritores que lo reconocieron de inmediato como su maestro. Bajo su dirección, más que una página literaria, el suplemento de Antorcha fue un fértil taller de literatura. Gustavo, que venía de ganar el concurso internacional de poesía de Imagen (comenzaban los 70) y que compartía su actividad cultural con el trabajo de juez en El Tigrito, convocó al talento y le ofreció sin restricciones su espléndida casa literaria. Un día abrió la puerta un joven narrador que comenzaba a explorar con su inmensa inteligencia la memoria de los campos petroleros y a escuchar minuciosamente las voces secretas de su pueblo. En otra ocasión fue un adolescente con sus primeros y maravillosos textos poéticos el que tocaba y entraba con su temprana curiosidad por lo sagrado. Hablo de Benito Yrady y de Santos López, respectivamente. Pero también podría mencionar, entre otros, a Tarek William Saab, a Néstor López y a Josu Landa.
Todos ellos (y muchos otros) recibieron, más que el consejo, la confianza alentadora de Gustavo Pereira.

Saturday, May 24, 2008

Gustavo Pereira o la dignidad intelectual (II)

Gustavo Pereira

4. Compromiso social y conciencia poética no suelen convivir en tiempos de dicotomías inconciliables. Imperios que se afrentan, diría un escritor colombiano en un contexto mucho menos árido o arisco. Para nadie es un secreto que en los últimos años hemos sufrido una degradación intelectual que da vergüenza. Muchos izquierdistas de los sesenta, sumados a la mustia internacional del desencanto, de tanto recusar las utopías, han terminado como rehenes de una supuesta “liberación”, vale decir, de su incapacidad de distinguir entre principios e ideologías o entre valores y opiniones. Con el cuento cínico de que “sólo los imbéciles no cambian de opinión”, procedieron a abjurar de sus viejos ideales. Hoy deambulan por ahí, gerenciales y pragmáticos, tratando de alejar inútilmente el lenguaje de la historia. Otros, en aceras distintas, corren riesgos semejantes, sumándose de manera acrítica a los "nuevos" cultos de la personalidad. Digo esto para recordar la contraparte: la resistencia de una sensibilidad ante los dogmatismos y la grandeza de una tensión que sabe resolverse en poesía.

El 29 de agosto del 2002 en su discurso de recepción del premio nacional de literatura Pereira recordó que hablaba “del lado de los humillados y ofendidos que cifran una vez más esperanzas y esfuerzos en una voluntad de redención a la que me he suscrito sin reservas desde que mi ser sensible le impuso a mi razón la poesía”.

Gustavo Pereira comprende y comparte la belleza de la palabra justicia.

5. Vayamos brevemente a la casa, a sus primeras letras y lugares. En ellos el dirigente sindical Benito Pereira, padre y primer maestro, toma y transmite la palabra:

“Eran los días del origen cuando los hombres se amontonaban/ en sindicatos y portones/ Eran los días en que mi padre devoraba hasta el amanecer los libros rojos/ y me enseñaba la Internacional entre los ruidos de las máquinas/ Eran días temblorosos tiernos como panes encadenados a nuestros pasos como polvo”.

Por allí también transitan cotidianamente Bécquer, Darío, Lorca y otras presencias musicales que muy pronto habrían de gravitar en el niño comunista. Ya quinceañero, éste escribe y publica su primer libro: El rumor de la luz. No podía ser de otra manera. Prepararse para el viaje (que otros llaman la vida) escuchando y leyendo poesía, permite un trato secreto con lo insondable. Un comentario de Adriano González León registró con premonición ese hecho:

“Gustavo Pereira, quien apenas debe llegar a los dieciocho años, acumula para su lado positivo la valentía de enfrentarse con una vocación El paso inicial de publicar un conjunto de poemas es de por sí acreedor de un mínimo respeto. Pereira, en Puerto La Cruz, ha podido dedicarse a los deportes, a la carrera comercial, a la vagancia o simplemente a repasar sus materias de bachillerato. Sin embargo, porque se siente solidario de una aventura mayor, se decide por la poesía, en un esfuerzo para preparar su comunicación con los hombres. Esta, unida a cierta limpidez en la concepción poética y al abandono que ha hecho de la clásica retórica del joven que escribe un poema porque han cesado las relaciones con su novia, constituyen el valor de ´El rumor de la luz´” (Revista Nacional de Cultura, Nro. 123, julio-agosto 1957).
El poeta busca el paracaídas de Altazor y lo encuentra, pero termina fabricándose el suyo. Sabe, en efecto, que su comunicación con los hombres será poética o no será. Y vuelve a la isla, a la casa, al viejo domicilio. En La fiesta sigue va a describir después su Regreso al hogar:

“Otra vez en la misma casa/ conversando con las mismas gentes/ Las mismas gentes/ Y el mismo olor a tabaco/ Y la misma casa con aquella pared/ Y aquella cocina/ Las mismas gentes y la casa/ se sientan en las mismas sillas comen las mismas/ legumbres/ se aprietan como antes exactamente como antes/ Yo también soy el mismo”.

6. Luis Henrique Persa, con un libro titulado Desprendimiento de los sueños, obtuvo en el año 64 el premio de poesía que para autores inéditos otorgaba el Ateneo de Boconó. Han transcurrido 44 años y el libro de Persa continúa en la ineditez. Una vez conocido el nombre del ganador, El Nacional le encomendó al periodista Absalón Bracho que lo entrevistara en Puerto La Cruz, lugar donde residía el joven poeta. Bracho hizo diligentemente su trabajo y a pesar de que Persa no quería fotos, éstas no faltaron. Las hizo impecablemente Augusto Hernández. La entrevista apareció de inmediato con un titular que decía “Un autor misterioso gana el concurso para autores inéditos” y la ilustraba una foto de Luis Henrique Persa, como debe ser. Al verla, uno de los miembros del jurado (¿Sambrano Urdaneta? ¿Subero?) exclamó: “¡Pero si este es Gustavo Pereira!”. Sin dilación alguna se activó entonces la maquinaria de la administración literaria y Persa fue despojado del premio, bajo el alegato implacable de que no había cumplido con la condición de ser inédito. Hubo ruido, por supuesto. Nada menos que Mariano Picón-Salas y Aníbal Nazoa rompieron lanzas a favor de Gustavo, pero la cosa quedó ahí. Pocos meses más tarde Gustavo Pereira y otros jóvenes publicarían la revista Trópico Uno.

En las líneas del fuego político se estaba viviendo también una etapa de ebullición intelectual. Trópico Uno demostró que esa beligerancia creadora no tenía en Caracas su único escenario. Puerto La Cruz se sumó a ella con honores. Además de la revista, aparecieron allí los libros colectivos 7 poemas y Bajo la refriega. Se realizaron las exposiciones del Círculo Ariosto y Luis José Bonilla, Gladys Meneses, Pedro Barreto, Rita Valdivia, Eduardo Lezama, el indio Hernández Guerra, Ramón Yánez, Eduardo Sifontes, Jesús Enrique Barrios, entre otros, se entregaron con denuedo a la febril agitación de la cultura. Barrios, por cierto, escribió: “Sólo el silencio está más allá de mi imaginación”, inaugurando un estilo que cultiva y mejora a diario desde entonces.

Al frente de todo y de todos estaba un joven de 24 años que en Trópico Uno firmaba unas veces como Gustavo Pereira y otras como Luis H. Persa. Tenazmente nuestro autor no sólo escribía y publicaba, sino que hacía sus Preparativos de viaje.

Friday, May 23, 2008

Gustavo Pereira o la dignidad intelectual (I)

Gustavo Pereira

1. Cuando Gustavo Pereira un día del año 99 leyó ante el país el preámbulo de la actual Constitución venezolana, tuve la ilusión de que la poesía, no sólo tomaba la palabra, sino que lograba ocupar por un instante el centro de una crucial jornada de la patria. Un escenario de donde parecían proscritas para siempre las voces primordiales (las otras voces, que diría Octavio Paz) era de pronto visitado por extrañas y lejanas resonancias. El poeta daba lectura a lo que él mismo había escrito poco antes y su tono marcaba la diferencia esencial con los discursos constitucionales conocidos hasta entonces. La voz de Pereira no brotaba de un tratado de derecho público, sino de una fuente verdaderamente prístina: la poesía, lenguaje anterior a todas las leyes y cauce de una memoria antigua que nuestro tiempo ha desterrado con puntual y mediática inclemencia.

Al concluir Gustavo Pereira su lectura sentí que la poesía había iluminado un nuevo espacio.

2. En 1957 Gustavo Pereira tenía diecisiete años y un libro publicado. Durante más de medio siglo no ha cesado de escribir poemas ni de compartir su insobornable devoción por la palabra, su mar de cada día, sus islas entrañables, sus naves ingeniosas. Frente al Caribe ha cultivado con paciencia y esmero una geografía espiritual equivalente al famoso jardín de Voltaire (léase hogar, biblioteca, familia, amigos, sueños cotidianos), sin encerrarse en él ni dejado de buscarle abono en otras tierras, en la calle o en el invisible humus de una tradición largamente preterida.

Sabemos que por la hostilidad de ciertas épocas, algunos poetas decaen, huyen, hacen mutis o se repiten con tedio, que es una forma de lo último. Así, pueden ser eternamente poetas de los sesenta y vivir de un viejo esplendor. Otros, como es el caso de Gustavo Pereira, sin dejarse vencer por modas ni desidias, siguen siendo contemporáneos y trazan con deleite, sin prisa ni desmayo, el secreto heroísmo de una renovada y serena dignidad intelectual.

A propósito de Yeats, habló Eliot de los poetas cuya obra madura entusiasma tanto como la de su adultez temprana. Según el autor de Tierra Baldía, esa rara estirpe debe su don a una pasión integral por el oficio, a una concentración perenne y a un ahínco que alimenta nuevas emociones. “Envejecer con gracia” le dicen a ese feliz decurso de las vidas, incluidas las literarias.

Creo no equivocarme si afilio a Gustavo Pereira dentro de la escasa y singular familia de escritores que cada día sueñan y escriben mejor.

3. Y ansí después el agua que bebían
desde la Margarita la traían.
(…)
En barriles, o cántaros de cobre
a la Punta las Piedras se traía,
adonde la metían en bajeles
allí hinchendo pipas o toneles.
(Juan de Castellanos, Elegías de varones ilustres de Indias)
El poeta nació el 7 de marzo de 1940 en Punta de Piedras, pequeño puerto de la isla de Margarita, donde los pescados dan sabrosa y salubérrima comida y donde una ceiba, “…con el frescor del manso viento/ daba cien mil contentos un contento”, según los minuciosos versos de Juan de Castellanos, quien viniendo de la Cubagua devastada llegó un día a la albufera de Punta de Piedras y se adentró en la isla para tener allí querencias perdurables: “Que cierto quiero bien aquella tierra,/ pues por allí gasté mi primavera,/ y allí tengo también quien bien me quiera”. Desde esa isla Gustavo Pereira divisó por vez primera los cuatro horizontes del cielo y el quinto punto cardinal: la poesía, que habría de ser el centro de su vida. No voy a dejarme tentar por la apetecible metáfora de la insularidad para explicar el destino poético del autor, pero confieso que he estado a punto, porque ganas no me faltan, máxime si considero que no sólo hay una isla en su nacimiento, sino también otra en su madurez, la ya legendaria isla que lo albergó durante mucho tiempo frente a Puerto La Cruz.

Insular, pero nunca aislado, el poeta cultiva el archipiélago.
(El Festival Mundial de la Poesía que ahora se está realizando en Venezuela está merecidamente dedicado a Gustavo Pereira)

Sunday, May 18, 2008

Domingo de lluvia


Llueve con impudicia, con inusual descaro.
Por un instante creo que han retornado viejos relámpagos y que Barquisimeto, desmintiéndose, ha vuelto a ser un río de aguas claras.
Llueve para recordarnos que, nosotros, los de entonces, seguimos siendo los mismos.
Llueve para continuar la milenaria interrupción de una quietud.
Llueve desmesuradamente sobre el bello paisaje que tengo ante mi vista.
Sé que cuando escampe entrarán los pájaros al balcón y será más fresca la mañana.
(Me veo en la carrera 17. Hago un barquito de papel y por el río que pasa frente a la acera me voy sin despedirme).

Sunday, April 27, 2008

Esquina de la 17


En la vieja esquina de la 17 estoy con mis amigos
y suena majestuoso el cuatro de Escalona.

Seguramente no recuerde otra cosa de esa noche,
pero un resplandor de la memoria
me devuelve ahora un repentino rostro. Y eso me basta
para temblar de nuevo,
para sentir feliz que me enamoro solo.

Saturday, April 19, 2008

Paz bajo tu clara sombra


Era el 20 de abril de 1998. Recuerdo que yo estaba en Caracas desde la noche anterior y no vi ni oí noticia alguna. Me había levantado muy temprano. Mientras desayunaba cerca del hotel donde estaba alojado, Cuchi me llamó por teléfono para decírmelo: ayer murió Octavio Paz. Fue un seco disparo, sin duda, pero un disparo que esperaba desde hacía meses. Salí de la cafetería, tomé un taxi y me fui para una reunión de trabajo. Poco antes de llegar a la misma sonó de nuevo el celular. Era Teresa Casique, desde El Universal. Me dijo: "Freddy, ¿ya sabes por qué te estoy llamando?". "Claro", le respondí. Y agregué: "Esta vez sí podré escribir el artículo que me pediste sobre Paz". Me advirtió que lo necesitaba para el miércoles a más tardar. Y me comprometí con ella a entregárselo en el término de la distancia.

Llegué a Barquisimeto en horas de la tarde y encendí el televisor para ver el canal mexicano ECO, seguro de que estarían transmitiendo los actos en homenaje al gran escritor fallecido. En efecto. Entrevistas, ceremonia en el Palacio de Bellas Artes, discursos del presidente Zedillo, de Gonzalo Rojas y de Enrique Krauze, videos de viejos programas de Paz, y más y más entrevistas con escritores del mundo entero. Por la noche comencé a escribir y no me salió nada. Decidí esperar hasta el día siguiente y me pasó igual. Permanecí casi toda la mañana frente a la página en blanco, sin avanzar más allá de un párrafo que escribí y borré muchas veces. La ominosa imagen de Jack Nicholson en El Resplandor me asedió en algún momento. Y así estaba, estéril y angustiado, hasta que Cuchi se me acercó, me dio un breve masaje y me dijo: "Déjate llevar por la emoción y no trates de escribir nada brillante". Dicho y hecho. Podría decir ahora que no escribí el artículo sino que derramé palabras en la máquina. Las frases fluyeron y concluí en poco tiempo un texto que aún me satisface. Teresa y Patricia lo publicaron esa misma semana en Verbigracia. Al verlo impreso, sentí que comenzaba a pagar una deuda intelectual contraída en mi adolescencia con alguien que me había enseñado en sus libros a leer literatura. La deuda es tan grande que sé que no podré saldarla nunca, pero seguiré insistiendo, sin prisa y con deleite, aunque en el intento la hipoteca se vea incrementada.

Hoy, al cumplirse 10 años de la muerte de Octavio Paz, padre y maestro mágico, quiero recordarlo leyendo en voz alta unos versos que su hija Laura Helena Paz Garro escribió el 16 de enero de 1998 cuando ya la enfermedad de su padre ("la intrusa") se había hecho irreversible:

Quisiera ser la ranita verde y húmeda

que cantara bajo la ventana

la canción de los bosques en primavera,

su humedad,

para hacerte sentir ligero y fuerte,

nadando en un agua pura

que te llevara

a la tierra fértil

de la salud,

a la alegría de curarte;

abolir el sufrimiento de tu enfermedad

en un estanque donde floten los nenúfares

y la barca perezosa bajo el sol de Alicia;

la esperanza extrema del florecer de las rosas

un descanso profundo y líquido olvidando

todo mal.

El amor que fue tu música

verás surgir errante en tu cuarto:

una ninfa espíritu del agua,

de túnica verdosa

sacudiendo sus largos cabellos claros y mojados

sobre tu frente

y desapareciendo en la luz de la tarde.

Salta con la aparición en las profundidades del estanque

de donde surgirás joven y fuerte

unido por el agua misteriosa

a la ninfa

renovando el pacto mágico

después de haber refrescado tu corazón

y con una jarra llena del mar Mediterráneo,

que es tu patria,

¡oh padre!, volverás con tus amigos a las playas

de Grecia, a tu país,

curado y cantando tu poesía

de alas invisibles.


(...)


HELENA PAZ GARRO





Sunday, April 06, 2008

Claudio Guillén y Marilyn

Marilyn Monroe en su última sesion fotográfica. Fotógrafo: Bert Stern

Marilyn Monroe

Claudio Guillén recreó con sabia limpidez su primera aproximación a la magia de las palabras. Yo recuerdo ahora su página espléndida y me imagino la escena en la que el padre de Claudio y sus amigos decían de memoria algún soneto de Bécquer y viejísimos romances. Uno de esos amigos tocaba el piano, recitaba y hacía reír a todos en la sala. Ese amigo de la familia se llamaba Federico y era, según dicen, una fiesta innombrable. Pero no fueron sus poemas los que embriagaron al niño. Fueron las novelas que la madre francesa le dejaba llevar hasta la cama, convertida en pequeña biblioteca, lo que produjo en él fascinación.

Claudio lloró a lágrima viva cuando murió Porthos y se dejó llevar por mares lejanísimos de la mano de otros narradores. Vivió la experiencia intransferible de quien lee por vez primera un cuento y se entrega a su aventura. Conoció la melancolía de los barcos, tuvo miedo en las calles de Bagdad y supo que el narrador traza la ruta de la avilantez y el incierto rumbo de los descubrimientos.

(Claudio Guillén fue profesor de literatura comparada en Princeton, California y Harvard. Nos legó una obra merecidamente admirada por muchos estudiosos. Murió hará poco más de un año en España. Por esos días Antonio Muñoz Molina escribió un bello artículo de donde tomo esta experiencia guilleneana:

Una tarde de invierno, en Nueva York, a principios de los años sesenta, entró en un bar en penumbra a tomarse algo, y vio a su lado a una mujer rubia y espléndida que bebía tristemente a solas, y a la que no se atrevió a dirigirle la palabra. Era Marilyn Monroe.”)

Un verso de Paz



Un verso de Paz.

Conmigo ha ido a muchas partes. Si enciendo mi teléfono sus seis palabras me saludan siempre.

Traté de vivirlo en cuerpos y paisajes ya remotos. Atisbé su certidumbre en la madera.

He comprobado su errancia infinita, su insaciable destino, su paso por mi cara.

En un lejano amanecer, estando contigo en Barcelona, sentí que manaba con plenitud de una pequeña fuente.

Octavio Paz atrapó el esplendor en ese verso que ha ido conmigo a muchas partes y que suelo repetirme como mantra:

Hambre de encarnación padece el tiempo.

Thursday, March 20, 2008

El ojo que ves


Olivia y Martín

Dijo Joan Brossa, maestro de Chema Madoz, que un juego de espejos permite ver el otro lado del poema. Este de Martín podrá ocultar la cara del autor, mostrar sólo su ojo único y ser todo lo velazquiano que otros alguna vez quisieron, pero nadie podrá negar que la niña es simplemente bella, que sus ojos lo descubren todo y que la vida a veces, sin estéticas al uso, nos regala maravillas.
Martín querido, ¡chapeau!

Sunday, March 09, 2008

Gotán




La foto lo dice todo.

Si estás leyendo este texto, no aspires encontrar en él nada que ya la foto no te haya dicho.

Había ido a Europa. Estaba feliz y con el moño suelto.

En un poema de Juan Gelman, esa mujer se parecía a la palabra nunca.

En realidad, esa mujer se parecía a la palabra ave.

Sunday, January 27, 2008

Villa Crespo desde el taxi

Villa Crespo. Calle Corrientes.

El 8 de enero, yendo hacia Ezeiza desde Belgrano, el taxista más logorreico de Buenos Aires y sus alrededores nos paseó por Villa Crespo. Viendo las calles y las casas del barrio mi deformación literaria me llevó a recordar casi de inmediato a Adán Buenosayres, la gran novela de Leopoldo Marechal. Busqué la calle Monte Egmont, pensando en que ahora se llama Tres Arroyos y no la vi. Como la memoria suele ser caótica recordé en ese momento a mi tío Abelardo cuando cantaba El Pañuelito (“el pañuelito blanco que te ofrecí”). Rectifico. No hubo caos. La novela de Marechal comienza, precisamente, con esa canción que cantaba mi tío en los años cincuenta, recién llegado a la casa de la 17 y convertido desde entonces en un bellísimo mito familiar. Así que todo estuvo en orden. También recordé al Trianón, al Trianón de Villa Crespo, del que se habla con cierto desdén en el tango Muñeca Brava, de Cadícamo: “Sos del Trianón… del Trianón de Villa Crespo,/ milonguerita… juguete de ocasión”. No dije nada, por supuesto. Y el taxista continuó su tortuosa ruta hacia Ezeiza, así como el insufrible monólogo que demostró la firme paciencia de Cuchi, de Luisana y del suscrito.

Tuesday, January 22, 2008

Para que él se llamase Angel González


Para que él se llamase definitivamente Angel González y para que su voz se oyese unánime en toda España, fueron necesarios ochenta y dos años contados desde Oviedo y vividos con fervor -palabra sobre palabra- en el áspero mundo que le tocó habitar.

Me enteré tarde de su muerte, ocurrida el mismo dia que la de Adriano González León, pero unas horas antes. Enero seguía desangelándose.

Fue poeta de los cincuenta. Y también de las décadas que están por sucederse. Abrase cualquiera de sus libros para comprobarlo.

Sunday, January 20, 2008

Adriano González León y el Cinelandia de Valera



18-01-08: Hoy dediqué la sección literaria del programa de radio de la UNEY a Adriano González León. Adriano murió el sábado 12. El domingo pasado, recién llegado de Buenos Aires, compré la prensa en Caracas y vi la noticia de su muerte. Este año Adriano habría cumplido 77, la cifra prodigiosa. Fue González León en los sesenta uno de los mejores narradores venezolanos. En los noventa, ya Viejo, siguió siéndolo y es que nadie escribe de balde una obra maestra como País Portátil.

Como de costumbre, el azar concurrente hizo de las suyas. Resulta que en estos días busqué en mi desordenada biblioteca todos los libros de Adriano. Extrañamente los conseguí sin mayores dificultades, salvo uno: Hombre que daba sed. De ese libro tengo la primera edición, la de Jorge Alvarez, de 1967, que compré en la librería Suma al poco tiempo de su salida. Bien. Ese delgado volumen se demoró en aparecer hasta que mi memoria se iluminó y me fue guiando a la parte oculta del estante que lo alojaba. Lo saqué de allí con alegría y abrí sus páginas para leer Madán Clotilde. Al pasar sus páginas para llegar al cuento deseado, vi una hoja amarilla doblada. La saqué y abrí. Sorpresa. Era la copia de una planilla del Banco de Maracaibo: una planilla de transferencias fechada el 13 de enero de 1975. En ella mi papá me enviaba tres mil bolívares. Recordé de inmediato que para esa fecha yo estaba de visita en Venezuela. Vivía entonces en España y había venido a pasar las vacaciones de navidad y año nuevo en Barquisimeto. Estaba por retornar a Barcelona y seguramente le había pedido a mi padre dinero para pagar el pasaje comprado por mí a crédito. Me lo envió mediante esa transferencia, cuya planilla tiene su amorosa firma. Es una copia (la que le que queda al cliente), pero la firma es nítida, visible, rotunda: “J.M. Castillo D”. Pienso: Adriano murió y mi padre también. Uno el siete (mi papá) y otro el doce (Adriano). Yo llegué a Venezuela el 13 y, como ya dije, me enteré de la muerte de González León ese mismo día. La planilla de la transferencia que me hizo mi padre tiene también esa fecha.
Concluyo que las concurrencias del azar son infinitas. Sin mucho rebuscar encuentro ahora en mi memoria una conversación con Adriano de hace año y medio, en Valencia, en la que hablamos de un cine de Valera que conocí por mi papá durante un viaje inolvidable a la ciudad de Adriano: el Cinelandia. Allí vi con Balbino, el chofer de mi papá, una película mexicana: Dos gallos en palenque. Nos habíamos hospedado en el legendario Hotel Haack, cercano a la plaza.
Contemplar una montaña todos los días, antes de subir a la chevrolet azul, fue uno de los actos más hermosos de la infancia que entonces estaba por dejar. Desde esa época adoro a Valera y más la adoré cuando en el 67 descubrí a Adriano y supe que mi admirado escritor había nacido allí.

Monday, January 07, 2008

Gracias, José Manuel


Mi padre, José Manuel Castillo Díaz, murió hace unas horas en Barquisimeto. No estuve allí para velar su partida, pero algo me dice que él estuvo conmigo esta mañana.

Vivió casi 87 años. Fue padre de sus hijos y de sus hermanos.

Mereció las alegrías que tuvo, así como la paz que ahora alcanza.

Después de habernos dado tanto, hoy nos dio su alma.

Gracias, papá.

Buenos Aires, 7 de enero del 2007

Monday, December 31, 2007

Orión y la felicidad del nuevo año

La posición de Orión allá en el cielo

"A las doce la noche, por las puertas de la gloria
y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,
sale en hombros de cuatro ángeles, y en su gestatoria,
San Silvestre.

Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,
de que son diamantes Sirio, Arturo y Orión;
y el anillo de su diestra, hecho cual si fuese para
Salomón.

Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,
y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;
y colgada sobre el pecho resplandece la divina
Cruz del Sur"

(Rubén Darío, Año Nuevo).
Feliz 2008 para todos los amigos y lectores de la Isla de Robinson.

Saturday, December 29, 2007

Versión teatral de un libro de Wittgenstein

Fotografía de la casa que Wittgenstein diseñó para su hermana

Leo en el libro de un escritor porteño la increíble noticia de una obra teatral basada en las Investigaciones Filosóficas de Wittgenstein. La rareza tuvo lugar en Oxford y le correspondió dirigirla al catalán Llorenç Riber. Sucedió en algún verano de los setenta después de que su director superó la ardua selección del fondo musical, que, contra todo pronóstico, no recayó en Webern sino en Beethoven, quien suena durante todo la obra, a excepción del momento del prólogo, reservado por Riber para un aria de La Creación de Haydn. Recordarán algunos que el prólogo del libro de Wittgenstein es el famoso fragmento de San Agustín acerca de las palabras y de los objetos que ellas designan. Así que luce apropiada la elección sonora.

Quien reseña la obra se dice conocedor de algunas experiencias que por su facilidad no merecen ser tenidas como antecedentes de esta avilantez escénica. Así, recuerda haber asistido a la adaptación teatral de los Diálogos de Platón en la Universidad de Bogotá (que más obvia no puede ser), a la de las Ennéadas de Plotino y a la de El mundo como voluntad y representación de Schopenhauer. Ninguna, por supuesto, se le acerca en atrevimiento y desafío a la hazaña teatral de Llorenç Riber. Como se sabe, Investigaciones Filosóficas es uno de los textos fundamentales de la filosofía del siglo XX, escrito por un genio que pensó y repensó el lenguaje como juego. Alguien dijo una vez, a partir de Wittgenstein: el lenguaje es sólo juegos de lenguaje. Nada mejor entonces que el teatro para demostrar esa tesis.

Tal vez no sea innecesario agregar que Llorenç Riber es una invención de otro genio: el escritor argentino Juan Rodolfo Wilcock, en cuyo libro La sinagoga de los iconoclastas he podido leer esta maravilla.

Friday, December 28, 2007

La poesía de Gil de Biedma al cine

Jaime Gil de Biedma

Más que de novelas o cuentos, me gustaría que el cine se nutriera de libros de poesía. Así, he fantaseado muchas veces con una película basada en Las personas del verbo, el volumen que reúne la admirable y breve obra de Jaime Gil de Biedma. Mi fantasía incluye una condición: que la película sea dirigida por mi hija Luisana, cuyo gusto creo que se aviene con la idea (el poema filmado) y cuya imaginación y delicadeza pueden depararnos una obra bella y profunda.

Una primera escena podría mostrar a los padres de Gil de Biedma en Montjuich, con las imágenes de uno de sus mejores poemas (Barcelona ja no es bona o mi paseo solitario en primavera). Sería la primavera del año 29. Ellos bajarían del Chrysler amarillo y negro y caminarían lentamente por la avenida de los tilos. El padre examinaría las características de un vehículo mucho más caro que el suyo: un Duesemberg sport con doble parabrisas, “bello como una máquina de guerra”. La madre acariciaría su vientre, el cual alberga todavía a Jaime Gil.

No sería esa la única escena con imágenes tomadas del citado poema, si es que la directora deja que yo siga entrometiéndome en su proyecto y haciéndole sugerencias que se alejan de la idea original, por previsibles y convencionales.

La guerra, los veranos, los viajes, la enfermedad, los amigos, los bares, una sextina, la calle Pandrossou de Atenas, la Vía del Babuino en Roma, “un sótano más negro que tu reputación” en la calle Muntaner de Barcelona, las albadas, los chulos, las floristas, “un viejo país ineficiente, algo así como España entre dos guerras civiles”, la canción francesa, los compañeros de viaje y el “pequeño reino afortunado” del autor… todo eso (y más) podría estar allí, pero a través de la palabra poética y de las imágenes que sólo ella es capaz de despertar en uno. 
 

Nacho Valcárcel, quizá, prepararía la música...
 
No digo más porque no me corresponde. Luisana hará con Las personas del verbo lo que su talento artístico le indique, incluida la posibilidad estética, filosófica o personal de no hacer nada.

Wednesday, December 26, 2007

Raúl Betancourt, in memoriam

Raúl Betancourt (en realidad, Bethencourt)
La primera vez que pisé Suma todavía Raúl no era su dueño. Estaba sí Julia, la otra imagen emblemática de la legendaria librería. Creo que fue un año después cuando apareció Raúl, cuyo rostro se me haría familiar, mas no aún su trato, que comencé a disfrutar más tarde, por allá, a finales de los setenta. Desde ese entonces fuimos amigos. Siento que nos unió un afecto verdadero.
En este momento tristísimo para sus hijos y amigos, abatidos por su muerte abrupta, sólo se me ocurre agradecer a los dioses por el don de haberlo conocido.
Ahora se me viene a la memoria la imagen de su sonrisa de hombre bueno y sencillo. Que ella nos consuele a todos.

La geografía de Julien Gracq

Julien Gracq

"De pie, inclinado sobre la mesa, con las manos extendidas sobre el mapa, me quedaba a veces horas enteras sumido en una inmovilidad hipnótica de la que no me arrancaba ni el hormigueo de mis palmas entumecidas. Un leve susurro parecía ascender de aquel mapa, invadiendo la estancia cerrada y su silencio de acechanza..."

(El cuarto de los mapas, en El mar de las Sirtes)

Se fue hace tres días el gran Julien Gracq, célebre y secreto. Tenía 97 años. Abro ahora su bellísima novela El mar de las Sirtes y entro al cuarto de los mapas para buscar la lámina donde se encuentra Orsenna o donde se extienden los espacios ignotos del Farghestán.

Profesor de geografía y de historia, Julien Gracq adoraba los mapas y los relatos que suscitan. Suponía Octavio Paz que el nombre de Farghestán lo derivó Gracq de un reino ubicado en uno de los extremos de la Conchinchina, en el Asia Central, a lo largo de la ruta de la seda. Ese reino se llamaba Ferhana y fue una tierra famosa por sus caballos...

Gracq fue un intelectual insobornable y algo más: un clásico desde su primer libro, uno novela gótica que deslumbró a Breton.

Monday, December 24, 2007

Villancico desde la isla de Robinson


Fuego y música de Brahms,
tiempo de morir y renacer.
Navidad, Año Nuevo por venir,
la mujer, el hijo -amanecer

otra vez y despertar,
dar las gracias a Quién
y respirar amén vivir
mientras al fuego perecer.

Música, fuego animal,
respiración de mi hogar-
consumir el tiempo al par

que vivir el hoy de ayer
y el hoy del anochecer-
el hombre, el hijo, la mujer.

Ernesto Mejía Sánchez
(Nicaragua, 1923-1985. Villancico, Recolección a mediodía)

Saturday, December 22, 2007

La sagrada familia

Murillo
La familia de Murillo es una imagen emblemática para los venezolanos. Es, por supuesto, la etiqueta del vino "La Sagrada Familia".
Los versos de Paz Castillo, a propósito de esta imagen, me gustan mucho, pero no hay manera de que me los aprenda.
El mensaje navideño de la UNEY los trancribe: http://www.uney.edu.ve/universidad/mensaje_navidad_uney_2007.htm

Wednesday, December 19, 2007

El arte de Hiriart

Hugo Hiriart

Hugo Hiriart entró a mi biblioteca disertando sobre las telarañas.

Hugo Hiriart entró a mi biblioteca disertando sobre las telarañas y dejando entrever lúcidas reflexiones acerca de los sueños.

Hugo Hiriart entró a mi biblioteca disertando sobre las telarañas y dejando entrever lúcidas reflexiones acerca de los sueños, mientras silbaba su arte poética para disgusto de los críticos y de ciertas personas que suelen despreciar a cuanto autor ignoran.

Hugo Hiriart entró a mi biblioteca disertando sobre las telarañas y dejando entrever lúcidas reflexiones acerca de los sueños, mientras silbaba su arte poética para disgusto de los críticos y de ciertas personas que suelen despreciar a cuanto autor ignoran. Buscó con urgencia un estante para colocar los libros que casi se le caían de las manos. Le indiqué el lugar exacto. Los ordenó y abrió después uno de ellos. Era una novela de caballería.

Hugo Hiriart entró a mi biblioteca disertando sobre las telarañas y dejando entrever lúcidas reflexiones acerca de los sueños, mientras silbaba su arte poética para disgusto de los críticos y de ciertas personas que suelen despreciar a cuanto autor ignoran. Buscó con urgencia un estante para colocar los libros que casi se le caían de las manos. Le indiqué el lugar exacto. Los ordenó y abrió después uno de ellos. Era una novela de caballería. Leyó para mí estas palabras: “…celebra, Dama de las Palabras, en buenas imágenes, las lealtades, los amores y trabajos de quienes supieron batallar y ser gentiles”. Lo escuché con deleite toda la tarde.

Hugo Hiriart vino de Gofa en un sueño.

Hugo Hiriart no ha salido de Gofa todavía, pero ya despertó y escribe su sueño y los sueños de su sueño.

Hugo Hiriart no se siente incómodo en ninguno de los géneros. Los reinventa. He allí el secreto. Escribe una novela policial y de vez en cuando cita a Bécquer cuando da lecciones de castellano y de poesía a los lectores de otra lengua:

“¿Quién fuera parte
de la plegaria
que solitaria
dices a Dios”.


Hugo Hiriart viene del teatro y vuelve a él. Ahora, en mi biblioteca, se dispone a dirigir el matrimonio de dos monstruos: Clotario Demoniax y Lola la Gorda, “oh, tonel de la blandura…”. Son títeres que encarnan con denuedo la maldad.

Hugo Hiriart hace homenaje a Lezama. (En)cubre su devoción en el título de uno de sus libros de ensayos: “Los dientes eran el piano”.

El lector de Hugo Hiriart, con menos pudor que displicencia, se percata de que está siendo colonizado por la retórica del maestro, da por concluido este apresurado ejercicio y regresa al carnaval interminable de sus páginas.

Paz y Bona

Octavio Paz

Bona Tibertelli de Pisis


"...he olvidado tu nombre, Melusina,

Laura, Isabel, Perséfona, María,

tienes todos los rostros y ninguno,

eres todas las horas y ninguna,

te pareces al árbol y a la nube,

eres todos los pájaros y un astro,

te pareces al filo de la espada

y a la copa de sangre del verdugo,

yedra que avanza, envuelve y desarraiga

al alma y la divide de sí misma"

(Octavio Paz, Piedra de sol)

Monday, December 17, 2007

Las imponderables hallacas de Liverpool


1. Son larenses e historiadores. Ambos provienen de las aulas tocuyanas de don Egidio Montesinos. En este momento también son diplomáticos y se encuentran muy lejos de su patria. Uno de ellos ha estado escribiendo un libro sobre la esgrima moderna. El otro ha hecho anotaciones acerca de las neurosis de hombres célebres. Esta mañana de 1891, en Liverpool, se les ve atareados en otra cosa. Es diciembre y ya casi no falta nada para el 24. Días atrás decidieron celebrar juntos la navidad y hacerlo a la manera venezolana, para mitigar fríos y distancias. Así, se trazaron la difícil tarea de hacer hallacas. Por suerte, un trinitario tiene en Londres un abasto donde se expenden productos tropicales. Allí consiguieron el maíz, que terminaron pilando arduamente en un mortero de madera. Nada los detuvo, ni la casi imposible prueba de conseguir las hojas. Se valieron de sus funciones consulares para tener acceso al único lugar que albergaba, en rigurosa calefacción, la inhallable y costosa planta: el Jardín de Aclimatación de Londres. Atravesaron un largo periplo burocrático que exigió hasta la opinión técnica de la Sociedad de Historia Natural para poder cortar cinco hojas de un plátano británicamente custodiado. La proeza está a punto de consumarse. Asaron con esmero las hojas en el fuego de la chimenea y prepararon el guiso siguiendo las indicaciones que sólo uno de ellos (el mayor) conoce bien. Para darse ánimo silbaron un valsecito tocuyano cuando se dispusieron a probar el portentoso picadillo elaborado con carne de res y de cerdo, trozos de tocino y gallina. La música les dio suerte: estaba exquisito. En este momento uno de ellos amarra la décima y última hallaca de esta hazaña culinaria. Son larenses e historiadores y ahora aventureros de la cocina. Uno de ellos tiene 33 años y se llama Lisandro Alvarado, aunque prefiera presentarse como Perico el de los Palotes. El otro tiene 30 y se le conoce ya como el doctor José Gil Fortoul.
El episodio que he referido lo contará más tarde el hijo del primero, Aníbal Lisandro Alvarado, en su valioso libro Menú-Vernaculismos (Edime, Caracas-Madrid, 1953).

2. “Pascua donde no se canta al Mesías, ¿dime si es pascua, José?”. La pregunta retórica del bellísimo aguinaldo de Otilio Galíndez puede formularse de igual manera respecto de la hallaca, porque la navidad sin ellas es inconcebible. La literatura venezolana ha sido pródiga en el registro de esa presencia. Uno de nuestros costumbristas, Nicanor Bolet Peraza, habló de las “imponderables hallacas” y llegó a afirmar que por no haberlas conocido ni cantado, los dioses del Olimpo dejaron de ser inmortales. Sin llegar a tanto, creo firmemente en las hallacas como verdadera fuente de alegría. Este año doy de nuevo gracias a Dios por contar con ellas y por traerme como siempre el sabor de la antigua mesa tocuyana que venero. En ella, las hallacas de Cruz del Sur Morales prodigarán, una vez más, la gracia de una masa fina y delicada que gustosamente contiene el alma barroca de la infancia.

P.D: FELIZ NAVIDAD. Le deseo a todos, especialmente a los lectores y lectoras de este blog (y de Duelos y Quebrantos, por supuesto) unas felices pascuas y, sobre todo, la dicha de compartirlas.

Sunday, December 16, 2007

Allá va la mula llorando el olvido

La mulalisa

16-12-63: Estoy en mi casa de la 17. Salgo. Voy con mis amigos a misa. Gonzalo Escalona va con nosotros. Toca su cuatro. Después de los patines, jugaremos chapita y usaremos uno de los garrotes de mi tío Abelardo.

16-12-07: De nuevo Otilio: “Allá va la mula llorando el olvido”. Es un verso estupendo. Pertenece a uno de los aguinaldos más hermosos del gran yaritagüeño.

Acabo de recordar a Gonzalo Escalona, el espigado amigo de la infancia y de la adolescencia, a quien todos llamábamos Chalo. Estudió en el “Lisandro Alvarado”. Después se graduó de ingeniero. Lo perdí de vista. Sé que murió hace varios años.

Hoy Rafael Arráiz Lucca habla en su artículo de El Nacional de los lectores ecuménicos, de esos seres que leen de todo y viven rodeados de libros. Generosamente, me menciona entre ellos. Nos desea a todos los lectores una feliz navidad. Gracias a Rafael, a quien también se le desea desde esta casa lo mismo.
Allá va la mula llorando el olvido.

Pascua donde no se nombra al Mesías

Piero della Francesca

16-12-07: Cantar suave no aprendido. Hoy más abundante y acoplado. Son las cinco y media de la mañana. Antes de los pájaros, se hizo presente un cohete que me recordó las viejas misas de aguinaldo que se iniciaban el 16 de diciembre. Diciembre está pasando tan vertiginosamente que no me he detenido a contemplar su luz ni a darle tiempo a la nostalgia que por esta época suele gozosamente visitarme.

En alguna iglesia vecina se hizo hoy la primera misa de aguinaldo. Ha comenzado la fiesta. Me dan ganas de cantar el más bello aguinaldo de Otilio Galíndez y de decir con él:

Pascua donde no se nombra al Mesías,

dime si es pascua, José,

si no le cantan al niño Jesús,

dime si es pascua, preciosa María.

Saturday, December 15, 2007

Un día que dios estuvo niemeyer

Museo Nacional de Brasilia


…cien años nada menos que de Oscar Niemeyer,
creador de Brasilia, de su cielo y de su tierra.

Hoy los cumple.

Hoy lo celebran todas las ventanas del Brasil, todos sus paisajes.

El más comunista de los arquitectos del mundo
sopla cien velas
y el mundo renace con él.

Yo lo conocí en el cielo de Brasilia
un día que dios estuvo niemeyer.

Thursday, December 06, 2007

Víctor Serge

Víctor Serge

En momentos en que algunos lo han olvidado, creo que vale la pena releer lo que Víctor Serge escribió en 1925:

"El fetichismo de la legalidad fue y sigue siendo uno de los rasgos característicos del socialismo que cree en la colaboración de clases, lo cual comporta la creencia en la posibilidad de transformar el orden capitalista sin entrar en conflicto con sus privilegiados. Pero esto, más que indicio de un candor poco compatible con la mentalidad de los políticos, lo es de la corrupción de los líderes. Instalados en una sociedad que fingen combatir, recomiendan respeto a las reglas del juego y no su reforma. La clase obrera no puede respetar la legalidad burguesa, salvo que ignore (...) el carácter engañoso de la democracia capitalista o, en pocas palabras, los principios básicos de la lucha de clases".
(Víctor Serge. Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión)

Monday, December 03, 2007

Cuanto he tomado por victoria es sólo humo


La frase anterior es -como lo saben algunos lectores- un verso de Fracaso, uno de los grandes poemas de Rafael Cadenas.

Sunday, November 11, 2007

España republicana


¡Salud y República!

Las majestades

Goya. La familia de Carlos IV

Recordé a Goya y su letal retrato de una familia borbónica.
 
Para expresar mejor el tono nada sibilino de ese recuerdo, copio estos versos de Eloy Sánchez Rosillo en homenaje a Goya:
 

"Pero cuando te acercas al lienzo que te aguarda
ya no puedes mirar a los egregios personajes
con la blanda mirada del lacayo agradecido,
sino con la necesaria crueldad que ellos merecen.
Porque algo hay en ti que no ha sido dañado por el oro,
algo que permanece insobornable, un resto vivo
de la rebelde pureza juvenil de otros tiempos.
Y dices tu verdad. Y la verdad es tan diáfana,
tan absolutamente al alcance de todos encontrarse parece,
que escapa sin ser vista a quienes en ella se reflejan,
y se te escapa a ti, que acaso tras decirla has cerrado los ojos.
La familia real está contenta del amor con que has hecho tu trabajo.
Todos te felicitan y te llaman maestro, pues se admiran
del asombroso parecido que el cuadro tiene con la realidad".

Wednesday, November 07, 2007

Olivias juntas y revueltas

Olivia Castillo Rodríguez


Olivia Revueltas


Olivias las dos. Castillo y Revueltas.


El abuelo de una leyó y admiró al padre de la otra.


Diosas en la tierra,


juntas, castellanas, revueltas.

Wednesday, October 17, 2007

"El aluvión zoológico"

"Profanaron la Plaza de Mayo los cabecitas negras. ¡Qué horror!"
"Yo te daré,/ te daré, Patria hermosa,/ te daré una cosa,/ una cosa que empieza por P:/ ¡Perón! "


La irrupción del pueblo el 17 de octubre de 1945 en Buenos Aires fue calificada por los racistas de siempre como "el aluvión zoológico". Para otros, fue la entrada de las multitudes argentinas en la historia. Lo cierto es que el 17 de octubre fue realmente una fiesta inolvidable. Uno de mis escritores predilectos la llamó "la fiesta del monstruo". Nadie es perfecto, ni Borges.
Desde el balcón de la Casa Rosada dijo Perón:
"Esta es la verdadera fiesta de la democracia, representada por un pueblo que marcha a pie durante horas, para llegar a pedir a sus funcionarios que cumplan con el deber de respetar sus auténticos derechos".
Otro gran escritor cuando vio pasar a la multitud desde su casa, se vistió apresuradamente, bajó a la calle y se sumó al pueblo que avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Me estoy refiriendo a Leopoldo Marechal, quien narró así ese momento histórico:
"Vi, reconocí y amé los miles de rostros que integraban la multitud: no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina ´invisible´que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar sus millones de caras concretas, y que no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde aquellas horas me hice peronista"

Thursday, October 04, 2007

Modottísima

Tina Modotti en la UNEY, gracias a los estudiantes de Diseño

No me siento agobiada, nunca me he sentido agobiada, pese a las derrotas y las pérdidas. Hoy debería tener algún temor, pero, como se sabe, con el comandante Carlos "no hay miliciana con miedo". Las comunistas estamos curadas de espantos y sabemos fotografiar en todas partes y ser fotografiadas idem.
Francisco Franco y sus "nacionales" han cruzado ya ominosamente el Puente de los Franceses. La muerte acecha y domina y yo volveré a ser sobreviviente y refugiada.
Llena de mí, sitiada en mi epidermis por un dios inasible que me ahoga, mentida acaso por su radiante atmósfera de luces, ahora voy a liberarme para siempre en el cuarto oscuro de Edward Weston.
Pablo, ve, toma la pluma y escribe: "Tina Modotti ha muerto"